El día que Tadej Pogacar se volvió generoso, el Tour lloró como siempre hace cuando cae y abandona un campeón; un vencedor, el que siempre había acompañado al fenómeno esloveno, primero por delante y luego por detrás en el podio de París. Jonas Vingegaard se dio un trompazo terrible a 24 kilómetros de la meta del Plateau de Solaison, se rompió la clavícula derecha y se metió en la ambulancia mientras el jersey amarillo daba otra exhibición completa, que fue más humana que física.Seguir leyendo....