Nueva ley suiza obliga a sacerdotes y monjes al servicio militar bajo una premisa: en sociedad moderna el clero ya no es esencial

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(ZENIT Noticias / Berna, 17.07.2026).- Suiza ha mantenido durante mucho tiempo una división cuidadosamente definida entre la preparación militar y la vida civil. Un nuevo cambio en su ley militar está alterando una de las premisas más arraigadas del país sobre el papel de los ministros religiosos.Desde el 1 de junio de 2026, los sacerdotes, monjes y miembros de órdenes religiosas ya no están exentos automáticamente del servicio militar obligatorio en Suiza. La reforma ya ha provocado la movilización de nueve miembros del clero, lo que ha llevado a líderes cristianos a cuestionar si el país ha subestimado la importancia de la atención espiritual en tiempos de crisis.Los hombres suizos considerados aptos para el servicio militar generalmente deben cumplir aproximadamente ocho meses de servicio, normalmente entre los 18 y los 30 años. Durante generaciones, el clero estuvo exento de esta obligación por considerarse esencial para la población civil, especialmente en tiempos de guerra.Este principio ha sido abandonado.El gobierno ha defendido el cambio argumentando que el propósito original de la exención —garantizar el acceso a la atención espiritual para los civiles durante un conflicto— ya no refleja la realidad de la sociedad suiza moderna. Ante el marcado aumento de la desvinculación religiosa, las autoridades habrían concluido que el ministerio sacerdotal ya no puede considerarse esencial de la misma manera.Este argumento ha provocado una respuesta directa del obispo Alain de Raemy, obispo auxiliar de Lugano y jefe de la capellanía militar suiza. En declaraciones a la emisora ​​pública RTS, calificó la legislación como una muestra de «falta de respeto hacia la población».Su objeción no se limita a proteger a los sacerdotes del servicio militar, sino que se centra en la premisa subyacente de que el ministerio religioso se ha vuelto prescindible.De Raemy señaló la pandemia de COVID-19 como prueba de que la atención espiritual puede ser especialmente importante cuando las sociedades se enfrentan al miedo, la muerte y la incertidumbre. Si se exige a los sacerdotes que sirvan en el ejército durante una futura guerra o una crisis importante, preguntó, ¿quién brindará ese apoyo a la población civil?«¿Cómo nos las arreglaremos en tiempos de guerra y futuras crisis si los sacerdotes tienen que servir en el ejército?», preguntó. «¿Cuál es el plan del Consejo Federal?»La Asociación Suiza de Iglesias Libres también ha criticado la reforma, argumentando que las comunidades religiosas afectadas por el cambio no fueron debidamente consultadas. La asociación afirmó que dicha consulta normalmente se esperaría cuando una legislación modifica directamente la posición de las comunidades religiosas.La controversia pone de manifiesto una sorprendente paradoja en la Suiza moderna. El país se está volviendo menos religioso en términos demográficos, pero el declive de la afiliación religiosa formal no implica necesariamente que desaparezca la necesidad de atención espiritual durante las emergencias.Según las estadísticas gubernamentales, el 32% de la población se identifica como católica y el 20% como evangélica reformada. Al mismo tiempo, las personas sin afiliación religiosa representan ahora aproximadamente el 34% de la población, en comparación con solo el 1% o 2% hace unos cincuenta años.Esta transformación es fundamental para el razonamiento del gobierno. También es la base de la preocupación de los críticos.Una sociedad secularizada puede concluir razonablemente que el Estado no debería privilegiar a las instituciones religiosas. Pero la cuestión de si la atención espiritual tiene valor social es diferente de la cuestión de cuántas personas pertenecen formalmente a una religión.Los hospitales, las prisiones, las unidades militares y las comunidades que se enfrentan a desastres suelen lidiar con cuestiones de duelo, culpa, muerte, esperanza y sentido que no pueden reducirse a problemas técnicos o administrativos. El argumento esgrimido por los líderes cristianos de Suiza es que la presencia de capellanes no se justifica necesariamente por las estadísticas religiosas de la población, sino por las necesidades de las personas que se enfrentan a circunstancias extremas.Las consecuencias prácticas de la nueva ley siguen siendo inciertas.Aún no está claro si los clérigos llamados a filas podrán cumplir con sus obligaciones legales a través de la capellanía militar o si algunos podrían tener que desempeñar otras funciones militares, incluyendo potencialmente funciones relacionadas con el combate.Los ciudadanos suizos con objeción de conciencia al servicio militar generalmente pueden realizar el servicio civil, aunque deben prestarlo durante un período más prolongado. Para el clero, sin embargo, la cuestión es más compleja. Su objeción no se centra necesariamente en el servicio militar en sí, sino en las consecuencias de apartar a los ministros religiosos de la población civil precisamente cuando una crisis podría hacer que su labor sea más necesaria.Las cifras también son importantes. Suiza cuenta con aproximadamente 2,7 millones de católicos, atendidos por unos 1.800 sacerdotes. Incluso si solo se llama a filas a un pequeño número de clérigos en un momento dado, el impacto podría ser significativo en un país donde el sacerdocio católico ya es relativamente limitado.La reforma se produce además en el contexto de la singular historia nacional de Suiza. Durante más de dos siglos, el país ha mantenido una política de neutralidad militar y no ha participado en ningún conflicto armado extranjero desde finales del siglo XIX.Esta historia puede hacer que el debate parezca teórico. Sin embargo, la neutralidad no elimina la posibilidad de una crisis. Suiza mantiene el servicio militar obligatorio precisamente porque las autoridades nacionales reconocen que las condiciones de seguridad pueden cambiar.La cuestión planteada por el obispo de Raemy, por lo tanto, va más allá del estatus de los sacerdotes uniformados.Si un gobierno concluye que el ministerio religioso ya no es esencial porque menos personas se identifican con la religión organizada, ¿qué sucede cuando una sociedad se enfrenta a circunstancias en las que las personas buscan repentinamente precisamente las formas de acompañamiento que la vida cotidiana ha vuelto menos visibles?La respuesta determinará si la nueva ley representa una simple modernización de una exención obsoleta o una falta de reconocimiento de que algunas formas de servicio público no pueden medirse únicamente por su número.Gracias por leer nuestros contenidos. 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