Bajo un calor infernal en St. Louis, Misuri, Thomas Hicks se proclamó campeón del maratón de los Juegos Olímpicos de 1904, los terceros de la era moderna, un auténtico despropósito repleto de excentricidades y de farsantes. Hicks cayó desplomado al cruzar la meta tras 3 horas, 28 minutos y 53 segundos agónicos, todavía alucinado por la fatiga y por la pócima que le había ido suministrando su equipo: claras de huevo, chupitos de brandy y estricnina, un estimulante hoy día utilizado como matarratas. Aquel sería el primer caso documentado de dopaje, aunque ya en la Antigua Grecia experimentaban en pos de mejorar el rendimiento y vencer.Seguir leyendo....