Los Mundiales son espacios temporales únicos, inconexos con el tiempo que les precede y el que está por venir y que tan solo obedece a un hilo que vive y muere cada cuatro años, el que conecta un torneo con otro, sazonando la memoria de quiénes viven con el Mundial como marcador temporal. Es ahí, no después, no antes, cuando emerge lo inesperado, el talento se reafirma o se cae y las leyendas, las que uno recuerda para siempre, se hacen. Rodrigo Hernández no podía irse de este universo concreto, único, sin un Mundial que rectificase lo ya sabido: que es uno de los mejores centrocampistas de siempre. Su fútbol es escuela, y Francia, que tiene todo el talento del mundo, no lo ha podido aprender. Los últimos 20 años del fútbol español estuvieron en el centro del campo que le ha ganado a Francia.Seguir leyendo....