El cerco sobre Google se estrecha y esta vez la Unión Europea ha apuntado directamente al núcleo del negocio de Alphabet. La Comisión Europea acaba de emitir dos nuevas directrices vinculantes bajo el paraguas de la Ley de Mercados Digitales (DMA) que obligan a la compañía estadounidense a realizar concesiones históricas. La primera medida exige abrir las entrañas de Android a asistentes de inteligencia artificial de terceros. La segunda, quizás la más dolorosa a nivel estratégico, les obliga a compartir el mayor tesoro de la empresa: sus propios datos de búsqueda.Llevamos años viendo cómo Google integra su IA en cada rincón de nuestros teléfonos, asfixiando cualquier intento de la competencia por ofrecer una experiencia similar. Hasta el día de hoy, si instalabas un asistente alternativo en tu móvil, este vivía encerrado en una especie de caja de arena con permisos muy limitados. La decisión de Bruselas busca dinamitar ese muro de contención para que cualquier desarrollador pueda competir en igualdad de condiciones con Gemini. Inteligencia artificial sin tratos de favorA partir de julio de 2027 el panorama de los teléfonos Android en Europa será radicalmente distinto. La exigencia de los reguladores indica que los asistentes de IA de terceros deberán tener el mismo nivel de acceso a las funciones del sistema operativo que las herramientas de Google.Esto significa que un usuario podrá configurar una alternativa para que responda a comandos de voz genéricos, algo que hasta ahora era un privilegio casi exclusivo del ecosistema nativo. Además, estas inteligencias artificiales rivales podrán ejecutar acciones profundas dentro de otras aplicaciones en tu nombre. Podrás pedirle a tu asistente preferido que reserve un taxi o que analice el contexto de una conversación en una aplicación de mensajería para sugerir respuestas. Todo ello con una integración a nivel de sistema que hasta ahora estaba vetada para cualquiera que no formara parte de la nómina de Mountain View.El tesoro de las búsquedas sale a la ventaEl segundo golpe sobre la mesa afecta al motor económico absoluto de la empresa. La Comisión Europea ha dictaminado que Google debe compartir sus datos de búsqueda con otros motores de la competencia y con chatbots de inteligencia artificial. El volumen colosal de datos que maneja Google es el principal motivo por el que su buscador es tan preciso, creando una barrera de entrada imposible de superar para alternativas centradas en la privacidad como DuckDuckGo o Ecosia.Para enero de 2027, la compañía tendrá que ofrecer acceso a estos datos bajo una fórmula de precios justa y transparente. Bruselas asegura que toda esta información pasará por un proceso de anonimización riguroso de múltiples capas para proteger la identidad de los usuarios, un detalle vital cuando hablamos de ceder historiales de búsqueda a terceros.La vieja carta del miedo a perder la seguridadComo era de esperar en un movimiento regulatorio de esta magnitud, la respuesta desde las oficinas de Google ha sido inmediata y contundente. Kent Walker, presidente de asuntos globales de la compañía, ha publicado un comunicado donde recurre al argumento clásico de las grandes tecnológicas cuando ven amenazado su jardín vallado: la seguridad del usuario está en peligro.Según argumenta Walker, obligar a Android a conceder permisos tan profundos a aplicaciones externas sin las barreras actuales supone un riesgo inmenso para la integridad de los dispositivos. También alerta sobre el peligro de exponer las búsquedas privadas de los europeos a empresas desconocidas. Desde Google afirman que la anonimización exigida por la UE no ofrece garantías suficientes, sugiriendo que este movimiento podría derivar en la filtración de secretos comerciales o incluso poner en riesgo la seguridad nacional de los países miembros.El pulso está servido. La Unión Europea ha demostrado que no va a rebajar el tono a la hora de aplicar la DMA con toda su dureza. Obligar a Google a entregar las llaves maestras de Android y a compartir el combustible que alimenta su monopolio de búsquedas marca un antes y un después en la industria tecnológica. Ahora solo falta por ver si estas medidas realmente logran fomentar un mercado más rico y competitivo o si, como advierten desde California, terminan abriendo la puerta trasera de nuestros teléfonos a problemas de seguridad que hoy damos por superados.