Botellas abandonadas entre hojas secas, patios interiores donde la maleza empieza a ganar terreno, fachadas envejecidas por la humedad y el abandono, mensajes escritos a mano reclamando que se cumpla la ley antibotellón y bloques donde cada balcón parece contar una historia distinta de paso fugaz.El sector sur de Sevilla convive entre murales coloridos y una sensación creciente de desgaste silencioso. Bajo la sombra del Campus de Reina Mercedes, junto a la dársena portuaria y a pocos minutos del Benito Villamarín, muchos vecinos sienten que su barrio vive atrapado entre dos Sevillas: la del escaparate turístico y la de quienes todavía intentan dormir cada noche con las ventanas cerradas.Botellas abandonadas y suciedad acumulada en el sector sur de Sevilla, una zona saturada de ruidos, botellón y suciedad.-FERNANDO VÁZQUEZUn barrio que siente de espaldas a SevillaLos vecinos del sector sur de Sevilla denuncian que el nuevo macroproyecto urbanístico del entorno portuario agravará los problemas de ruido, tráfico y saturación turística en una zona ya castigada por conciertos, eventos y falta de infraestructuras. La Asociación de Vecinos Puerto de Sevilla, integrada en la Federación de Asociaciones Contra el Ruido (FACR), alerta de que la transformación prevista entre la calle Tarfia, la Avenida de las Razas y la dársena portuaria amenaza con alterar profundamente la vida cotidiana de miles de residentes.En el sector sur de Sevilla hay vecinos que han aprendido a medir el tiempo por decibelios. Saben cuándo juega el Betis antes incluso de mirar el calendario, reconocen la llegada de un concierto por el colapso del tráfico y distinguen las madrugadas de verano por el eco de las terrazas y las voces que se prolongan bajo las ventanas hasta entrada la noche. Para muchos de ellos, vivir junto al Puerto de Sevilla se ha convertido en algo parecido a habitar una ciudad dentro de otra: una Sevilla que, según denuncian, ya no piensa en quienes residen en sus barrios, sino en quienes vienen a consumirlos.Ese malestar ha encontrado en la Asociación de Vecinos Puerto de Sevilla uno de sus principales altavoces. La entidad, que ronda ya los 300 asociados, lleva meses denunciando el impacto que tendrá la transformación urbanística prevista entre la calle Tarfia, la Avenida de las Razas y el entorno comprendido entre el puente de las Delicias y el puente del Centenario. El proyecto impulsado conjuntamente por el Puerto de Sevilla y el Ayuntamiento contempla la construcción de 700 viviendas, nuevos espacios de ocio, una terminal de cruceros y distintos desarrollos ligados al turismo y la hostelería."Todo parece diseñado para rentabilizar Sevilla 365 días al año y 24 horas al día"Diego de Caralt, presidente de la Asociación de Vecinos Puerto de SevillaPara Diego de Caralt, presidente de la asociación vecinal, el problema no reside únicamente en la construcción. La cuestión de fondo, sostiene, es el modelo de ciudad que se está consolidando en Sevilla. “Todo parece diseñado para rentabilizar Sevilla 365 días al año y 24 horas al día”, afirma. En su discurso aparece constantemente la idea de una ciudad convertida en un escaparate permanente, donde cada espacio libre termina orientado al consumo, al evento o al turismo.Los vecinos aseguran que la presión ya es visible antes incluso de que las nuevas promociones estén en marcha. El sector sur convive desde hace años con los efectos de partidos de fútbol en el Benito Villamarín, festivales, conciertos y grandes eventos multitudinarios que saturan los accesos y dificultan la movilidad diaria. “No es normal que un vecino tenga que pensar si podrá volver a casa dependiendo de si hay partido o concierto”, lamenta De Caralt.Restos de suciedad en el barrio sevillano.