No conocí a mi abuela Matilde; murió en 1947 en un accidente de tránsito. Los silencios que dejó ese dolor los viví desde chico: mi abuelo y mi mamá quedaron con la sensación -tácita, nunca dicha- de que lo peor podía pasar. Incluso, o básicamente, en nimiedades. Si uno no llevaba abrigo, seguro que refrescaría; si no se viajaba con el tanque lleno, quizás no se llegaría a destino.Con el tiempo exploré su vida, más allá de las fotos que había en casa. Había nacido en 1900 en la Argentina en una de las primeras familias judías que en 1892 habían llegado a un país que prometía tanto. Y, joven, se fue a Córdoba a estudiar Odontología. Según leí en una publicación de los archivos de la universidad estuvo entre las cinco primeras dentistas egresadas allí. Muchas veces me pregunté cómo se habrá decidido, qué fuerza le habrá sido dada para que eligiera una carrera tan -en aquel momento- compleja para una mujer.De hecho, dice la leyenda familiar, que mi abuelo -misma profesión- no quiso que trabajara y finalmente fue dentista escolar (las que revisaban las bocas en los colegios). Eso sí era más propio del alma femenina.¿Quiero a mi abuela? Creo que sí. Sin haber estado en sus brazos ni jugado con ella hay algo de su figura que me imanta y siento un afecto cómplice. Mi mamá y mi tía ya fallecieron, pero si voy al cementerio le dejo una flor y una piedra, símbolo de que su memoria sigue viva.Mis padres partieron un mes de febrero, con cuatro años de diferencia. Es curioso, sus recuerdos están en lo cotidiano, pienso en ellos, los tengo presentes en sus cumpleaños, pero siempre se me pasa el día que fallecieron. Me doy cuenta antes o después. Quizás sea un mecanismo vital , ¿la amnesia, aunque temporaria, también protege de la pena?El tiempo, siempre inexorable. Me sorprende cómo no sabemos nada de quienes nos precedieron antes de los abuelos, cuanto mucho una generación más. Nos convertiremos en olvido algún día, cierto, pero cuando una persona abre surcos, el afecto sigue allí a través de diálogos imaginarios que no son reales pero, a veces, lo parecen.Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosMundos íntimosFamilias