Vox ante el 17M: las encuestas frenan su ascenso con fugas hacia Moreno y Alvise

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La extrema derecha llega al 17M sin muchas certezas. La formación liderada por Santiago Abascal pretendía que las elecciones andaluzas les sirvieran de trampolín para las generales tras situar la “prioridad nacional” en el centro del debate por los pactos en Aragón y Extremadura, donde logró duplicar sus escaños. Las encuestas, sin embargo, sitúan a Vox lejos de la sacudida que pretendía provocar en el tablero andaluz y tampoco garantizan que vayan a ser la llave de la Junta, su principal objetivo.El presidente andaluz y candidato a la reelección por el PP, Juanma Moreno, ha asegurado en múltiples ocasiones que no tiene "ningún interés" en pactar con Vox y que intentará "gobernar en solitario hasta el final" porque no quiere emular el “lío” de sus homólogos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Su estrategia ha consistido en presentarse como la única garantía de estabilidad frente a un voto a Vox que relaciona con ruido y, en última instancia, bloqueo legislativo.Moreno también se ha encargado de presentar a Vox como un partido sin equipos preparados para gobernar, con un programa "muy alejado de la propia realidad" y con una "sobrerrepresentación" parlamentaria. Su mensaje a los electores que no quieren a Vox en San Telmo se ha basado en un clásico del bipartidismo, el voto útil. Moreno repite en cada mitin que si los andaluces quieren estabilidad, deben concentrar el voto en el PP.Las diferentes encuestas publicadas hasta el pasado lunes — fecha límite según la ley electoral—  dan, de manera generalizada, una horquilla al Partido Popular que va de la mayoría absoluta a quedarse por pocos escaños de esa meta fijada por Moreno. Si los conservadores no alcanzan los 55 diputados, se verán abocados a tener que pactar con la ultraderecha. Un escenario que ya se dio en las elecciones de 2018, cuando el barón del PP logró alcanzar la presidencia de la Junta gracias a Ciudadanos y Vox.El sondeo de 40dB. para El País y la Cadena SER, publicado el lunes, refleja con claridad la incomodidad de la extrema derecha. El PP aparece con un 43,3% de estimación de voto y 56 diputados, uno por encima de la mayoría absoluta, aunque dos menos que los logrados en 2022. Vox subiría solo un escaño, hasta los 15, un avance mínimo que contrasta con las expectativas generadas por el partido tras sus resultados recientes en otros territorios.El dato más preocupante para los de Abascal no está solo en la proyección de escaños, sino en las fugas de voto. Según la misma encuesta, Vox retiene al 74,6% de quienes le votaron en 2022, pero cede casi un 9% de sus antiguos apoyos al PP y cerca del 10% a Se Acabó La Fiesta (SALF), la marca del agitador ultra Alvise Pérez. Esto último preocupa especialmente a los ultras, que creen que Pérez puede arrebatarles parte del voto protesta mientras ellos se “institucionalizan” con los pactos autonómicos con el PP.Lo cierto es que SALF intenta explotar el hartazgo contra todos, incluido Vox, bajo la premisa de que "ellos también forman parte del sistema", pese a que muchas de sus propuestas pisan terreno ideológico muy similar. El propio agitador aseguró que estaba dispuesto a no presentarse en Andalucía si PP o Vox aceptaban por escrito cinco condiciones: reforma electoral, cierre de "chiringuitos", fin de los sobresueldos, medidas de vivienda y el "no a las guerras que paga el currante”. Ambas formaciones lo ignoraron.Por ese motivo los de Abascal buscan captar el voto útil que les lleve a arañar ese último diputado por cada provincia. En la batalla de las urnas de 2022, el PP logró arañarlo en cuatro circunscripciones (Cádiz, Córdoba, Málaga y Sevilla), el PSOE en tres (Granada, Huelva y Jaén) y Vox solo en una (Almería). Si el PP no se hubiera impuesto en cuatro provincias, habría visto que su resultado se rebajaba a los 55 asientos, el límite de la mayoría absoluta.Vox necesita convencer a sus votantes de que votar a su candidato, Manuel Gavira, sirve para impedir que Moreno gobierne sin condiciones. Pero al mismo tiempo debe evitar que una parte de su electorado más radical se decante por la opción de Alvise. El problema añadido es que SALF ni siquiera necesita entrar en el Parlamento para hacer daño, sino que le basta con quitar unos miles de votos en algunas provincias para alterar el reparto de escaños. En función de cómo se repartan los restos, el resultado puede variar muchísimo.La amenaza ya tiene precedente. En las autonómicas de Castilla y León del pasado 15 de marzo, Vox mejoró sus cifras, pero no cumplió las expectativas. Logró 14 procuradores, uno más que en 2022, pese a que algunos sondeos le situaban cerca del 20% de los votos. SALF se quedó sin representación, pero obtuvo más de 17.000 papeletas y un 1,4% del voto.En la comunidad presidida por Alfonso Fernández Mañueco las negociaciones se han paralizado a la espera de las elecciones del domingo, pero los de Abascal tratarán de replicar el acuerdo alcanzado con María Guardiola y Jorge Azcón, aunque con más cesiones que creen que merecen por haber obtenido el 18,9% de los votos. Un resultado que, pese a ser el mejor que han obtenido a nivel autonómico, se quedó lejos del ansiado 20%.Vox fue decisivo para la gobernabilidad, pero no logró demostrar que estuviera en una ola imparable. De hecho, el resultado del pasado 15 de marzo enfrió la idea de que la extrema derecha estuviera preparada para encadenar saltos espectaculares en todos los territorios. En Andalucía, el riesgo es mayor porque si Moreno alcanza la mayoría absoluta, Vox no solo quedaría lejos de su objetivo, sino también fuera de cualquier negociación. Es lo mismo que les ocurrió en 2022 con Macarena Olona de candidata.La dirección del partido ha tratado de combatir ese escenario con la campaña. Sus dirigentes no entran a valorar las encuestas y fían la movilización a los actos de Abascal y Gavira. Sin embargo, el candidato de Vox es mucho menos conocido que Moreno o la candidata socialista María Jesús Montero. Según 40dB., solo el 38,2% de los andaluces sabe quién es, y es el menos conocido incluso entre sus propios votantes. Vox lo sabe y por eso ha situado a Abascal junto a él en los carteles. La estrategia contraria de Moreno con Alberto Núñez Feijóo. Abascal se ha volcado en la campaña con el objetivo de impedir que el "partido socialista azulón" de Moreno pueda gobernar sin ponerse de acuerdo con Vox. La idea fuerza es que el PP andaluz no representa un cambio real, sino una continuidad amable del sistema que, según Vox, comparte las grandes líneas del PSOE. En campaña se ha referido al candidato del PP como "el cómplice simpático de Sánchez", le ha comparado con el expresidente Mariano Rajoy y le ha acusado de llevar años sin hacer nada.El PP, sin embargo, ha trabajado para neutralizar esa presión. Moreno ha evitado aparecer atrapado por Vox y ha intentado convertir la campaña en un plebiscito sobre la estabilidad. Su objetivo es que el electorado conservador perciba cualquier voto a la derecha del PP como un riesgo que puede abrir la puerta a negociaciones perjudiciales para Andalucía.En todo caso, el 17M se decidirá por un puñado de votos. Para el PP, la diferencia entre 54 y 55 escaños marca la distancia entre gobernar solo o tener que negociar. Para Vox, esa misma frontera separa la irrelevancia parlamentaria de la capacidad de condicionar la legislatura. Y para SALF, una marca sin opciones claras de entrar en la Cámara, el éxito puede consistir simplemente en hacer perder a Vox los votos que necesita para convertirse en imprescindible.