El presidente del Gobierno, que se ha volcado en las andaluzas, une su destino a la candidata a la Presidencia de la Junta, y ambos cierran la campaña en Sevilla, ante 3.000 militantes, apelando a la epopeya de la remontada socialista. "Para tenerlo hecho, los veo muy nerviosos", diceAnatomía del letargo socialista andaluz: los 87 municipios donde el PSOE geolocaliza 580.000 votos durmientes Pedro Sánchez y María Jesús Montero han regresado a Sevilla, donde siempre estuvo la principal arteria que bombea al corazón del PSOE, para cerrar una campaña electoral decisiva donde convergen el futuro político de ambos: la candidata a las andaluzas y su gran valedor, el presidente del Gobierno. Desde aquí, rodeándose de casi 3.000 militantes y simpatizantes, han lanzado el último rugido para llamar a la movilización del voto progresista para conjurarse contra todas las encuestas que vienen pregonando una mayoría absoluta (o casi) del PP de Juan Manuel Moreno. Ambos han invocado la épica del PSOE, esa “máquina de ganar elecciones”, en palabra del dirigente popular, para remontar la adversidad, el desánimo, las encuestas. La movilización del electorado progresista es la clave de estas elecciones, que se dejará ver en la participación cuando se cierren las urnas el domingo, a las ocho de la tarde. Fuentes de la dirección regional del PSOE admiten que “todo lo que pase del 60% de participación es bueno para nosotros, y todo lo que ronde el 50% es malo” [en las autonómicas de 2022, con una participación del 58%, Moreno logró su mayoría absoluta con el 43% del escrutinio, la más 'barata' del histórico]. “Nadie nos regaló nada, ni antes ni ahora. Lo hicimos nosotros”, ha gritado Montero, apelando a los instintos socialistas más básicos. Y el presidente del Gobierno le ha brindado la frase del cierre de campaña, desatando la euforia de los asistentes: “Andalucía tiene un freno que es PP y Vox, y una solución que es María Jesús Montero. Para mí será un honor recibirte en la Moncloa como próxima presidenta de la Junta de Andalucía”, le ha dicho Sánchez. El color verde ha vuelto a recuperar la hegemonía en los mítines del PSOE andaluz, tras unos años transitando por el rojo. El último acto, antes de la votación del domingo, ha sido una expresión del patriotismo de partido, con militantes apretando los dientes y cerrando los puños, de emoción, de rabia, de “orgullo socialista”. En primera fila, sendados junto a Sánchez, la exdiputada y exesposa de Felipe González, Carmen Romero; los expresidentes andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñán; y el predecesor de Montero, el senador Juan Espadas. Chaves ha tenido un papel activo en esta campaña, pero era la primera vez que reaparecía Pepe Griñán en mucho tiempo, y muchos militantes se han emocionado al verlo. Los expresidentes andaluces Manuel Chaves y Pepe Griñán, junto a la exdiputada y exesposa de Felipe González, Carmen Romero, arropan a María Jesús Montero en el cierre de campaña del PSOE, en Sevilla. Los socialistas, que ganaron 12 elecciones autonómicas en Andalucía (cinco con mayoría absoluta), parten hoy de su suelo electoral, con 30 diputados, frente a los 58 de Moreno. El secretario provincial del PSOE de Sevilla Javier Fernández, ha abierto el mitin con cierta guasa, para destensar los ánimos: “Teníamos tres objetivos: el primero que el Betis fuera a la Champions, el segundo que el Sevilla se salvase en Primera, y el tercero lo vamos a lograr el domingo metiendo a María Jesús en San Telmo”. La candidata ha reconocido el “campañón” que ha hecho su equipo y ha dado las gracias a todos, desde los iluminadores hasta los que ponen las sillas de plástico en los mítines. “Una campaña dura, difícil, complicada, en la que hemos hablado del rescate de los servicios públicos”, ha recordado Fernández. Por primera vez en 15 días, la candidata socialista ha hecho referencia a las encuestas más agoreras, aunque sin nombrarlas: “Para tenerlo hecho, los veo muy nerviosos”. El presidente del Gobierno se ha volcado en las andaluzas, más que en las tres elecciones anteriores: Extremadura, Aragón y Castilla y León. Sánchez ha compartido cinco mítines con Montero en campaña, y dos más en precampaña, consciente de que el resultado de la exvicepresidenta y exministra de Hacienda, su mano derecha en estos últimos años, condicionará más que el resto su futuro político. Andalucía tiene más población que las otras tres regiones juntas, representa el 20% de España -61 diputados en el Congreso- y su peso político siempre ha condicionado la fortaleza o debilidad del Gobierno de España. El secretario general del PSOE ha hecho un recorrido por las políticas sociales más significativas de su Gobierno, pero cuando ha conseguido poner en pie a todos los asistentes ha sido cuando ha citado el 'No a la guerra' o cuando ha denunciado los ataques del Gobierno de Israel al futbolista del Barca, Lamine Yamal, por portar una bandera de Palestina durante la celebración de su victoria en la Liga. “¡No son patriotas, son vende patrias!”