Fue una sorpresa, ninguno esperábamos que Ángel nos fuera a dejar en los albores del verano. Una enfermedad fulminante y todo se acabó. El tanatorio fue reconfortante al ver a Tere como siempre, apenada pero encarando la vida como una castellana de Valladolid, con una de esas miradas cómplices repletas de guiños que te hacen sentir querido. Amistades, familia… todos se acercaron a dar su último adiós pese a las citas mundialistas. Los tanatorios tienen eso, facilitan la despedida, el abrazo o la lágrima en un ambiente civilizado, casi aséptico al que todos nos hemos acostumbrado. Los pésames ya no se dan a la puerta de la iglesia porque todos nos sentimos más cómodos en un espacio decorado en grises... Ver Más