Curro vuelve a su banco, pero deja abierta otra pregunta: ¿cómo está la Policía Local de Sevilla?

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Un banco vacío. Unos tornillos arrancados. Una silueta que faltaba donde un mes antes se agolpaban los sevillanos para hacerse la foto. La madrugada del sábado al domingo dejó en la Puerta de la Barqueta una imagen devastadora: Curro, la mascota más querida de la Expo 92, había desaparecido de su sitio. Horas después, la figura apareció a escasos treinta metros. El susto duró poco. La polémica, no.Porque lo que empezó siendo un episodio menor de vandalismo urbano —así lo calificó desde el primer momento el Ayuntamiento— ha terminado convertido en el enésimo capítulo del pulso que mantienen desde hace años los sindicatos de la Policía Local de Sevilla y el gobierno municipal de José Luis Sanz. Conviene decirlo con claridad desde el principio: no existe, a día de hoy, ningún dato que demuestre que la sustracción de la estatua tenga relación alguna con el estado de la plantilla policial. Lo que existe son dos lecturas contrapuestas de un mismo hecho. Y entre ambas, una ciudad que asiste al debate.Lo que se sabeLos hechos probados caben en un párrafo. La estatua de Curro, instalada hace apenas unas semanas como parte de la remodelación integral de la Puerta de la Barqueta —una actuación de unos 5.000 metros cuadrados y cerca de medio millón de euros de inversión—, fue arrancada de su banco durante la madrugada. Apareció poco después, a pocos metros del lugar. El Ayuntamiento anunció una investigación para localizar a los responsables. No hay, por el momento, detenidos ni autoría conocida.El alcalde condenó lo ocurrido, lo calificó de injustificable y lo enmarcó en otros episodios recientes de daños al mobiliario urbano. Hasta aquí, los hechos. Todo lo demás es interpretación. Y no es poca cosa lo que se interpreta, porque Curro no es una estatua cualquiera. El pájaro de pico multicolor diseñado por el ilustrador checo-alemán Heinz Edelmann acompañó a millones de visitantes durante los seis meses que duró la muestra que cambió para siempre la fisonomía de Sevilla en el glorioso año de 1992. Recuperarlo para la Barqueta era recuperar un pedazo de la memoria colectiva de los sevillanos. De ahí que su desaparición, aunque breve, corriera como la pólvora por redes y medios.Agentes de Policía Local de Sevilla en las inmediaciones de La Cartuja.- La lectura sindical: "No hay huelga encubierta, hay falta de efectivos"Sobre ese terreno abonado llegó la segunda derivada. Desde CSIF, consultados por lavozdelsur.es, descartan de entrada la tesis de la protesta silenciosa: "A día de hoy no tenemos ningún conflicto con el Ayuntamiento de Sevilla, ni hay huelga encubierta, ni nada más allá de la carencia que tenemos de efectivos y de la mala organización que tiene el cuerpo", explican fuentes del sindicato. No atribuyen, por tanto, el robo de Curro a la falta de agentes. Pero el diagnóstico que dibujan a continuación es demoledor.Los números que manejan son estos: en torno a 1.040 agentes en activo frente a los más de 1.400 que contempla la Relación de Puestos de Trabajo (RPT). Casi 400 vacantes sin cubrir. "Nos hemos convertido en una policía de eventos y lo que le importa al Ayuntamiento es que salgan bien los eventos. Pero es que a día de hoy no se están cubriendo ni los eventos", sostienen desde la organización sindical.El dato más llamativo de cuantos aportan es el de las patrullas de fin de semana. Este medio ha podido comprobar el fondo de esa denuncia: según el cuadrante de servicio del pasado fin de semana, al que ha tenido acceso este periódico, sábado y domingo había únicamente cinco patrulleros para atender las incidencias de los barrios canalizadas a través del 092 y el 112.Existían, eso sí, otros efectivos asignados de forma específica a eventos y procesiones, un matiz que conviene subrayar: la ciudad no estaba sin policía, pero la cobertura ordinaria de los barrios descansaba en cinco vehículos patrulla. La explicación que ofrecen los sindicatos es aritmética: la plantilla se divide en cuatro grupos de trabajo que rotan los fines de semana, y el grupo de turno debe repartirse a su vez entre mañana, tarde y noche. "Y eso te da para lo que te da", resumen.El retrato sindical se extiende, unidad por unidad, por todo el organigrama: una unidad de motoristas "que apenas tiene motoristas"; una unidad nocturna que entre semana funcionaría con cuatro o cinco patrulleros para toda la ciudad; una sala del 092 con dos o tres policías; una unidad de venta ambulante, la UMA, a la que "prácticamente no le queda policía"; y la ausencia de una unidad de atestados con efectivos suficientes, lo que obligaría a las unidades de barrio a asumir los accidentes de tráfico en detrimento de su propio trabajo. Denuncian, además, que desde principios de año no se montan controles preventivos de alcohol y drogas los fines de semana: "Eso es una dejación de funciones tremenda", afirman.Horas extras impagadas y 28 policías en el limbo¿Cómo se venía tapando ese agujero? Con servicios extraordinarios voluntarios. Y ahí, según CSIF, se ha roto la cadena. El sindicato asegura que el Ayuntamiento adeuda a los agentes los extraordinarios de la cumbre de la ONU celebrada hace más de un año, los festivos de noviembre y diciembre y el Plan Navidad. "La gente dice: hasta que tú no me pagues lo que me debes, yo no voy a seguir haciendo servicios extraordinarios", explican. El resultado, siempre según su versión, es que la vía tradicional para reforzar los fines de semana se ha secado, en parte por