Pasan las nueve y media de la noche. Desde el tendido y hasta el piso del callejón comienzan a desparramarse jóvenes uno tras otro. Caen a plomo al suelo, corren hasta el albero, no miran atrás. Solo quieren propulsar a hombros a su inesperado superhéroe de otra tarde de tensión y grandes expectativas. El susodicho no es de Marvel, ni de DC. Es de carne y hueso, un espigado diestro de pelo oscuro que tiene el traje de luces manchado de sangre aún caliente. Hasta el personal de seguridad les recomienda cómo tirarse desde ahí arriba para no hacerse daño en la caída. No les importa. La juventud lo aguanta casi todo, según dicen. Estos chicos, dudo que alguno sea mayor de edad, tratan de llegar al clímax de la tarde. Puerta grande de Andrés Roca Rey tras una faena a portagayola que para un experto está muy lejos de haber sido antológica, pero que para un neófito, les confieso, sería algo así como de las que hacen afición.Morante, concentrado antes de saltar al ruedo.-JUAN CARLOS TOROEn la que es una tarde para la historia, y en cierto modo por los ingredientes que despliega lo es, la mayoría vienen por el Messi de La Puebla, José Antonio Morante Camacho, y se quedan por un joven peruano que también tiene legión de fans que contribuyen a que 8.266 espectadores abarroten los tendidos de la Plaza de Toros de Jerez un viernes de Feria del Caballo.Penúltima jornada de la fiesta grande en el Real del González Hontoria y ambientazo de los que se recordarán en los alrededores de La Constancia. Y muchos de esos espectadores son muy jóvenes. No hay espectáculo en Jerez que sume tal cantidad de público en una sola tarde (me atrevería a decir que ni en los conciertos del verano). Desde la azotea de uno de los edificios aledaños al coso hay cabecitas asomadas sumándose al extraordinario aforo que registra la corrida estrella de los tres festejos programados por Funtasa en esta Feria de Jerez.Una alguacililla.-JUAN CARLOS TOROLa explosión estética del paseíllo.-JUAN CARLOS TOROEn el exterior, reventas con precios que alcanzan los 200 euros por entrada en sombra (100 en sol); carteles de no hay billetes; almohadillas a 3 euros; agua, pipas y refrescos; y una carpita de Vox que, en el último día de campaña de las autonómicas, no ayuda a desterrar prejuicios en torno a una fiesta sobre la que todos ponen sus zarpas, hasta para supuestamente protegerla. Otra resurrección tras las cornadas de la Feria de AbrilLa terna de la tarde la completa Sebastián Castella, menos mediático, pero no menos arrojado con la muleta que sus compañeros de cartel. Es tiempo de revancha en el albero. Al parecer, siempre lo es. Las cornadas de la pasada Feria de Abril para Morante y Roca Rey, a cual más dañina, aún tenían puntos de sutura mientras se destapaba a mediodía el monumento a Rafael de Paula. Pero el camino del toreo parece ser inexorable. Otra vez al encuentro cara a cara con la muerte. Ese no ser demoníaco. La música callada del toreo —les prometo que solo citaré un par de veces a Bergamín— se palpa tras la barrera de un espacio con el tiempo detenido, pero al mismo tiempo con un temblor que se siente más vivo que nunca.Ambiente en los alrededores y ante el monumento a Paula.-JUAN CARLOS TOROEl tiempo detenido.-JUAN CARLOS TOROEl quirófano de la Plaza.-JUAN CARLOS TOROUn coliseo que al traspasarlo te transporta a un universo singular y ajeno a lo posmoderno y a los implantes tecnológicos de la época. Aquí no hay IA. Es un circo con gladiadores, con el capellán, con su capilla, y su quirófano como de museo —“pero que puede salvar una vida”, nos advierten—, con sus tres veterinarios, con sus monosabios, sus subalternos, los alguacilillos, la banda, los corifeos, el público soberano y el presidente que cede y concede ante el clamor popular, ya venga de sol o de sombra. Antes del momento cumbre de la tarde, con un diestro limeño que ha arrancado cuatro trofeos, cuatro orejas, de