España venció este martes por 2-0 a Francia y, por segunda vez en su historia, disputará la final de una Copa del Mundo. Dieciséis años después de conquistar el título en Sudáfrica, la selección española volverá a pelear por la estrella este domingo. El triunfo es mérito de un equipo en el que prácticamente todos los jugadores están ofreciendo un nivel superlativo. Sin embargo, el dominio ejercido ante Francia tampoco puede entenderse sin la figura de Fabián Ruiz. El centrocampista andaluz, bicampeón de Europa con el Paris Saint-Germain, perdió protagonismo después de ser titular en el primer partido del torneo, pero recuperó el puesto de Pedri en los cuartos de final contra Bélgica. No desaprovechó la oportunidad: marcó el primer gol, exhibió su poderío físico y volvió a demostrar que su calidad técnica encaja como un anillo al dedo en el estilo de Luis de la Fuente. Ante Francia repitió en el once y volvió a ser una de las piezas del centro del campo español. Pero detrás del futbolista que gobierna partidos del máximo nivel y acumula títulos con España y el PSG existe una historia marcada por los sacrificios familiares, las dificultades económicas y el esfuerzo de una madre que trabajó durante años para que sus hijos pudieran salir adelante. Fabián Ruiz Peña nació el 3 de abril de 1996 en Los Palacios y Villafranca, un municipio sevillano del que también han salido internacionales como Jesús Navas y Gavi. Comenzó a jugar en la escuela de fútbol La Unión de Los Palacios y, cuando solo tenía ocho años, ingresó en la cantera del Real Betis. Su infancia cambió cuando sus padres se separaron y su madre, Chari Peña, quedó al frente de sus tres hijos. La situación económica de la familia era complicada y ella trabajaba prácticamente todos los días de la semana en labores de limpieza, mientras compaginaba el empleo con los estudios de sus hijos y los desplazamientos de Fabián a Sevilla para entrenarse. El propio jugador recordó aquella etapa en una entrevista concedida a José Carlos Carabias en 2024. Fabián reconoció que su madre ganaba poco y que mantener una vivienda, pagar los estudios y llevarlo a los entrenamientos suponía un esfuerzo enorme. «No fue fácil, lo pasamos mal económicamente», admitió. Una de sus tías, pese a que tampoco atravesaba una buena situación, ayudó a la familia durante los momentos más delicados. La relación de la familia con el Betis iba mucho más allá del terreno de juego. Mientras Fabián avanzaba por las categorías inferiores, el club encontró un empleo para su madre como trabajadora de la limpieza. Chari limpiaba las instalaciones e incluso los mismos vestuarios en los que su hijo se cambiaba antes y después de los entrenamientos. El futbolista nunca ha ocultado que, durante los primeros años, aquella situación le provocaba cierta incomodidad. Era un adolescente y le daba vergüenza que sus compañeros vieran a su madre trabajando allí. Sin embargo, con el tiempo entendió la dimensión de aquel sacrificio y esa vergüenza terminó convirtiéndose en admiración. «Sentía orgullo de ver a mi madre trabajando allí», explicó años después. Su camino hacia la élite tampoco fue completamente sencillo. Durante buena parte de su formación era un jugador muy delgado y existían dudas sobre su capacidad para competir físicamente. Todo cambió alrededor de los 14 años, cuando experimentó un enorme estirón y creció cerca de 30 centímetros. La técnica que siempre había mostrado comenzó entonces a estar acompañada por el físico que hoy le permite dominar el centro del campo. Fabián debutó con el primer equipo del Betis en 2014, aunque tuvo que marcharse cedido al Elche para encontrar la continuidad que todavía no tenía en Sevilla. Regresó al conjunto verdiblanco, se consolidó en Primera División y en 2018 fue fichado por el Nápoles. Cuatro años después, en el verano de 2022, dio otro salto en su carrera al firmar por el Paris Saint-Germain. Su llegada al fútbol italiano también cambió definitivamente la vida de su familia. Cuando comenzó a disponer de estabilidad económica, una de sus primeras decisiones fue pedirle a su madre que dejara de trabajar. A Chari le costó abandonar una rutina que había mantenido durante tantos años, pero finalmente pudo acompañar a su hijo en Nápoles y disfrutar de una carrera construida, en buena medida, gracias a su sacrificio. Desde entonces, Fabián ha ganado títulos en Italia y Francia, se ha convertido en campeón de Europa con España y ha conquistado dos Champions consecutivas con el PSG, la segunda de ellas en mayo de 2026 frente al Arsenal. Pese a todo, continúa presentándose como alguien profundamente ligado a Los Palacios y a los valores con los que creció. «Somos una familia humilde, llana, del pueblo», resumió en aquella entrevista.