De la valla al 'paddock': así se vive el Tour de Francia en las entrañas del pelotón

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Para el aficionado común, el Tour de Francia es un espectáculo televisivo de tardes de julio o una ráfaga de colores que cruza una carretera comarcal en apenas tres segundos. No obstante, existe una frontera imperceptible que separa la valla publicitaria del corazón de la carrera más importante del mundo. Cruzar esa línea no es solo asistir al evento, es convertirse por un día en parte del engranaje silencioso de la propia 'Grande Boucle'. Esta crónica narra la experiencia exclusiva de vivir una etapa desde las entrañas de la ronda gala, despojados de la condición de meros espectadores para lucir la acreditación VIP que abre todas las puertas prohibidas. El viaje arranca bien temprano, con el privilegio de contar con un guía de lujo: Nicolás Edet, un exciclista profesional que militó en el Cofidis y el Arkéa. Doce años acumulando miles de kilómetros en el pavés y los grandes colosos alpinos. Disputó ocho Tours, tres Vueltas y dos Giros que le sirvieron para ganarse al pelotón, donde todos le respetan y conocen. Una caída en el Giro de 2021 acabó con el húmero y el codo roto, varias operaciones y su carrera deportiva. Se retiró en 2023. La presencia de Edet transforma el paisaje. Donde un aficionado ve autobuses, coches con bicicletas en el techo, espectáculo y glamur, el excorredor descifra estrategias, dinámicas de equipo y tensiones internas con una sola ojeada. Escogemos la segunda etapa del Tour, que comienza en Tarragona y acaba en las exigentes rampas de Montjuïc, en Barcelona. La experiencia la propone SNFC Voyageurs, empresa ferroviaria de transporte de pasajeros, y TGV Inoui, servicio de alta velocidad que conecta en exclusiva Barcelona con París. Este conglomerado de trenes transportará a todo el pelotón desde los Alpes hasta París en un tren de alta velocidad antes de la última etapa. La empresa gala traslada a un reducidísimo grupo de periodistas, entre los que está ABC, a la salida en Tarragona y lo acompaña toda la etapa. La primera parada es el 'Village', en la salida. Epicentro social del Tour, es un recinto vallado, una ciudad flotante que se monta y se desmonta cada día y que es de acceso restringido, donde los patrocinadores, invitados y leyendas del pedal comparten café, canapés y confidencias. Nos cruzamos con Fernando Escartín, escalador de los 90 que subió al podio del Tour en 1999. A pocos metros, el paddock hierve de actividad. Acaba de llegar la rúa de los 23 equipos participantes con los 184 ciclistas dentro (ocho por equipo). Les precede un espectáculo digno de los carnavales de Río, con vehículos tuneados que lanzan gorras y caramelos al público. Es aquí, entre los mecánicos que ajustan al milímetro los desviadores de carbono y miden las presiones de las ruedas, donde se palpa la verdadera electricidad del Tour. Gracias a Nicolás Edet podemos caminar a escasos centímetros de las bicicletas y asistir al calentamiento privado de los ciclistas, cuyos rostros reflejan la concentración previa a la carrera. Su primera lección llega al ver el bus del UAE: «Hoy va a ganar Pogacar. Querrá resarcirse tras no quedar primero en la crono por equipos». Habría acertado si no fuera porque el esloveno dejó pasar sobre la línea de meta a Del Toro, su joven compañero de equipo. Entre el zumbido de los rodillos de entrenamiento, Edet se refiere al calor que hace (casi 35 grados) y apunta: «Los ciclistas apurarán en el autocar, con el aire acondicionado, hasta el protocolo de las firmas. Luego entrenarán con un chaleco refrigerante porque les interesa calentar el músculo, pero no el cuerpo». Y guiña un ojo: «Cada bicicleta de estas cuesta unos 20.000 euros». Avanzamos por el paddock. Vemos cómo el mecánico de Juan Ayuso (Lidl-Trek) baja su bicicleta, el de Jonas Vingegaard (Visma) ajusta la de recambio en el techo del vehículo y el de Nicolas Prodhomme (Decathlon) calibra la presión de sus gomas. Al llegar a la zona del Movistar, Edet se funde en un abrazo con José Joaquín Rojas, director deportivo del equipo español y exciclista que disputó ocho Tours y ganó dos Campeonatos de España en ruta antes de retirarse en 2023. Rojas nos saluda a todos. «Creo que será un día de caos», advierte. Un poco más adelante, Edet nos presenta a Víctor Hugo Peña, el primer colombiano que lució el maillot amarillo del Tour, en 2003. Ahora es comentarista de televisión. Cuando el pelotón arranca la experiencia cambia de marcha. Un vehículo oficial nos traslada por el