sus respectivos toros, Vivaracho y Entusiasta, negros mulatos, no son morlacos, un tipo vocifera un improperio sobre Pedro Sánchez y otro suelta a viva voz que si Roca es el mejor y no sé qué otro improperio sobre Morante. Gran parte del público les reprende. Estoy muy de acuerdo con Rubén Amón, periodista especializado en contar el arte de Cúchares desde una perspectiva más punki y desapasionada, con menos complejos: "A la tauromaquia le pasa lo que a Felipe VI: no está claro quién es peor, si sus detractores o sus partidarios", contaba en una entrevista reciente. Visiones desde la barrera.-JUAN CARLOS TORORafael Valenzuela —presidente de la Fundación Cultura Taurina— Francisco Román —encargado del arrastre—, Fernando Núñez —presidente de la Plaza—.-JUAN CARLOS TORONo hay billetes.-JUAN CARLOS TOROSí, los toros son algo subversivo en tiempos de ultracorrección política y quizás de tanto querer prohibirlos estén los abolicionistas despertando ese oscuro objeto de deseo. José Marchena, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Cádiz ha investigado la permanente disputa taurina y llega a una conclusión: es la gran revitalizadora de la fiesta. ¿Los antitaurinos están haciendo entonces más por el futuro de la fiesta que los de las pulseritas, es eso? ¿Hizo más por el flamenco Camarón que Agujetas, Rosalía que Chacón?"La defensa de la tauromaquia no puede entenderse sin su oposición", asegura el investigador gaditano en un tocho de 700 páginas, Taurinos y antitaurinos, historia de una encrucijada. A Marchena, dice, no le verán en los tendidos, pero en cambio sí afirma que “la fiesta de los toros es la seña de identidad cultural más arraigada en nuestro país, desde el siglo XV y hasta nuestros días, y sigue siendo interesante desde la vertiente cultural, social e identitaria”. El ministro Urtasun no se entera. O no le dejan enterarse. "Aquí lo más honesto de todo es el toro", me asegura un taurino con no poca retranca al explicarme los entresijos de un evento que ha movido a cientos de trabajadores y miles de espectadores en esta tarde de San Isidro en Jerez.Vendedoras de almohadillas.-JUAN CARLOS TORONiños con almohadillas.-JUAN CARLOS TOROMorante de la Puebla, en Jerez-JUAN CARLOS TORO¿Tarde de expectación, tarde de decepción?Cuento lo que veo con los oídos y lo que oigo con los ojos. El asombro, el rito, la plasticidad. Los silencios, el sonido de la expectación, los oles. Lo que muestra Tardes de soledad en más de dos horas inmersivas y brutales. La coreografía en el ruedo, en el callejón, en toriles… un auto sacramental sobre el albero. Donde se sufre, donde hay agonía, donde hay una verdad revelada que ningún otro espectáculo puede ofrecer, donde hay requiebros imposibles que hacen que el torero y el toro se fundan en un óleo —verbigracia, el tercero de la tarde, de nombre Vivaracho, al que dobló Roca—. Y donde, por supuesto, se cumplen tópicos, se sufre si no hay una muerte digna y rápida, y hasta donde caben viejos dichos: tarde de expectación, tarde de decepción. Para muchos, seguro. Tocará esperar a este sábado. El diestro limeño, a portagayola.-JUAN CARLOS TOROPero la chavalería disfruta con su estrella. Intrépidos, ansiosos por tocar y aupar a su ídolo de 29 años. Andrés Roca Rey, un migrante latino nacionalizado español con carta de naturaleza en 2017, cruza a hombros la puerta grande del coso de la calle Circo. Ovacionado y exhausto, arropado por un pequeño ejército de seguidores, entre los que se encuentran ya esos jóvenes.Entonces ve desde arriba, casi frente a frente, la cara de Rafael de Paula en la escultura de cuerpo entero que se ha inaugurado hoy mismo y por la que la gente pasa hasta los décimos de lotería en busca de la suerte. Como una suerte de tumba de Jim Morrison. Y comprueba, comprobamos, que solo el misterio pueden unir los 9.160 kilómetros de distancia en línea recta que hay de Lima al barrio de Santiago.