Hacía falta que fuera en la alfombra roja del festival de cine más glamuroso del mundo para que la crítica a la violencia machista resonara con la fuerza que merece. El actor Javier Bardem, durante la rueda de prensa del Festival de Cannes celebrada el pasado fin de semana, no esquivó la pregunta ni buscó el eufemismo: España, dijo, "es un país muy machista", y la masculinidad tóxica sigue matando mujeres cada semana. Fue un momento incómodo para quienes prefieren creer que el asesinato de mujeres por parte de sus parejas o exparejas no es un problema para tratar en Cannes, pero los datos se imponen al relato, y al afectar a la mitad de la población, es incumbencia de todos. La coalición Internacional para combatir la violencia contra las mujeres La intervención de Bardem en Cannes coincide en el tiempo con una alianza internacional que trata de dar respuesta coordinada a lo que la ministra británica de Exteriores, Yvette Cooper, ha calificado sin ambages de "emergencia mundial". Esta semana, Reino Unido, Sudáfrica, Brasil, Marruecos, España, Jamaica, Bosnia y Herzegovina y Australia han fundado la Coalición Internacional contra la Violencia de Género. Esta iniciativa nace con el objetivo de reducir a la mitad la violencia contra mujeres y niñas en una década, para lo que están “determinados a trabajar a través de las fronteras para garantizar la seguridad de las mujeres es una prioridad mundial. Para lograrlo, se estructurará en tres ejes fundamentales: la prevención, la lucha contra la violencia sexual en conflictos armados y la respuesta eficaz al creciente fenómeno del abuso en línea. El telón de fondo es brutal y universal, según la ONU, en algún lugar del mundo, cada diez minutos, un hombre asesina a una mujer o niña de su propia familia: 137 mujeres a diario. Y lo peor es que sucede bajo impunidad: el 86 % de las mujeres y niñas vive en países sin un sistema jurídico sólido que las proteja de la violencia y la discriminación. Además, a la prevención de la violencia machista solo se destina el 5 % del presupuesto de asistencia oficial para el desarrollo de los países.El Reino Unido, el país de la principal promotora de la alianza, clasifica oficialmente la violencia contra las mujeres y las niñas (VAWG) como una emergencia nacional, gestionando su estrategia con el mismo nivel de prioridad, recursos y metodologías que se aplican para combatir el terrorismo y el crimen organizado. Este cambio de paradigma responde a un análisis exhaustivo publicado por el Consejo Nacional de Jefes de Policía (NPCC) y el College of Policing, que equipara la magnitud de la "epidemia" de la violencia contra las mujeres con las mayores amenazas de seguridad del Estado. En Brasil las cifras son aterradoras y en los otros países, también. Que España forme parte de esa coalición es una señal política relevante. Pero la credibilidad de cualquier compromiso internacional empieza por lo que ocurre dentro de las propias fronteras. Y lo que ocurre aquí, ahora mismo, en mayo de 2026, es que una mujer fue asesinada ayer con una orden de alejamiento en el bolsillo y nadie ha asumido las consecuencias de un asesinato donde el sistema falló, una vez más. El machismo mata: una cifra In crescendoDesde 2003, 1.361 mujeres han sido asesinadas en España por violencia de género. No son estadísticas abstractas. Son mujeres con nombre, con una historia truncada y una familia rota. Según los cifras oficiales actualizadas a día de hoy, 20 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que llevamos de 2026. Es el peor inicio de año desde 2020. El caso más reciente, ocurrido ayer, evidencia la quiebra del sistema: la víctima contaba con órdenes de alejamiento que fueron quebrantadas. Casos como este desmontan el falaz relato de que en España se criminaliza a los hombres por el mero hecho de serlo, o de que se vulnera su presunción de inocencia mediante detenciones basadas en denuncias falsas. La realidad es que el sistema judicial español es muy garantista con los presuntos maltratadores, y sigue llegando tarde cuando se trata de asesinatos a los que precedieron denuncias. OpiniónLa visibilización de las mujeres: una cuestión de derechos humanos Sandra MorenoCon el agravante de que los crímenes machistas se extienden mucho más allá de la víctima directa: 11 menores han quedado huérfanos desde enero; para un total de 480 menores que han perdido a su madre por violencia machista. Además, en lo que va de año, la violencia machista se ha cobrado tres vidas infantiles; para un total de 71 menores asesinados por violencia vicaria desde 2013. Detrás de cada denuncia, diez violaciones que nadie registraLos asesinatos son la punta más visible y brutal de un iceberg de proporciones enormes. En España se denuncia aproximadamente una violación cada hora y media, alrededor de quince al día. Pero esa cifra, ya de por sí alarmante, representa apenas el 11% estimado de los casos reales. La inmensa mayoría de las agresiones sexuales nunca llegan a los tribunales, sepultadas bajo el miedo, la vergüenza, la desconfianza en el sistema o la certeza, aprendida a base de amargas experiencias propias y ajenas, de que denunciar puede costar más de lo que protege.El machismo no es una opinión: es una estructura de poder La violencia machista no surge de la nada ni se agota en el crimen; crece en el suelo fértil de la desigualdad estructural. Se alimenta de la explotación laboral y la brecha salarial, la sobrecarga de los cuidados, la hipersexualización de mujeres y niñas, el acoso sexista y sexual cotidiano, en las calles y redes. Se perpetúa en la cultura que controla, somete, explota y degrada a las mujeres, donde todavía hoy resulta más fácil cuestionar a la víctima que al agresor. El asesinato es el desenlace de un proceso que comienza mucho antes, en espacios no siempre ruidosos, y que encuentra su mayor respaldo en el discurso que niega la violencia machista y promueve el malicioso relato de las denuncias falsas para desprestigiar a los hombres y obtener beneficios indebidos. Lo que Bardem señaló en Cannes, con la enorme repercusión de un escenario internacional, no es un juicio moral sobre los españoles ni sobre los hombres. Es el diagnóstico de una sociedad que aún tiene pendiente transformar sus estructuras más profundas. Esto incluye a las instituciones gubernamentales, judiciales y policiales, que siguen llegando tarde para proteger a las mujeres y a sus hijas e hijos. Que este análisis incomode es una buena señal: significa que la conciencia colectiva se resiste a normalizar lo intolerable. El problema es que, mientras debatimos si España es machista o no tanto, a las mujeres las siguen matando y violentado. Una realidad que debe erradicarse por completo en la próxima década, como aspira a lograr la Coalición Internacional para acabar con la violencia contra las mujeres y niñas.