Han transcurrido varios días desde esa vibrante semifinal del Mundial ante Francia y todavía recuerdo cómo la furia roja salía por los balcones de las casas y los veladores de los bares al pitar el árbitro el final. Volver a disputar el trofeo de la máxima competición a nivel de selecciones tras 16 años es algo que no soñaban ni los más optimistas tras el empate de Cabo Verde. Pero España es así, única en sus cosas, irrepetible para lo bueno y lo malo. Un país calcado a su gente –o viceversa– y acostumbrado a vivir en el alambre de la épica. Lo conseguido por la familia que ha formado Luis de la Fuente es tan grande que en Sevilla... Ver Más