El plan de Argentina contra España: ayudas contra Lamine, balón parado, caos y presión arbitral

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Instalado desde el jueves por la noche, tras tres horas de retraso de su vuelo desde Atlanta por una tormenta eléctrica, Argentina ya vislumbra la final del Mundial desde el Hilton Short Hills de New Jersey, el mismo hotel que utilizó en la Copa América de 2024, la segunda de la era Scaloni. Repite alojamiento la albiceleste, como repitió camiseta azul en la semifinal ante Inglaterra, igual que sucedió en el Azteca en 1986. Ninguna superstición sobra a 48 horas de una final que Argentina mira con ojos distintos que España: «Para nosotros el duelo emocional fue contra Inglaterra. Para España, lo es ahora. Esta es la final que ellos querían», deslizan desde la concentración de la vigente campeona. Argentina, superado el pico de intensidad que supone un partido mundialista contra Inglaterra, por todo el contexto político y social entre ambos países, mira ya a la final con la mente puesta en el fútbol, pero también en ese 'otro fútbol' que tan bien maneja. Ese 'cancherismo' aprendido en los potreros y que tan buen resultado les suele dar, como quedó comprobado, una vez más, en la semifinal ante los de Tuchel. Ha gustado la designación de Vincic . Entienden que, más allá de su pasaporte esloveno, es un colegiado que no tiene la personalidad de los grandes colegiados europeos o sudamericanos, y eso puede favorecer su modo de encarar el partido a nivel arbitral. La presión que lleva ejerciendo Argentina sobre los colegiados durante todo el torneo no forma parte de la casuística. Todo está medido al milímetro, sabedores los argentinos de que a ellos se les mira con ojos muy distintos que al resto. Pasó en Catar y está pasando en Estados Unidos. Pero Argentina, más allá de llevar al límite la paciencia de Vincic, sabe que también necesita fútbol para ganarle a España. Un fútbol que tendrá que ser distinto a lo que le suele gustar hacer a esta Argentina: «Nuestro juego es muy parecido al de España. Nos gusta agarrar la pelota, pero claro, ellos también la van a querer y va a ser muy difícil quitársela. Será una final muy distinta a la de hace cuatro años, porque Francia no quería la pelota y nosotros sí. Veremos qué medio del campo se impone el domingo», analiza en ABC Ruggeri, campeón con Argentina en México 86. Con España delante, Scaloni sabe que el caos será un arma importante, como lo ha sido en el resto del torneo de Argentina. Se vio obligado a remontar ante Egipto e Inglaterra, y tuvo que tirar de zozobra para evitar los penaltis ante Cabo Verde y Suiza, y ganarles a ambos en la prórroga. España es superior con la pelota, por mucho que también la quiera Argentina, y con esa premisa jugará la actual campeona. Argentina se ha acostumbrado bien en este torneo a la épica, a la agonía y al sufrimiento para noquear a su rival en los últimos minutos. Y ahí están los datos. Cuando más presionada ha estado Argentina, mejor rendimiento ha dado. Doce de sus 19 goles los ha metido después del minuto 70. Y, si la lupa se pone desde los dieciseisavos, 9 de sus 11 tantos los ha anotado a partir del minuto 75 (tres del 75 al 90, otros tres en los descuentos y otros tres en las prórrogas). Otra de sus armas ha sido el balón parado, con siete goles en todo el torneo, el 35 % del total. Cuatro de saque de esquina, dos de falta directa y uno desde el punto de penalti. Y al frente de estas operaciones, como en casi todas, Messi, que ha puesto 16 balones al área en el Mundial, el jugador que más lo ha hecho en el torneo. Incluso por encima de Lamine, cuyo torneo no está siendo el que muchos esperaban, pero eso no es óbice para que Argentina le tema: «Esperemos que no explote ante nosotros», confiesan en el lado argentino, sabedores de que lo más parecido que tiene España a Messi es Lamine. Así que habrá una especial vigilancia al atacante, con ayudas constantes de Enzo y Mac Allister a Tagliafico, el responsable de frenar a un Yamal que no suma los goles ni las asistencias que a estas alturas del Mundial se le presuponían , pero que ha sido una pesadilla para bastantes de sus marcadores, como bien saben Nuno Mendes y Digné. Ayudas para frenar a Lamine, balón parado, caos y presión arbitral. Así es el plan de Argentina para ganarle la final a España.