Los cien mil hijos de San Didier: todas las amenazas de Francia

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Si la semifinal entre España y Francia fuera un campo de batalla del siglo XIX, el general Luis de la Fuente observaría con preocupación la magnitud de las fuerzas francesas: el ejército de Didier Deschamps tiene fortalezas en todas sus líneas y cuenta con la munición de ataque más poderosa del mundo. Francia llegó al Mundial como favorita y el avance del torneo solo ha cimentado esa condición. Este es un repaso a los abundantes argumentos futbolísticos de los de Deschamps que España tendrá que doblegar. No hay ataque como el de Francia -su gran arma- y no hay delantero como Mbappé. La temporada complicada en el Real Madrid -sin títulos, con polémicas extradeportivas, silbado en el Bernabéu pese a sus buenos números- solo ha incrementado su hambre por llevarse este Mundial. A Mbappé se le ve en su mejor versión: concentrado, comprometido, rápido de piernas, voraz de cara a puerta. Sabe que ganar este Mundial es una ocasión para la gloria de Francia y la suya personal. A sus 27 años, ganar un segundo Mundial le colocaría en posición de arrimarse a los tres trofeos de Pelé. Dice que la cuestión del 'pichichi' histórico le es indiferente. Quizá es porque sabe que superar a Messi es cuestión de tiempo. Lleva ocho goles en este torneo -los mismos que el argentino- y veinte en todos sus mundiales, uno menos que Messi. Mbappé tiende a caer hacia la izquierda, el territorio de Cubarsí. El delantero más dominador de esta era contra un chico de 19 años, un duelo para hacerse hombre. Cuando se pregunta a los hinchas franceses quién es el jugador más imprescindible del once galo, muchos sorprenden y no mencionan a Mbappé. El elegido es Michael Olise. No les falta razón. Él es la pieza que engarza la temible ofensiva francesa, quien encuentra el hueco, desarbola defensas, da el último pase. Con cinco asistencias, está a una de igualar el récord de Pelé en un Mundial, que logró en el de 1970. Fue clave la decisión de Deschamps tras la primera parte del debut contra Senegal: movió a Olise de la banda derecha al centro. Desde ahí articula el ataque francés y es una amenaza constante, tanto de desborde como de pase y de disparo. Pero también ha tenido días grises y se topará con un Rodri que solo ha crecido en el torneo. Con su gesto hierático y su aparente indiferencia, parecería que Dembélé está haciendo un Mundial discreto. Pero el Balón de Oro acumula cinco goles y dos asistencias en el torneo. Te despistas, y el 'Mosquito' te ha metido un 'hat trick', como contra Noruega -eso sí, repleta de suplentes- en el último partido de la fase de grupos. Dembélé arranca desde la derecha y combina con Olise y con las incorporaciones del lateral Jules Koundé. El delantero tiene velocidad, desborde, pegada, veteranía y, al igual que con Luis Enrique en el Paris Saint-Germain, se sacrifica también en labores defensivas. Deschamps ha alternado a estos dos compañeros del Paris Saint-Germain como titulares en la posición de extremo izquierdo. Pero ambos han jugado en todos los partidos, entrando como suplentes y haciendo la vida imposible a las defensas cuando las piernas están pesadas. Doué arrancó en el puesto, luego se lo arrebató Barcola y parece que va a ser de nuevo Doué quien cuente con la confianza de Deschamps para el inicio. Pero ambos suponen el mismo peligro. Con una España que puede someter a Francia en su campo, serán un amenaza constante en las contras. Doué con más fútbol, Barcola con más velocidad, ambos son dos puñales en el costado derecho de España. Francia tiene mucha más pólvora que esos cinco delanteros que han jugado en todos los partidos. En el banquillo habrá jugadores con capacidad de revolucionar un partido o meter presión por abajo y por arriba si Francia necesita renovar su ataque al final del partido. Además de Barcola o Doué, dependiendo de quién elija Deschamps, estarán Rayan Cherki, un jugador de fantasía; Marcus Thuram, hijo del defensa de la campeona en 1998; o el delantero tanque Jean-Philippe Mateta. No es la línea más atractiva de Francia, pero su consistencia ha sido indiscutible durante todo el torneo. Un veterano de mil batallas, Adrien Rabiot, gris pero cumplidor y versátil, y Aurélien Tchouameni, con un despliegue formidable, son la opción más segura para Deschamps. El centrocampista madridista parece estar a su disposición para la semifinal, después de haberse perdido tres partidos por problemas físicos. Su sustituto, Manu Koné, tampoco ha tenido problemas. Habrá que ver cómo este centro del campo responde en la primera verdadera prueba para Francia en este Mundial. Marruecos, en cuartos de final, no estuvo a la altura de las expectativas. Si no fuera por el buen desempeño de la pareja de centrales Cubarsí-Laporte, la que forman Dayot Upamecano y William Saliba sería sin duda la mejor del Mundial. Apoyada en estas dos torres, Francia solo ha encajado dos goles en el Mundial, uno más que España. La debilidad viene por las bandas, con los laterales Koundé y Lucas Digne como el elemento más vulnerable de Deschamps. Su portero, Mike Maignan, todavía no ha sido medido de verdad.