Crónica | El imperio de la minería ilegal: así se mueve el billonario negocio ilícito en el Bajo Cauca antioqueño

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Operación de la minería ilegal en orillas del río Nechi (Antioquia). Imagen: Valora AnalitikEs mediodía sobre el río Nechí. La temperatura supera los 40 grados centígrados. En esta zona del Bajo Cauca antioqueño, se concentra una de las principales actividades de producción de oro en Colombia. El calor es tan intenso que parece aplastar cualquier sonido. Solo se escucha el rugido permanente de las plataformas de la minería legal que remueven enormes cantidades de tierra en busca del metal precioso.Dragas para la extracción ilícita de oro. Imagen: Valora Analitik Junto a esas máquinas circulan en el río pequeñas barcazas negras, desgastadas por el uso, de cuyos motores brota un humo espeso. Allí comienza a hacerse visible uno de los mayores contrastes de Colombia: la convivencia entre la economía legal y la ilegal.Este es el video de cómo se ve desde el cielo el impacto de la minería ilegal en el territorio.Así funcionan las cosas en El Bagre, Antioquia, lugar hasta el cual viajó Valora Analitik para conocer de primera mano esta realidad que aqueja al país, la economía y miles de familias. La empresa Mineros opera allí uno de sus principales activos: Nechí. La compañía posee extensos títulos sobre áreas con potencial de oro. Sin embargo, alrededor de esa operación también prospera otro mercado: el de la minería ilegal. Los grupos al margen de la ley, la economía informal y cientos de personas que ven en el oro una oportunidad para salir adelante, confluyen en la misma búsqueda del viejo sueño del Dorado.Draga para la extracción ilícita de oro al lado de un puente vehicular. Imagen: Valora AnalitikRecorrer las calles de El Bagre deja al descubierto una realidad colombiana de la que mucho se habla, pero que pocas veces se observa de cerca. Tractomulas cargadas con maquinaria destinada, presuntamente, a operaciones ilegales circulan por las vías con absoluta normalidad, como si acabaran de salir de un concesionario. Junto a puentes de gran tráfico se levantan muelles y astilleros donde se fabrican dragas para la extracción ilícita de oro. Cada una cuesta cerca de $8.000 millones, una cifra irrisoria frente a las billonarias ganancias que deja este negocio ilícito.En el río Nechí, de aguas amarillas por el barro removido y los químicos utilizados en la extracción, las barcazas navegan sin prisa transportando grandes tanques de combustible. Su destino son las dragas de la minería ilegal, cuyo principal insumo es el diésel que alimenta la búsqueda incesante del oro.Operación de minería ilegal. Imagen: Valora Analitik“Usted todo lo que va a ver ahorita es tres o cinco veces más grande que lo que hay en la operación de Mineros. Ellos tienen un mercado mucho más robustecido, instrumentalizan a los niños, a los indígenas, y los ponen ahí en caso de cualquier intervención del Estado. Hacen fiestas. La manera de atacar eso es frenando el diésel y el mercurio, y mirando quién se volvió rico de la noche a la mañana, quién pasó del Sisbén a tener un carro de $300 millones”, expresó una de las personas que trabaja en el mercado legal.Otra de las paradojas de la región es su aparente tranquilidad. A primera vista, El Bagre parece un municipio apacible. No hay soldados patrullando cada esquina ni hombres armados recorriendo las calles. Hay pobreza, dificultades para navegar el río debido a la actividad minera ilegal, y una ola de calor que golpea con más fuerza que en ciudades como Medellín o Bogotá. Pero detrás de esa calma se mueve una economía de billones de pesos que procura mantenerse lejos de los reflectores.Cuando el sol cae con mayor intensidad, un sobrevuelo en helicóptero revela la verdadera dimensión del problema. Desde el aire aparecen las cicatrices que la minería ha dejado sobre el territorio. A la margen derecha del río Nechí se observan áreas recuperadas por Mineros: zonas verdes donde la vegetación comienza a regresar. Al otro lado, en cambio, el paisaje parece sacado de otro planeta. Donde antes hubo bosque hoy quedan enormes extensiones de tierra desnuda, lagunas de aguas rojizas, amarillas, moradas y un terreno que recuerda más a un cráter lunar que a uno de los ecosistemas más biodiversos de Colombia.Impacto en la naturaleza de la minería ilegal en el Bajo Cauca. Imagen: Valora AnalitikNo hay alcaldía, gobernación ni Gobierno nacional que haya logrado detener esta dinámica en una región de geografía agreste y difícil acceso. A la ausencia histórica del Estado se suman las limitadas oportunidades económicas. Para muchas personas, la minería ilegal termina siendo la única posibilidad de obtener ingresos, aun cuando eso implique trabajar sin garantías y bajo el control de estructuras criminales.Es probable que quienes realmente encuentren la fortuna no sean quienes pasan el día removiendo tierra bajo el sol. Nadie sabe con certeza quiénes dirigen el negocio, de dónde provienen los recursos que lo financian o quiénes reciben las mayores ganancias. Lo que sí se ve son cientos de trabajadores sin seguridad social, sin pensión, sin estabilidad y sin derechos laborales.Impacto en la naturaleza de la minería ilegal en el Bajo Cauca. Imagen: Valora AnalitikEn El Bagre, como en muchas otras regiones donde el oro termina en el mercado negro, no existen impuestos, controles estatales ni permisos ambientales que limiten la explotación. Lo que sí existe es una economía que mueve billones de pesos cada año, extrae enormes cantidades de oro y deja tras de sí un paisaje devastado por el mercurio y otros químicos. Territorios que alguna vez fueron selva ahora son apenas el recuerdo de un pasado cada vez más lejano, ya convertidos en un inmenso cementerio de la naturaleza.Es posible que en El Bagre, y en buena parte del Bajo Cauca antioqueño, también haya caído la paradoja de las economías extractivas: la del petróleo, el gas o la minería. Una maldición que se repite en varias geografías, en la que territorios inmensamente ricos en recursos naturales tienen los más bajos niveles de desarrollo económico y social.Pero esto no solo ocurre en esta región, ni únicamente en Colombia. En muchas zonas del mundo, quienes nacen sobre estos recursos heredan una cultura en la que la extracción se convierte en una forma de subsistencia, en un modo de vida. El colegio, la universidad, la educación y la posibilidad de un futuro distinto quedan opacados por la búsqueda incesante del dorado; por la ilusión de los más humildes de encontrar $300.000 o 400.000 en un día de suerte.Dragas para la extracción ilícita de oro. Imagen: Valora AnalitikNo existe un mañana. Tampoco un pasado. Solo existe el presente. Solo existe la fiebre del oro, bajo la cual casi todo parece justificarse: pasar por encima de la naturaleza, de quienes habitan el territorio, y en ocasiones, de la ley. Todo ello ocurre en un Estado inerme, siempre más pequeño que los territorios, incapaz de ejercer soberanía y control.Al abandonar El Bagre, el paisaje vuelve a hablar por sí solo. Desde el aire reaparecen las lagunas de tonos amarillos, azules y rojizos, cicatrices abiertas sobre una tierra que alguna vez fue verde. Pueden pasar inadvertidas para quien cruza la región por primera vez. Pero son, al mismo tiempo, la bienvenida y la despedida del municipio: el recordatorio de que, detrás de la fiebre del oro, queda un territorio árido, maltratado y envenenado por la minería ilegal.Este es el video de cómo se ve desde el cielo el impacto de la minería ilegal en el territorio.