Alerta máxima: 50.000 argentinos, 30.000 ingleses y 2.500 policías en el partido de mayor riesgo del Mundial

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A falta de cinco días para que el Mundial llegue a su fin, poco se puede decir del comportamiento de las 48 aficiones que se han desplazado a Estados Unidos, México y Canadá durante este último mes y medio. Salvo situaciones muy puntuales, y más a nivel individual que colectivo, rápidamente abortadas, este Mundial está siendo ejemplar en las gradas y fuera de ellas. Y ese es el objetivo de la FIFA y de la ciudad de Atlanta este miércoles en la capital del estado de Georgia. Aquí se juega el partido «más complejo de todo el torneo», como aseguran fuentes del organismo a ABC. En juego, un puesto en la final del Mundial entre dos países con uno de los contextos políticos y sociales más tensos de los dos últimos siglos. «Es un inglés, el que no salta es un inglés», canta la afición argentina con rutina. Antes, durante y después de cada partido. También en los días de entre partidos. Y aunque Scaloni quiso bajar las revoluciones desde el mismo momento en el que su equipo se metió en semifinales, tras eliminar a Suiza en Kansas, calificando el duelo ante Inglaterra de «solo un encuentro de fútbol», la realidad es que no lo es. 80.000 aficionados se esperan este miércoles en Atlanta, 50.000 de ellos argentinos y 30.000 ingleses. Se estima que 20.000 vienen sin entrada y todos ellos no caben en el FanFest del downtown de la ciudad, solo a 10 minutos andando del estadio. Habrá casi 2.500 policías, entre la seguridad local, estatal y privada, pendientes de que el Inglaterra-Argentina sea nada más que un partido de fútbol. La ciudad de Atlanta ha reforzado la seguridad en todo el centro de la ciudad y en los hoteles de ambas selecciones. De hecho, el lunes se produjo una reunión entre la FIFA, el FBI, representantes de los cuerpos policiales de Georgia y Florida, y también de la policía inglesa y argentina, en la cual quedó fijada la coordinación del dispositivo de seguridad. Un trabajo que se viene haciendo desde antes del inicio del torneo, cuando el operativo argentino de cooperación internacional conocido como 'Alerta Halcón' comunicó a las autoridades estadounidenses los datos de 35.000 aficionados, todos ellos barras bravas, que no tenían, ni siguen teniendo, permiso para viajar a Estados Unidos a presenciar un partido del Mundial. Hinchas con antecedentes violentos y que tienen derecho de admisión en los estadios argentinos. El mismo modus operandi llevó a cabo Inglaterra. Antes del inicio del Mundial, el Reino Unido facilitó la base de datos correspondiente a los aficionados incluidos en la 'Football Banning Orders', un listado en el que hay cerca de 2.500 personas con prohibición judicial para asistir a partidos de fútbol. Una colaboración que, además, está siendo reforzada estos días con un intercambio permanente de información entre la UK Football Policing Unit y las fuerzas de seguridad de Estados Unidos. El objetivo es evitar que alguno de estos 2.500 hinchas ingleses que están fichados en la 'Football Banning Orders' y que estaban obligados a entregar su pasaporte antes del inicio del Mundial, y no lo hicieron, puedan entrar en el país norteamericano. Otra de las medidas que se pondrán en marcha durante este miércoles será la distinción por accesos para la entrada de ambas aficiones al Atlanta Stadium. La hinchada argentina deberá ingresar en el estadio por la puerta número 4 y la inglesa hará lo propio por la puerta 3. Ambas están en extremos opuestos y, de este modo, habrá corredores diferenciados desde las zonas de reunión de cada afición hasta sus respectivos accesos, con el objetivo de minimizar cualquier punto en común de encuentro que pueda generar un conflicto. Del mismo modo se ha querido proceder con los bares y restaurantes de la ciudad, pero finalmente no será así. La ciudad no tendrá una segregación entre argentinos e ingleses en la hostelería, pero sí se ha diseñado un mapa de vigilancia sobre los principales distritos de ocio y zonas de reunión. Tanto antes como después del partido, donde el libre consumo de alcohol, inclusive dentro del estadio, unido al resultado del encuentro, puede provocar picos de tensión. Con todo este dispositivo, el mensaje que quieren trasladar la FIFA y las autoridades norteamericanas es de tranquilidad y cautela. Ambos organismos esperan que todo este trabajo preventivo dé sus frutos y no tienen intención ninguna de alarmar a los asistentes al partido, pero entienden que estas medidas de precaución son las que debe haber ante la sensibilidad histórica de los partidos entre Argentina e Inglaterra. Hay mucho en juego, además, de una final de un Mundial.