Durante buena parte de la invasión, el avión más avanzado de Moscú permaneció lejos de las zonas donde podía ser derribado. Su presencia fue intermitente, con muy pocas imágenes verificables y misiones concebidas para reducir la exposición. En 2026, sin embargo, el Su-57 ha regresado a las operaciones con mayor frecuencia y su actividad ya no parece limitada a vuelos de prueba o demostraciones propagandísticas.Ese regreso tiene una definición muy concreta: lanzamientos desde territorio controlado por Rusia, fuera del alcance habitual de los sistemas antiaéreos ucranianos. La imagen del reactor que penetra las defensas enemigas no coincide con el patrón observado. Lo que aparece en los avisos de seguimiento es un avión que dispara desde lejos, aprovecha sus sensores y vuelve a una base situada a cientos de kilómetros.La cautela explica buena parte de su historia reciente. Moscú dispone de pocos ejemplares, cada pérdida revelaría tecnología sensible y el programa sigue necesitando clientes extranjeros. Por eso, el verdadero significado de estas salidas está en la manera en que Rusia administra el riesgo: emplea una plataforma de quinta generación sin exponerla como cabría esperar de un aparato diseñado para abrirse paso entre radares.Misiones desde la retaguardia Los registros abiertos detectaron un repunte claro durante mayo de 2026, después de varias semanas de actividad reducida. Los avisos situaron aeronaves de este tipo en corredores de lanzamiento asociados a ataques sobre distintos sectores del frente. Son indicios consistentes, aunque no partes operativos: permiten reconstruir horarios, rutas aproximadas y posibles armas, pero rara vez confirman el blanco o el resultado de cada salida.La información publicada por Defence Blog describe varias salidas a lo largo de todo el frente y menciona grupos de aparatos en una intensidad poco habitual para una flota tan corta. El patrón seguiría basado en los misiles de crucero Kh-59MK2 y Kh-69, lanzados desde unos 200 a 400 kilómetros por detrás de la línea de contacto. Esa distancia convierte al Su-57 en una plataforma de ataque remoto y complica cualquier intento de interceptarlo.El Ministerio de Defensa británico ya situaba el uso del modelo contra Ucrania desde al menos junio de 2022. La novedad de 2026 sería el ritmo, no la doctrina. Igual que ocurre con otras combinaciones de avión y misil preparadas para el ataque a distancia, la supervivencia depende tanto del alcance del proyectil como de la firma del aparato. En este caso domina un empleo a distancia mantenido desde 2022.Sensores, bodegas y armamento El programa nació con la denominación PAK FA y realizó su primer vuelo el 29 de enero de 2010. La primera unidad de serie llegó a las Fuerzas Aeroespaciales en 2020, tras años de retrasos y la pérdida de un ejemplar durante las pruebas de aceptación. Sobre el papel, es un bimotor monoplaza concebido para atacar objetivos aéreos, terrestres y navales, volar a velocidad supersónica sin poscombustión y maniobrar mediante empuje vectorial.Su mayor ventaja práctica está en la combinación de sensores. El conjunto N036 Byelka reparte tres antenas de barrido electrónico activo en banda X entre el morro y los laterales, apoyadas por dos antenas de banda L en los bordes de ataque de las alas. A ello se suman el sistema electroóptico 101KS, receptores de alerta de aproximación de misiles y el equipo de guerra electrónica L402. El piloto puede buscar emisiones, calor y ecos de radar a la vez.Las dos bodegas principales admiten armamento aire-aire o aire-superficie sin colgarlo bajo las alas. Para ataques terrestres, el Kh-69 concentra la atención: es subsónico, vuela bajo y las estimaciones públicas sitúan su alcance entre unos 290 y 400 kilómetros. Contra aeronaves puede emplear el R-37M de largo alcance, la familia R-77 y el R-74M2 de corto alcance. Las bodegas sirven para atacar sin aumentar en exceso el eco radar.La baja observabilidad no equivale a invisibilidad. La