. También ha lanzado dardos a Moreno, muy celebrados por la militancia socialista, y ha recordado que el candidato andaluz cierra campaña en Málaga sin el líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo. “El que no era presidente del Gobierno porque no quería, no va al cierre de campaña de su candidato porque no le invitan”, ha advertido. Sánchez ha hecho un elogio desmedido de su exnúmero dos en el Gobierno, con apelaciones personales, no sólo políticas. “Tengo debilidad por ella”, ha admitido. Montero dejó de ostentar el máximo poder que ha acaparado nunca una mujer en España para afrontar un reto complicadísimo: ponerse al frente del maltrecho PSOE andaluz, aún en reconstrucción, y librar un pulso imposible contra Juanma Moreno, uno de los liderazgos más sólidos en España, al que todos los sondeos sitúan como claro favorito. A medida que avanzaba la campaña, Montero y Sánchez y, por supuesto, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero -implicadísimoo en estas elecciones- han empezado a interpelar al patriotismo de partido, exhibiendo orgullo de los gobiernos de Rafael Escuredo, de Chaves, de Griñán y de Susana Díaz, ligando la historia del PSOE andaluz al nacimiento y despegue de la autonomía andaluza. No en vano, gobernaron ininterrumpidamente los primeros 37 años. Así, y con el tirón de las políticas del Gobierno de Sánchez como “faro de la socialdemocracia y punta de lanza contra la ola reaccionaria que asola el mundo”, han dedicado el último empujón a movilizar, movilizar y movilizar. “Yo sé que hay mucha gente que va a votar al PSOE en las generales, como lo hicieron en 2023. A ellos les pido que el domingo se movilicen y voten a Montero. Hay que votar en coherencia: no deja de ser curioso que la gente diga que quiere un Gobierno de izquierdas, ¡pues leche, vota al PSOE!”, ha subrayado el presidente. La esperanza de los socialistas pasa por activar a esos 850.000 andaluces que les votaron en las generales de 2023, pero no en las autonómicas de 2022. La diferencia supone estrechar la brecha con el PP de Moreno de los 19 puntos que le sacó al PSOE en las andaluzas, a los tres que aventajó en las generales. Montero ha pedido abiertamente una segunda oportunidad para el PSOE andaluz, asumiendo los muchos electores que se ha dejado en el camino desde 2012, cuando pierden por primera vez las andaluzas, abriéndose un cambio de ciclo que culminaría con la mayoría absoluta del PP, en 2022. “Si nos votaste antes, vuélvenos a votar, que no te vamos a fallar. Somos más, y si votamos, ganamos”. En esta frase, repetida en los últimos actos de Jaén, Granada, Cádiz y hoy en Sevilla, se sintetizan las expectativas y las esperanzas de los socialistas. La líder del PSOE andaluz se ha dirigido a la “clase media”. “Somos clase media, porque tenemos sanidad y educación pública. Si no tuviéramos esos servicios, necesitaríamos sacar 70.000 euros del banco. Eso tiene que pensar la gente al votar”, ha dicho. Unos 3.500 militantes y simpatizantes socialistas han abarrotado el pabellón del Palacio de Congresos de Sevilla, donde se ha celebrado el cierre de campaña del PSOE andaluz. Montero planteó estas elecciones como “un referéndum por la salud” y se ha pasado 15 días percutiendo sobre el mismo botón del pánico: Moreno está destrozando los servicios públicos de manera callada, empujando a los andaluces de clase media a sacarse un seguro en la sanidad privada, para saltarse las kilométricas colas de espera para operarse, a matricularse en la FP privada, por falta de ciclos formativos en la pública, y a buscar plaza en una de las cinco universidades privadas abiertas durante su mandato. Los socialistas se han parapetado tras el lema “Sanidad pública”. No han promocionado ni las siglas del partido ni el nombre de la candidata, que ha minimizado sus actos electorales públicos -uno por día- y apenas se ha dejado ver en la calle, tocando y abrazando a la gente, a los votantes. En paralelo, los alcaldes, secretarios provinciales y la militancia han hecho otra campaña, calle a calle, testando que “el ambiente es distinto a las elecciones de 2022”. “Estamos mejor, nos escuchan más, nos dejan hablarles, hemos superado un Rubicón después de un largo paseo en el desierto. El PSOE ha vuelto... o está volviendo”, dice un dirigente de Sevilla. El deterioro de la sanidad pública y el descontento de la ciudadanía es un hecho demoscópicamente probado: aparece como el principal problema de los andaluces en los últimos sondeos del Centra -encuesta financiada por la Junta- y del CIS. El PSOE ha confiado en hacerse valedor de ese voto de castigo a la gestión de Moreno, tras ocho años en el gobierno, los tres primeros apoyado en Vox, partido del que ahora abomina.