recorrido, cortado al tráfico y en el que no se respetan semáforos ni líneas continuas. Edet, que va al volante, sonríe cada vez que toma una rotonda por la izquierda: «Puedes saltarte las normas delante de los Mossos y encima te saludan», bromea. Eso sí, antes de comenzar la ruta debe pasar un obligatorio test de alcoholemia que, evidentemente, da negativo. Son las normas del Tour, tolerancia cero. El viaje en coche es una lección magistral de ciclismo en ruta. Conectados a Radio Tour (emisora oficial de la organización de la carrera que emite constantemente en un canal abierto para todos los equipos, motos y coches de asistencia y que proporciona información neutral en tiempo real sobre el estado de la carrera, diferencias de tiempo, caídas, puertos de montaña y puntos de avituallamiento), Edet analiza las escapadas, anticipa tácticas en los puertos y narra anécdotas de su época en el pelotón. Las carreteras, habitualmente desiertas, están flanqueadas por miles de aficionados que acampan en las cunetas. Saludan a nuestro vehículo, confundiéndonos con miembros de la organización. Edet explica cómo funcionan los premios: «Habitualmente el ganador los acumula en un bote que van para todo el equipo». Y surgen temas que valora como el carnet genético, el dopaje e incluso los motores eléctricos, prohibidos en el ciclismo. El Mediterráneo luce apacible y aturquesado por la derecha mientras enfilamos las Costas del Garraf, una sinuosa carretera que suele ser un templo para moteros y ciclistas. La velocidad del pelotón es endiablada. Hemos salido un cuarto de hora antes que ellos y esos quince minutos de distancia se mantienen… La media es de 46 kilómetros por hora bajo un calor asfixiante. El termómetro marca 36,5 grados a las 15.30 horas. Coronando la ascensión de Begues, un puerto de segunda categoría a 40 kilómetros para la meta, Edet nos explica la diferencia entre los puertos de montaña: «Están los de categoría especial, como el Col du Tourmalet, el Col du Galibier o Alpe d'Huez. Antiguamente eran tramos de tal dureza que los coches de apoyo apenas lograban superarlos», explica. El exciclista nos sigue ilustrando: «Luego están los de primera, segunda, tercera y cuarta categoría. Se clasifican mediante una fórmula que tiene en cuenta la longitud y la pendiente media». Y lo completa sobre cómo deben ser los avituallamientos, puntos en los que se suministra alimentos, bebidas y sales minerales durante la ruta. «Todos los coches de los equipos que nos han adelantado ya deben estar en las zonas permitidas. Eso sí, en el último kilómetro está prohibido». Muchos aficionados muestran pancartas y cubos solicitando a los ciclistas que les tiren (regalen) los bidones de agua vacíos. Para muchos aficionados, el Tour es como una religión. Varios grupos siguen la carrera, se desplazan el día anterior y pasan la noche en el punto elegido para ver a sus ídolos de cerca. Bicicletas en el arcén, colchonetas, camping-gas, banderas… es el paisaje habitual en los mejores puntos de los ascensos. Algunos incluso van disfrazados (vimos a uno de Pantera Rosa y a otro de gamba) o aprovechan para soltar sus reivindicaciones al mundo («la tierra es plana», mostraba en una cartulina un señor vestido de presidiario). Llegamos a la zona de meta media hora antes que los corredores. La infraestructura vuelve a ser elitista y mastodóntica. Nuestro pase de SNFC y TGV nos permite acceder al 'Espacio Tourmalet', un pequeño edificio VIP, prefabricado, de dos plantas, justo a cien metros de la línea blanca. Desde el balcón la vista es privilegiada, enfrente del estadio Olímpico, con una copa de champán en la mano y a dos metros de la pista por donde pasa el pelotón, destrozado tras 168 kilómetros, que sube el último puerto de Montjuïc. Lo vemos junto a Bernard Thévenet, ganador de dos Tours en los años setenta y de quien se dice que acabó con el reinado de Eddy Merckx. El helicóptero de la televisión sobrevuela nuestras cabezas y el clamor del público asciende de decibelios. Una veintena de ciclistas asoman por la curva. Tadej Pogacar (UAE), Remco Evenepoel (Red Bull-Bora-Hansgrohe) y Jonas Vingegaard van en ese grupo. Pasan como un obús, las venas del cuello hinchadas y el polvo del camino pegado al sudor. Gana Isaac del Toro (UAE) y Vingegaard mantiene el maillot amarillo. Mientras los ciclistas atienden a los medios, agradecemos a Nicolas Edet las clases magistrales que nos ha dado y a Sébastien Gaussot, responsable de comunicación de TGV Inoui, la oportunidad que nos ha brindado de vivir una etapa del Tour de Francia desde dentro.