forma del fuselaje, los materiales y el armamento interno reducen la detección, pero los motores, las tomas de aire y algunos sensores presentan compromisos distintos de los asumidos en el F-22 o el F-35. El Su-57 prioriza además la velocidad y la maniobrabilidad. Esa mezcla encaja con una sexta generación que ya valora más la conexión entre plataformas que el sigilo aislado de una sola aeronave.Una flota escasa y muy protegida La parte inferior del Su-57El número exacto de aparatos listos para operar sigue sin conocerse. Un análisis de RUSI estimó en 2024 que había entre 15 y 20 unidades en servicio de primera línea; medios especializados situaban la cifra cerca de veinte en 2026. La comparación da la medida del problema: Rusia puede perder decenas de aviones de modelos anteriores y mantener su estructura, mientras el daño de uno o dos Su-57 afecta a una parte visible de toda la flota.Rostec anunció el 9 de febrero de 2026 la entrega de un «gran lote» con sistemas de a bordo y armas actualizados. No reveló cuántos aviones lo formaban. El contrato estatal contempla 76 unidades para 2028, pero las entregas, los prototipos y los aparatos sometidos a modernización se mezclan a menudo en los recuentos públicos. Pese a los anuncios industriales, la cifra real continúa oculta.Los aeródromos han resultado ser su punto débil. En junio de 2024, un ataque ucraniano dañó al menos un ejemplar estacionado en Ajtúbinsk, a 589 kilómetros de la línea de contacto. El 25 de abril de 2026, las Fuerzas Armadas de Ucrania aseguraron haber alcanzado varios Su-57 y un Su-34 en Shagol, a unos 1.700 kilómetros de la frontera. Moscú no confirmó esas pérdidas, pero Ucrania ha demostrado que puede amenazar aeronaves muy lejos del frente mediante la guerra con drones.La nueva tarea antidrones Tres generaciones distintas de cazas volando juntasA comienzos de julio aparecieron fotografías de un Su-57 con una configuración insólita. Bajo las alas llevaba dos misiles infrarrojos de corto alcance R-73 o R-74, y bajo la góndola izquierda se apreciaba una barquilla que podría pertenecer a la familia electroóptica 101KS-N. The War Zone considera plausible que el conjunto esté destinado a localizar drones y misiles de crucero, aunque también admite que podría corresponder a una prueba de armas.Los soportes externos reducen parte de la ventaja radar, pero eso importa poco en una patrulla sobre el interior de Rusia. Los misiles antiguos resultan adecuados para blancos lentos y dejan libres las bodegas. A la vez, la barquilla aporta imagen infrarroja para identificar objetivos pequeños dentro de un entorno saturado por guerra electrónica. El cañón de 30 milímetros y 150 proyectiles ofrece otra opción, aunque acercarse a un dron cargado de explosivos entraña peligro para el propio piloto.Defense Express vinculó estos aviones con la defensa de Omsk durante el ataque ucraniano del 6 de julio de 2026, a unos 2.500 kilómetros de la frontera. La refinería fue alcanzada y no hay imágenes oficiales que prueben derribos realizados por el Su-57. Por ahora, la salida encaja con la nueva configuración, pero el éxito defensivo tampoco está demostrado.La lógica económica es incómoda para Moscú: los cazas tripulados y sus misiles cuestan mucho más que muchos drones de ataque. La ecuación cambia cuando el blanco defendido es una refinería, una fábrica de armas o una base aérea. Rusia puede aceptar un intercambio caro para evitar daños mayores, aunque cada patrulla consume horas de vuelo de la aeronave que más necesita preservar.El siguiente paso ya está en el aire. El Su-57D biplaza voló por primera vez el 19 de mayo de 2026 y ha sido presentado como entrenador y puesto de mando para grupos de aparatos tripulados y no tripulados. Todavía es un prototipo. Si la versión madura, el futuro del programa pasará por coordinar drones, sensores y armas desde la retaguardia, una función muy distinta de la imagen clásica del reactor invisible que entra solo en territorio enemigo.