La primera película española en salir a la competición, 'El ser querido', de Rodrigo Sorogoyen , es dinamita pura, un mazo de cartuchos emocionales que explosionan con una potencia arrolladora para contar una historia, un rodaje y una relación entre padre e hija, entre director y actriz, con una enorme carga de sensibilidad que se construye con el manejo de una sutil cautela interrumpida por tremendos golpes de mazo contra un gong. Es delicadísima y de una feroz brutalidad de interiores. Y antes de entrar en ella, hay que decir que Javier Bardem y Victoria Luego hacen un trabajo tan profundo y complejo que puede uno arriesgarse a decir que es el mejor que han hecho nunca. De la primera secuencia se sale tan alerta y alarmado como de la primera réplica de un terremoto, un director de cine que ha vuelto a España tras años de éxito y algún Oscar en Estados Unidos para hacer una película y se ha citado en un tranquilo bar con una joven actriz que quiere para su película… Una escena amable, de conocimiento, o de reconocimiento, unas explicaciones, un intercambio de planos y contraplanos, además de algún recuerdo, que se tensa y se empieza a manifestar, sin seísmo aparente, como un pozo de cocodrilos, sin agua, sin cocodrilos, con unos puntos suspensivos cuyo rastro ya no se pierde hasta el final. Sorogoyen trata de calmar la impresionante acidez del relato con fraseo y cámara sosegada, con los dos climas de la trama, la del interior de la película que se rueda y la del ambiente de fuera, del equipo de rodaje, donde padre e hija tantean sus sentimientos (hay planos en blanco y negro que nos hablan de ellos). El personaje que interpreta Bardem, el de director y padre de una hija abandonada, muestra mediante la interpretación del actor su multitud de esquinas, exalcohólico, violento y un cineasta exigente y temido (la secuencia de la comida, sus repeticiones y su trato con los actores es de una dureza de 'thriller' y Raúl Arévalo, primero, y Victoria Luengo, después, están en ese género, pero Javier Bardem hace un doble mortal hasta el de terror). Se deja entender la parte de ternura y sordidez que es esencial en la historia entre ellos a través de la interpretación de Luengo y Bardem, de sus miradas, de sus atenciones, de sus leves contactos (una mano en la espalda), de la facilidad que tienen para que sus emociones se descontrolen y le estallen en el rostro del otro, para entenderse y defraudarse a cada instante. Y el trajín de un rodaje difícil, con un director (Bardem) puntilloso, exigente, zalamero y airado forma el cuerpo más vistoso de la película para albergar el alma, un padre y una hija que se 'estudian'. Se ha escrito que 'El ser querido' tiene algún punto de contacto argumental con 'Valor sentimental', pero es muy tenue y huidizo; está, claro, el asunto del 'fatherland' (del que habla Pawlikowski en su película), ese territorio de lo paterno que, además, aquí es casi un erial. En lo que a uno respecta, esta película de Sorogoyen se ha colocado en la zona más alta de la competición por la Palma de Oro, junto a la de Pawlikowski. Y su pareja protagonista, también. Hubo otros dos títulos importantes en salir a competir, el del japonés Koreeda, 'Sheep in the box', y el del estadounidense James Gray, 'Paper Tiger' . En el primero asoma una vocación humanista y futurista con la historia de un matrimonio que pierde a su pequeño hijo y lo sustituye con un humanoide exactamente igual. Y Koreeda, tan buen retratista de la infancia, lo familiar y lo genético trama un relato ingenuo y blanco, que evita grandes conflictos y sentimientos en su camino argumental y que se queda algo romo para lo agudo que suele ser este director. Lo de James Gray, 'Tigre de papel', tiene mucha más dureza y espinas; trata sobre el mal negocio que pretenden hacer dos hermanos, uno de ellos ( Adam Driver ) expolicía y listo en el peor sentido de la palabra y el otro (Miles Teller) un ingeniero honrado, instalado y con familia. En frente está la mafia rusa que se empezaba a instalar en las zonas insalubres de la parte costera neoyorquina, un lugar conflictivo para hurgar en él. El director no busca grandes escenas de violencia, pero consigue que su película sea siempre amenazante por la crueldad de unos y la fragilidad del tipo corriente que ha pisado ese avispero. La presencia de Scarlett Johansson no le da, desgraciadamente, más fuerza a su personaje, el de la esposa y madre, aunque, y tal vez por ser ella, lo refuerza el guion con un inesperado giro dramático. Y Johansson y su bata de andar por casa hacen lo que pueden.