Antes de que haya luz en el universo, hay oscuridad. Las estrellas no nacen brillando de la noche a la mañana, sino que comienzan a gestarse en el corazón helado y sombrío de inmensas nubes de gas y polvo. Allí dentro, en un ambiente que roza el cero absoluto, la gravedad mantiene un tira y afloja constante con la química y los campos magnéticos. Dicho esto, hace poco, un grupo de astrónomos se puso a observar esta batalla de fuerzas en L1544, un denso núcleo prestelar ubicado en la cercana nube molecular de Tauro. Gracias a las observaciones de radio, lograron captar indicios de un proceso muy importante llamado difusión ambipolar, que ayuda a que la gravedad venza la resistencia del magnetismo y empiece a crearse la estrella.El estudio, publicado en la revista Astronomy & Astrophysics por investigadores de la Universidad de Hyushu y el Instituto Max Planck de Física Terrestre, nos ofrece una mirada inédita a una de las etapas más esquivas del cosmos. Un núcleo prestelar es, en esencia, una acumulación muy compacta de gas que se ha vuelto más densa que su entorno, pero que todavía no ha encendido una protoestrella en su interior. En este frío extremo, la gravedad empuja todo el material hacia el centro, mientras que la presión y el magnetismo frenan la caída. Si el soporte magnético resiste, la nube se queda como está de forma indefinida; si se debilita, la gravedad hace que el colapso se vuelva inevitable.Una disputa de fuerzas a nivel molecular que decide el futuro de la estrella Para entender cómo se rompe este equilibrio, hay que fijarse en la composición eléctrica del gas de estas nubes, que no es del todo uniforme. En ellas conviven partículas neutras y partículas cargadas eléctricamente, llamadas iones. Los iones están acoplados al campo magnético, casi como si estuvieran atrapados en él, mientras que las partículas neutras son inmunes a este magnetismo. Sin embargo, cuando la nube se vuelve muy densa, la radiación externa apenas logra penetrar en su interior, lo que hace que disminuya la cantidad de iones. Al haber menos "obstáculos" con carga eléctrica, el gas neutro empieza a resbalar entre los iones y a hundirse hacia el centro bajo el influjo de la gravedad. A este desplazamiento se le conoce como deriva ion-neutro.Ver este fenómeno en directo es muy complicado. En un entorno tan gélido, la gran mayoría de las moléculas que los astrónomos usan habitualmente para rastrear el movimiento del gas terminan congelándose sobre el polvo cósmico, volviéndose invisibles para los telescopios. Para evitarlo, el equipo apuntó el telescopio de 30 metros del IRAM hacia L1544 y se fijó en dos moléculas muy particulares que resisten activas en zonas de alta densidad: el diazenilio deuterado, que es un ion, y el amoníaco monodeuterado, que es neutro. La idea era comparar la velocidad de ambas para comprobar si realmente se estaban moviendo a ritmos diferentes. Una estrella 1.500 veces más grande que el Sol acaba de explotar y lo han visto en tiempo realAl procesar los datos, los investigadores descubrieron que, efectivamente, no viajaban a la misma velocidad. Midieron la diferencia de apenas 0,05 kilómetros por segundo entre una molécula y otra. En nuestra escala, esta cifra parece insignificante, pero en el gélido y pausado interior de una nube estelar, ese pequeño desfase lo cambia todo. Nos indica que el gas neutro está acelerando hacia el centro del núcleo con mayor libertad que las partículas cargadas, las cuales siguen retenidas por el campo magnético. Es la primera prueba directa en un núcleo prestelar de que el magnetismo está perdiendo fuerza y cediendo terreno ante la gravedad.Hasta ahora, la difusión ambipolar era una pieza clave en las teorías de formación estelar, pero resultaba muy difícil de corroborar. Este descubrimiento en L1544 ofrece por fin una forma de comprobar si los modelos teóricos coinciden con la realidad del espacio profundo. También nos recuerda cómo un detalle microscópico, como el roce entre partículas a escala química, termina decidiendo el destino de estructuras cósmicas gigantescas. En el futuro, el equipo planea estudiar más núcleos prestelares para ver si este comportamiento es la norma y comprender mejor el largo y silencioso camino que recorre la materia antes de convertirse en una estrella.