La física acaba de explicar por qué el Tyrannosaurus rex tenía brazos absurdamente pequeños. Su cuerpo sacrificó las extremidades delanteras para convertir la cabeza en un arma biomecánica devastadora

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Los diminutos brazos del T. rex parecían un error evolutivo difícil de justificar. Pero un nuevo estudio biomecánico sugiere algo mucho más fascinante: aquellas extremidades no eran una falla del diseño natural, sino el precio que el dinosaurio tuvo que pagar para desarrollar una cabeza capaz de triturar huesos y dominar el Cretácico.