-FERNANDO VÁZQUEZLa escena, describen, se repite cada fin de semana como un ritual urbano perfectamente asumido por las administraciones: coches aparcados sobre acerados, calles colapsadas, ruido hasta altas horas y residentes atrapados dentro o fuera de sus propios barrios. La asociación denuncia que el futuro desarrollo urbanístico multiplicará aún más esa presión sobre una zona residencial construida en las décadas de los cincuenta y sesenta, donde el aparcamiento en superficie sigue siendo prácticamente la única alternativa. “Vamos a competir con miles de personas diarias en un barrio que nunca fue diseñado para soportar esto”, advierte el presidente vecinal.Pero el barrio afronta además otra transformación silenciosa. Su proximidad al Campus de Reina Mercedes de la Universidad de Sevilla ha convertido buena parte de sus viviendas en residencias estudiantiles encubiertas. Diego de Caralt calcula que entre un 40 y un 50% de los residentes actuales son estudiantes que ni siquiera figuran en el padrón municipal. “Estamos perdiendo identidad vecinal”, lamenta. Según explica, muchos propietarios ya no viven en la zona y apenas realizan inversiones de mantenimiento porque la prioridad del estudiante suele ser únicamente la cercanía al campus.La cercanía al campus universitario de Reina Mercedes hace que el barrio haya perdido parte de su identidad primitiva.-FERNANDO VÁZQUEZLa consecuencia, según denuncia la asociación, es una degradación progresiva del entorno y una menor implicación con la vida del barrio. “El estudiante va a vivir aquí cuatro años, pero muchas veces no llega a sentirse parte del barrio”, resume De Caralt. Para los residentes históricos, esa rotación constante ha ido erosionando el tejido vecinal tradicional hasta convertir algunas calles en espacios de tránsito más que en comunidades consolidadas.El temor de los residentes no se limita al tráfico o al ruido en Sevilla. También creen que el nuevo urbanismo amenaza con alterar la propia identidad ambiental del barrio. El proyecto prevé edificios de mayor altura junto a viviendas bajas y naves regionalistas vinculadas a la Exposición Iberoamericana de 1929. Los vecinos alertan de que esas construcciones actuarán como una barrera frente a la ventilación natural procedente del río y reducirán considerablemente la entrada de luz solar en calles como Tarfia o Lorenzo de Sepúlveda.“El sol aquí no es un lujo, es salud”, insiste De Caralt. En una zona marcada por la humedad, los residentes consideran que esa corriente natural de aire procedente del suroeste funciona como un sistema de refrigeración espontáneo que ningún estudio ha valorado seriamente. “Hablan continuamente de sostenibilidad y de barrios verdes, pero nadie analiza cómo afectará esto a quienes ya viven aquí”, denuncian desde la asociación.La futura terminal de cruceros, a menos de 200 metros de viviendas, es uno de los temas que más preocupa al vecindarioEn paralelo, el colectivo vecinal critica la progresiva transformación de la actividad portuaria. Donde antes predominaban los usos industriales y logísticos, aseguran que ahora proliferan concesiones hosteleras y espacios orientados al ocio. “La dársena ya no se abre a la ciudadanía, se abre al turismo”, resume De Caralt. En su opinión, proyectos como Altadis, las Cigarreras o la futura reordenación de Tablada responden a una misma lógica: convertir espacios estratégicos de Sevilla en nuevos polos de consumo y eventos.La futura terminal de cruceros es uno de los asuntos que más preocupación genera entre los residentes. Estará situada a menos de 200 metros de viviendas y, según denuncian, no contempla sistemas de electrificación que permitan apagar motores durante el atraque. “En muchos puertos europeos los barcos se conectan a tierra y dejan de emitir ruido y gases. Aquí seguirán funcionando con motores encendidos”, lamenta el presidente vecinal.Diego de Caralt, presidente de la asociación de vecinos Puerto de Sevilla. --FERNANDO VÁZQUEZConciertos, veladores y botellones en el foco vecinalLa discusión sobre el modelo urbano conecta inevitablemente con otro debate que en Sevilla lleva años creciendo en silencio: la contaminación acústica. Coincidiendo con el último Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, la Asociación de Vecinos Puerto de Sevilla denunció públicamente el “silencio político y mediático” que rodea a uno de los problemas ambientales que más afecta a numerosos barrios de la ciudad.