Las elecciones andaluzas de 2026 dejan una paradoja que incomoda a todos los actores políticos: el Partido Popular gana, pero no puede gobernar con comodidad. Con 53 escaños y más de 1,7 millones de votos, la candidatura de Juanma Moreno confirma su clara hegemonía electoral en Andalucía, pero se queda a dos escaños de la mayoría absoluta, acariciando todo lo que hubiera supuesto revalidarla y abriendo un escenario que devuelve la política autonómica a la aritmética de la negociación.Es una victoria rotunda del PP, la que se esperaba y deseaba en 2022 con la gran sorpresa de la mayoría absoluta; pero no es un resultado resolutivo. Y esa diferencia lo cambia todo, más cuando la campaña se ha basado en no meter a Andalucía “en el lío de Extremadura, Aragón y Castilla y León”. Juanma Moreno, en sus numerosas entrevistas de campaña, lo dejó en manos de los ciudadanos: “En vuestras manos está la estabilidad o el lío que supone el bloqueo de un Gobierno”. Y así lo repitió una y otra vez.La "vía andaluza": estabilidad, moderación y gestiónEl relato de Moreno se ha basado, sin salirse ni un milímetro de la hoja de ruta, en la “vía andaluza”, centrada en estabilidad, moderación y gestión. Esta estrategia, le ha permitido proyectar una imagen de centralidad en un contexto de polarización nacional.Sin embargo, el resultado de 2026 introduce una novedad incómoda: la estabilidad ya no depende solo del Gobierno del PP; ahora hay que revalidarla desde la negociación.El escenario político actual es que el PP ha ganado en votos, ha consolidado de forma clara su liderazgo y ha mantenido una importante distancia con la oposición, pero ha perdido, por un estrechísimo margen, la herramienta más valiosa en política autonómica: la mayoría absoluta.El dilema de Vox y la geometría parlamentariaEl nuevo escenario reabre el debate inevitable: ¿cómo se articula la gobernabilidad?Moreno ha dejado claras, en las entrevistas de campaña, sus líneas rojas respecto a Vox, especialmente en materias como igualdad, políticas sociales y protección de los más vulnerables, defendiendo una inmigración ordenada y regulada, situando a Andalucía como prioridad. Esa posición refuerza su estrategia de centralidad, pero también delimita el margen de maniobra. En este contexto, aparecen tres posibles opciones teóricas: un acuerdo de investidura que permita alcanzar la mayoría absoluta en la primera votación —siendo esta la vía más sólida, previsiblemente mediante un pacto con Vox—; en caso de no lograrse, una investidura en segunda votación, en la que bastaría la mayoría simple, lo que podría facilitarse con un apoyo externo de Vox o, al menos, con su abstención, reduciendo así el bloque del “no” y permitiendo que los votos afirmativos superen a los negativos; y, en un escenario más improbable políticamente -ya ha dicho que no lo va a hacer- una abstención de la izquierda que, sin constituir un apoyo explícito, podría alterar la aritmética parlamentaria al disminuir el número de votos en contra y favorecer que el “sí” prevalezca en segunda votación. Finalmente, si ninguna de estas fórmulas prospera dentro del plazo legal, se abriría la puerta a la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones.La izquierda y el argumento de la abstenciónEn el debate político puede incluirse está opción que, aunque pueda resultar imposible, sería viable si la izquierda tiene tanto miedo al pacto con los de Abascal —ha compartido cartel con Gavira—. La izquierda, por sentido de responsabilidad, podría evitar un acuerdo con Vox facilitando la investidura mediante abstención.Es una hipótesis plausible en términos aritméticos, pero políticamente costosa. La lógica de bloques hace difícil imaginar una estrategia de ese tipo sin un alto desgaste interno, especialmente en un contexto nacional de fuerte polarización. Pero ahí queda.La “vía andaluza” bajo presiónLa gran cuestión de fondo es si la llamada “vía andaluza” sigue funcionando en un escenario sin mayoría absoluta.Durante la etapa anterior, esa fórmula combinó gestión, moderación y control institucional. Pero su éxito dependía en gran medida de una condición: no necesitar socios.El resultado de 2026 rompe esa premisa. La moderación sigue siendo un activo, pero ya no garantiza gobernabilidad directa.Juan Marín y la arquitectura institucional del poderEn este contexto, cobra relevancia una reflexión planteada por el exvicepresidente andaluz Juan Marín en un medio nacional: la posibilidad de que Vox pueda tener presencia en órganos parlamentarios —como la Mesa del Parlamento o las comisiones— sin entrar en el Gobierno.Esa distinción entre representación institucional y poder ejecutivo no es menor: supone darles su sitio sin que ello implique compartir el Ejecutivo. La verdad es que, al escucharle, y teniendo en cuenta su buena relación con Moreno y su conocimiento de las negociaciones de 2018, podría ser una opción.El resultado de 2026 no altera la posición dominante del PP en Andalucía, pero sí cambia su naturaleza. Ya no es una hegemonía absoluta, sino una hegemonía condicionada.Y eso tiene consecuencias políticas profundas: obliga a negociar, obliga a ceder y, sobre todo, obliga a explicar. Ya es sólo cuestión de tiempo saber que pasará.