Una presidenta contra el pueblo que alzó Rey a un grandioso Roca

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La temperatura dentro del traje de luces se asemejaba a la de un infierno en miniatura. Cualquier termómetro habría reventado en aquel horno portátil que empapaba de sudor la espalda y la taleguilla y se deslizaba hasta los tobillos. Heroico era pisar el ruedo, con las zapatillas derritiéndose sobre la arena y enfundados en un terno que pesaba como una losa. Se había suspendido por alerta roja la desencajonada de Valencia y el ambiente invitaba a suspender la corrida… Ni de coña: estos hombres de otro tiempo torean con nieve, con truenos o con este calor que fundía las ideas y hasta la justicia. Vaya petardo de la presidenta, una señora que de toros dicen que sabe lo que el... Ver Más