La naturaleza escondía en un raro mineral ruso una superconductividad que parecía exclusiva del laboratorio. La miasita obliga a buscar los materiales cuánticos del futuro en lugares inesperados

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Su composición existe en la naturaleza, pero fueron necesarios cristales ultrapuros y temperaturas cercanas al cero absoluto para revelar el fenómeno. El hallazgo no solucionará mañana las pérdidas eléctricas, aunque derriba una frontera que los físicos creían mucho más firme.