“El ruido no es solo una molestia”, advertía el comunicado difundido por la asociación. “Es una realidad diaria que afecta al descanso, a la salud mental, a la convivencia vecinal y al derecho a vivir dignamente”.La entidad lamentaba que, mientras organizaciones estatales como FACR, AECOR o SEORLCCC promovían encuentros y campañas específicas para visibilizar el problema, en Sevilla apenas hubiese trascendido una jornada técnica centrada en el nuevo reglamento andaluz de calidad acústica.Para los vecinos, la ausencia de debate institucional refleja hasta qué punto el ruido se ha normalizado en Sevilla. “Sevilla vive instalada en la cultura del no pasa nada”, resume De Caralt. La frase aparece varias veces durante la conversación, casi como un lema resignado de quienes sienten que las denuncias rara vez encuentran respuesta efectiva.Los patios interiores y zonas comunes del barrio reflejan, según los vecinos, años de falta de mantenimiento y escasa inversión en edificios cada vez más orientados al alquiler temporal.-FERNANDO VÁZQUEZLa asociación sostiene que existe una falta evidente de control sobre terrazas, veladores, conciertos y botellones. Critican la escasez de inspectores municipales y denuncian que las llamadas a la Policía Local muchas veces terminan sin intervención o llegan cuando el problema ya ha desaparecido. “El ruido siempre parece excepcional, pero lo excepcional se ha convertido en permanente”, sostiene el presidente vecinal.En ciudades europeas como París, recuerdan, existen redes públicas de sonómetros que permiten consultar en tiempo real los niveles acústicos de cada calle. En Sevilla, denuncian, ni siquiera existe una monitorización estable que permita dimensionar el problema. La asociación considera que la ciudad ha asumido el ruido como una consecuencia inevitable del crecimiento turístico y de ocio, algo que rechazan frontalmente.“No queremos una ciudad muerta ni estamos contra las terrazas”, matiza De Caralt. “Pero una terraza no puede convertirse en una ampliación infinita del negocio a costa del espacio público”. El dirigente vecinal cree que la hostelería ha ido ocupando progresivamente calles y plazas hasta alterar la convivencia cotidiana. “Una mesa de cuatro sillas no puede acabar rodeada de doce personas de pie como si aquello fuera una discoteca al aire libre”, señala.Turismo masivo y macroproyectos: la transformación del Puerto de SevillaEl problema, en opinión de la asociación, responde también al auge de un turismo masivo que obliga a aumentar constantemente la oferta hostelera y de ocio para sostener su rentabilidad. “Más turistas significan más hoteles, más apartamentos turísticos, más eventos y más presión sobre los barrios”, explica De Caralt. Para los residentes, Sevilla corre el riesgo de convertirse en una ciudad pensada únicamente para el visitante, mientras quienes viven en ella empiezan a sentirse expulsados de sus propios espacios cotidianos.Ese sentimiento de abandono aparece también cuando los vecinos hablan de limpieza, mantenimiento urbano o servicios públicos. Denuncian que determinadas zonas del sector sur solo reciben atención intensiva durante la Feria de Abril y que el resto del año los problemas se acumulan: suciedad, botellones, cristales rotos o excrementos de perros. “Un vecino necesita sentirse incentivado para cuidar su barrio, pero eso solo ocurre cuando ve que la administración también lo cuida”, sostiene De Caralt.El gobierno local destaca la reciente aprobación del Plan de Acción contra el Ruido como una de las principales herramientas para afrontar este problema La crítica se extiende igualmente al crecimiento urbanístico de Sevilla y su área metropolitana. La asociación considera que la ciudad se expande sin que exista una planificación real de transporte, sanidad o educación. Recuerdan casos como Palmas Altas o los futuros desarrollos del Pítamo y cuestionan que se sigan levantando miles de viviendas sin conexiones de metro suficientes ni infraestructuras adecuadas.