Había estudiado finanzas en Estados Unidos gracias a una beca conseguida a través del tenis. Trabajó en una de las cuatro mayores consultoras del mundo, y, luego, en Europastry, pero el gusanillo del emprendimiento seguía ahí, así que cuando dos grandes amigos que había hecho gracias al tenis (Alberto y Alejandro Rosas), le propusieron embarcarse en Didit, una plataforma que ayuda a las empresas a verificar la identidad de sus usuarios y prevenir el fraude, apenas lo dudó. Son brillantes, así que me convencieron enseguida, recuerda Héctor Carrillo, que poco sospechaba entonces que de aquella startup’ ultratecnológica nacería una clínica de medicina estética que estaría dirigiendo él mismo un año después.Seguir leyendo....