Ludwig Wittgenstein: «El mundo del hombre feliz es diferente del mundo del hombre desgraciado»

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En el mundo hay 8,290 millones de personas, tal y como muestran los contadores en tiempo real. Cada una tiene una historia, una personalidad y una forma de ver la vida que la diferencia de las demás. Vive en el mismo planeta que todos pero su realidad es única, así como la forma que tiene de entender la felicidad . La especie humana lleva siglos persiguiendo la receta de la felicidad. Poetas, filósofos, religiosos, influencers y personas anónimas han intentado solucionar a su manera esta carencia que parece ser natural y que todos estamos llamados a llenar. Ludwig Wittgenstein explicó en 1921 que no existe una fórmula única para alcanzar la felicidad. Los argumentos de este filósofo austriaco-británico aportaron en su época una mirada nueva a uno de los campos más antiguos de las humanidades, sobre el que han reflexionado Aristóteles , Gandhi o Fernando Savater , entre otros muchos. Una de las frases más famosas que escribió en relación a la felicidad se encuentra en su obra 'Tractatus Logico-Philosophicus' (1921). En una época marcada por las grandes guerras, Wittgenstein expresó que «el mundo del hombre feliz es diferente del mundo del hombre desgraciado». Fue uno de los más grandes pensadores del siglo XX por ideas como esta. El filósofo explicó que la misma vida puede ser disfrutada o sufrida dependiendo de la interpretación que el individuo haga sobre ella. La realidad de uno se apoya más en la mirada con la que juzga los hechos vividos que en esos hechos en sí. Ludwig Wittgenstein no niega que las las 8,290 millones de personas vivan en el mismo planeta, con sus problemas, alegrías, acontecimientos generales; pero insiste en que la interpretación personal de esta realidad general crea «el mundo» en el que cada uno vivirá de forma personal, donde encontrará felicidad o desgracia según lo desee. Significa que la felicidad o infelicidad no cambia los hechos físicos del mundo, sino la interpretación, el sentido y los límites de la realidad subjetiva de cada persona; el mundo se vuelve totalmente diferente en su totalidad. La diferencia no radica en lo que sucede, sino en la actitud ética ante la vida. Esta actitud depende de cada uno y se puede moldear al gusto gracias a la voluntad. Según Wittgenstein, el «buen o mal ejercicio de la voluntad» altera los límites del mundo del sujeto, no los hechos expresables. Ludwig Wittgenstein vivió entre 1889 y 1951 , desarrollando su carrera en torno a las matemáticas, la linüística y la lógica. En su filosofía del lenguaje explicó cómo las palabras nos limitan para entender y hablar sobre el mundo que nos rodea y el mundo interior. «Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo», llegó a escribir. Fue compañero de clase de Adolph Hitler y, en esta peculiaridad, demostró que una misma realidad puede ser percibida de formas distintas según las gafas con las que se mire. Una actitud que tienda a la alegría convierte una misma vida de infeliz a feliz sin modificar punto alguno de su realidad.