las limitaciones presupuestarias del propio Consistorio y en parte por el plante voluntario de la plantilla.A ello suman un episodio reciente que consideran sintomático: el pasado día 6 terminaron su formación en el Iespa 28 nuevos policías que, desde esa fecha, podrían haber tomado posesión e incorporarse a las calles. El Ayuntamiento, sin embargo, no ha programado la toma de posesión hasta este viernes 17 de julio. "Encima de que estamos mal, el Ayuntamiento se toma las cosas sin prisa", lamentan desde el sindicato, que ve en esas dos semanas de espera la prueba de una gestión sin urgencia.El caso del Grupo de Actuación y Respuesta (GAR) merece capítulo aparte. La unidad, creada con 34 agentes procedentes en su mayoría de los distritos, acumularía ya 31 solicitudes de renuncia, según los datos que maneja CSIF. El motivo, sostienen, es que las condiciones pactadas —una valoración de puestos y un calendario apoyado en horas extraordinarias— no se están cumpliendo, con retribuciones de Semana Santa y Feria aún pendientes de regularizar. "Ellos entraron con unas condiciones y el Ayuntamiento no está cumpliendo. Prefieren volverse a las unidades donde estaban", resumen.Las críticas suben de tonoEl malestar sindical no se queda en las cifras y apunta directamente a nombres propios. Desde CSIF cargan contra el delegado de Seguridad y Recursos Humanos, Ignacio Flores, de quien han pedido la dimisión en varias ocasiones y al que acusan de "no estar haciendo nada por la Policía Local". Y extienden el reproche a la jefatura del cuerpo, a la que atribuyen una gestión "nefasta" que estaría potenciando unidades no operativas en detrimento de las operativas: "Ni está ni se le espera", dicen del jefe de la Policía Local.El diagnóstico que trazan es el de una estructura sin mando efectivo: "Es un barco que no tiene capitán. Cada mando de distrito hace y deshace como cree conveniente; al final somos reinos de taifas", describen, no sin cierta amargura: "Estamos desorganizados y me pesa que yo tenga que decir esto de la Policía Local de Sevilla", afirma Santiago Raposo, de CSIF-Policía Local de Sevilla. En ese esquema, las actuaciones en los barrios responderían más a la foto que a la planificación: batidas puntuales que se abandonan a las dos semanas, dispositivos contra los mercadillos irregulares que se montan dos domingos y desaparecen al tercero. "Al final vamos a salto de mata", concluyen."Estamos desorganizados"Recuerdan, además, que las reivindicaciones de fondo vienen de lejos y afectan a todos los sindicatos del cuerpo: una nueva RPT —que el propio alcalde habría prometido hace dos años en el Día de la Policía— acompañada de una valoración de puestos de trabajo; un calendario laboral que sustituya al vigente, que data de hace más de 20 años y que "se ha ido parcheando poco a poco, pero ha quedado obsoleto"; y un reglamento interno del que Sevilla carece, siendo, afirman, una de las pocas policías locales de Andalucía sin él. En cuanto al relevo generacional, sostienen que se jubilan más agentes de los que entran y que los procesos selectivos son "eternos": más de un año de oposición y nueve meses de academia. "Un policía nuevo no lo ves hasta dentro de dos años", advierten.La lectura municipal: un acto aisladoFrente a ese relato, el Ayuntamiento de Sevilla opone otro radicalmente distinto. Fuentes municipales rechazan de plano cualquier vínculo entre la desaparición de Curro y la situación de la plantilla y recuerdan un argumento difícil de rebatir: ningún dispositivo de seguridad, ni aun duplicando el número de agentes, puede garantizar vigilancia permanente en cada rincón del espacio público.La tesis del gobierno local es que el robo de la estatua constituye un acto puntual que no puede utilizarse como termómetro de la seguridad en Sevilla. Defienden, además, que la ciudad estuvo correctamente atendida durante el fin de semana del incidente y niegan que existiera falta de cobertura alguna que pudiera explicar lo sucedido. En su interpretación, el caso Curro está siendo utilizado para alimentar un debate político y sindical que existía mucho antes de que la estatua se moviera de su banco.Y en esto último, al menos, no les falta razón: el enfrentamiento viene de lejos. El Ayuntamiento defiende las convocatorias impulsadas para incorporar nuevos agentes —extremo que el propio sindicato reconoce, aun considerándolo insuficiente— y asegura estar mejorando progresivamente los recursos disponibles. La distancia entre ambas posiciones sigue siendo considerable.Dos relatos y una preguntaQueda, entonces, el balance honesto de lo que este episodio permite y no permite concluir. Permite constatar que una estatua fue arrancada y devuelta, que hay una investigación en marcha y que el conflicto entre sindicatos y Ayuntamiento goza de una salud incombustible. No permite, en cambio, establecer relación causal alguna entre lo primero y lo segundo.Lo que el caso Curro sí ha hecho es funcionar como espejo. Un espejo pequeño, casi anecdótico, en el que la ciudad ha visto reflejada una discusión mucho mayor: la de si Sevilla dispone hoy de los recursos policiales que necesita una gran capital o si, como sostienen los sindicatos, las carencias que denuncian empezarán tarde o temprano a pasar factura. Curro espera estar de vuelta pronto en su banco de la Barqueta, con su pico multicolor y su memoria del 92 intacta. Los sevillanos volverán a fotografiarse a su lado. Pero cada vez que alguien se siente junto a él, la pregunta seguirá ahí, sentada en el mismo banco: qué ciudad quiere ser Sevilla y con cuántos policías piensa serlo.