“No tiene sentido construir primero y pensar después en el transporte público”, lamenta el presidente vecinal. A su juicio, Sevilla y su corona metropolitana funcionan como “quince municipios de taifas” incapaces de coordinar un crecimiento común.La preocupación de los vecinos va incluso más allá del urbanismo y el ocio. De Caralt denuncia que mientras proliferan hoteles y apartamentos turísticos, apenas se proyectan residencias públicas para mayores o centros de estancia diurna en los barrios. “Cuando seamos dependientes, ¿a dónde iremos?”, se pregunta. Cree que la ciudad prioriza constantemente los usos económicos frente a las necesidades sociales reales de una población cada vez más envejecida.La asociación también cuestiona la participación ciudadana en este tipo de proyectos. Los vecinos propusieron la creación de una mesa tripartita entre Ayuntamiento de Sevilla, Puerto de Sevilla y asociaciones vecinales para analizar conjuntamente el desarrollo urbanístico y corregir problemas sobre la marcha. Aunque la propuesta fue aprobada en juntas municipales de distrito, aseguran que nunca llegó a materializarse. “Aquí la participación ciudadana muchas veces consiste en dejarte hablar una vez para luego no volver a escucharte”, lamenta De Caralt.El Ayuntamiento admite el problema y apela al Plan contra el RuidoFuentes municipales consultadas por lavozdelsur.es aseguran que el distrito Bellavista-La Palmera lleva trabajando con los vecinos sobre esta problemática “a lo largo de todo el mandato” y recuerdan que las demandas planteadas por la Asociación de Vecinos Puerto de Sevilla han sido abordadas en distintas Juntas Municipales de Distrito.Desde el Ayuntamiento reconocen que la situación “no es fácil ni deseada” y sostienen que existe conciencia sobre el malestar vecinal relacionado con el ruido, la movilidad y el impacto urbanístico en el entorno portuario. Según explican, la Gerencia de Urbanismo trabaja actualmente en distintas líneas de actuación vinculadas a estas demandas.La transformación que viene junto al Puerto de Sevilla hace temblar a muchos vecinos que quieren seguir junto al río.-FERNANDO VÁZQUEZEl gobierno municipal destaca además la reciente aprobación del Plan de Acción contra el Ruido como una de las principales herramientas para afrontar este problema en Sevilla. El documento, aprobado por Urbanismo, pretende servir como hoja de ruta para corregir progresivamente los conflictos acústicos y mejorar la convivencia en las zonas más afectadas de la ciudad.La batalla por seguir viviendo en el barrioA medida que avanza la conversación, el retrato que emerge no es únicamente el de un conflicto urbanístico concreto, sino el de una parte de Sevilla que siente cómo la ciudad cambia demasiado rápido y demasiado lejos de quienes la habitan. Los vecinos del sector sur observan con inquietud cómo antiguos espacios industriales se transforman en hoteles, terrazas o zonas de eventos mientras las necesidades cotidianas —descanso, movilidad, limpieza o vivienda— quedan relegadas.La sensación, explican, es parecida a ver cómo alguien reforma tu propia casa sin preguntarte nunca dónde quieres colocar las ventanas. Entre botellas vacías, patios deteriorados, bloques convertidos en alojamientos temporales y noches atravesadas por el ruido, muchos residentes sienten que el barrio pierde poco a poco aquello que lo hacía reconocible: la vida vecinal.Mientras Sevilla continúa expandiendo su modelo turístico y de ocio, los vecinos del sector sur temen que el derecho al descanso y a la vida en barrio haya dejado de formar parte de las prioridades urbanas.