«Tengo cáncer. Ya tiene nombre y apellidos: Linfoma de Hodgkin ». Así anunciaba Dani Rovira su enfermedad el 20 de marzo de 2020, en pleno confinamiento por la COVID. Después de pasar los meses más difíciles de su vida -sin perder la sonrisa y con una actitud siempre positiva-, casi medio año después el actor volvió a hacer uso de sus redes sociales para dar la buena noticia: « Hoy es el primer día del resto de mi vida . ¡Estoy curado! Todo acaba y todo empieza hoy. Seis meses de subida a una de las montañas más duras a las que me he enfrentado, pero al fin llegué a la cima y, creedme, las vistas desde aquí son preciosas y reveladoras», escribió entonces. Momento que aprovechó también para para agradecer a su familia, amigos y personal sanitario, incluso a las personas desconocidas que le habían animado durante el proceso, todo lo que habían hecho por él en estos meses tan difíciles: «De una manera u otra, han aliviado y ayudado en mi subida a esta gran escarpada. El ser humano es, de raíz, maravilloso y he podido comprobarlo», dijo. «No soy mejor que nadie pero, de lo que estoy seguro es de que el Dani que ha llegado a la cima, es infinitamente mejor que el que hace un año andurreaba por llanuras sin importancia », sentenció. Desde entonces, el intérprete ha hablado sobre la enfermedad sin tapujos y ha mostrado siempre su experiencia de forma positiva para ayudar a otras personas que estén sufriendo lo mismo o algo parecido a lo que padeció él hace ahora seis años. Este fin de semana, Dani Rovira ha publicado una impactante imagen en su perfil de Instagram. En ella aparece haciéndose un selfie en un espejo, sin camiseta, y mostrando una de las cicatrices que le dejó el Linfoma de Hodgkin. «Hoy se cumple un año de esta primera foto. Una vena dañada y dos operaciones quirúrgicas, una costilla de menos y un muelle de más. Y la vida patas arriba», ha comenzado diciendo en el texto que acompaña la fotografía. «Después llegaron miedos infinitamente mayores, cuando la vida, que es muy puta, me arrebató algo más mío que mis propios huesos. Y cuando no veía asideros, aprendí a agarrarme a una brizna de aire ardiendo», ha añadido justo antes de confesar que durante ese tiempo «me he roto y recompuesto tantas veces que los miedos se me han hecho pequeñitos. Y me siento un gigante al lado de ellos», justo antes de comenzar su curación: «Luego, de a poquito, volvió la reconquista del sentido a todo: la familia, los libros, la música, los paseos perrunos, los amigos (contados), la comedia, la terapia, el cine, el placer de contemplar, el gazpacho en verano y un pucherito en invierno…». Y ha finalizado diciendo: «¿Y por qué os cuento esto? Porque quizá me estés leyendo y andes en esa pantalla. Ten paciencia. Respira. Abraza lo que venga. Y acepta, suelta, ríndete…que rendirse , en ocasiones, es más de valientes de lo que piensas. Mira al monstruo a la cara , aguanta su aliento y permite que te rompa. No lo postergues más. Porque a veces, uno necesita estallar en pedacitos para poder construir algo nuevo. Alguien nuevo. Desde cero. Quién tú decidas. Y las cicatrices, no las escondas. Son el mapa de un dolor que enseña. Hónralas. Y respira de nuevo…que es una suerte rondar este planeta».