"Los que construyeron la nave ya no viven": la NASA lucha por mantener el código de las Voyager

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Las sondas Voyager 1 y Voyager 2 siguen viajando por el espacio casi medio siglo después de su lanzamiento, pero mantenerlas vivas se parece cada vez menos a una misión científica normal y cada vez más a un ejercicio de “arqueología tecnológica”. La propia NASA reconoce que gran parte del conocimiento original se ha ido perdiendo con el tiempo.Y es que el problema no es solo la edad de las propias naves; también lo es la de sus sistemas. Las Voyager funcionan con ordenadores diminutos para estándares actuales, con una memoria total que ronda los 64 a 70 kilobytes y software escrito en una forma de lenguaje ensamblador para hardware muy específico de los años setenta.Un código antiguo y un equipo cada vez más pequeñoDurante años se ha repetido que las Voyager “funcionan con Fortran” (uno de los primeros lenguajes de programación), pero esa explicación se queda corta. La parte crítica de vuelo depende sobre todo de ensamblador, no de un lenguaje más alto y común. Y eso complica muchísimo cualquier reparación, porque no basta con entender el código, también es necesario conocer una arquitectura casi irrepetible.La frase que mejor resume la situación fue pronunciada por Suzanne Dodd, directora del proyecto Voyager, la cual dijo: “La gente que construyó la nave ya no vive”. La directora explicó que el equipo actual trabaja con documentación en papel, fragmentada y a veces incompleta, como si estuviera reconstruyendo piezas de una civilización perdida.Ese vacío humano no es para nada una exageración. Larry Zottarelli, considerado el último ingeniero original de Voyager que seguía activo, se retiró en 2016, y desde entonces la NASA ha tenido que apoyarse en un grupo cada vez más reducido de especialistas capaces de entender de verdad cómo hablar con estas máquinas.Mantener vivas las Voyager ya es casi una carrera contra el olvidoLa dificultad técnica se vuelve todavía más seria, ¿por qué? Porque las Voyager están muy lejos. La señal de Voyager 1 tarda ya más de 23 horas en llegar a la Tierra, así que cualquier corrección va con un retraso enorme y no admite demasiados errores. Cada comando tarda casi un día en llegar, y la respuesta tarda otro tanto en volver.A eso se le suma la falta de energía. La NASA ha ido apagando instrumentos uno tras otro para estirar la vida de ambas sondas; por ejemplo, hace muy poco la agencia decidió desconectar otro instrumento de la Voyager 1. La prioridad ya no es sacar el máximo rendimiento científico posible, sino mantener el contacto operativo durante el mayor tiempo que se pueda.Y esta situación no cambiará, pues el reloj sigue corriendo. En noviembre de 2026, la Voyager 1 alcanzará una distancia tan extrema que su señal tardará alrededor de un día entero en llegar.Por eso, más que una misión espacial clásica, Voyager se ha convertido en algo muy raro: una lucha simultánea contra la distancia, el desgaste y la pérdida de memoria humana. Las sondas siguen ahí fuera, pero cada año queda menos gente en la Tierra capaz de entenderlas de verdad.