Christopher Nolan vuelve por fin a los cines con La Odisea. Tras el éxito abrumador de Oppenheimer que le consolidó como el director más querido por el gran público, el cineasta se atreve ahora con la adaptación de una de las historias más importantes de la humanidad. El escrito de Homero, que data del siglo VI a.C., supone un nuevo reto mayúsculo para el británico, que confía en conquistar por enésima vez a espectadores y taquilla ofreciendo un espectáculo digno de la gran pantalla. No en vano se trata del primer largometraje de ficción rodado íntegramente con cámaras IMAX.En La Odisea, Christopher Nolan nos lleva hasta Ítaca. Allí, la reina Penélope y su hijo Telémaco aguardan desde hace muchos años el regreso del rey, Ulises. Héroe de la Guerra de Troya, desapareció sin embargo junto a todos sus hombres al zarpar rumbo a casa. Pero con la civilización descomponiéndose, la isla necesita un monarca, por lo que decenas de pretendientes acuden cada día a palacio con la esperanza de que Penélope olvide a su marido y decida volver a casarse.Entre tanto, en una isla remota, un Ulises sin memoria trata de recordar qué ocurrió una vez que dejaron Troya atrás. La Odisea relata el largo viaje del héroe y su tripulación, quienes se enfrentaron a numerosos desafíos imposibles mientras cruzaban los mares y recorrían las islas del Mediterráneo, teniendo que hacer frente a los mismísimo dioses.En realidad, La Odisea de Christopher Nolan lleva meses en el centro de la polémica. Se ha hablado de falta de rigor histórico, como si lo que escribió Homero no fuese una aventura de fantasía ambientada en un mundo de gigantes, cíclopes, dioses y hechiceras. Otros lo han "matizado" para quejarse por la poca verosimilitud. Pero como decía Alfred Hitchcock, que de esto del cine algo sabía, "un tipo que habla de verosimilitud es un tipo sin imaginación".Nolan no ha hecho un documental sobre la Edad de Bronce ni la antigua Grecia. Ha hecho una película de ficción basada a su vez en una historia ficticia. Y a este respecto, como si hubiera querido ambientarla en el espacio exterior. El director es el que tiene el control sobre su obra y, si sus decisiones sirven para encajar las piezas y hacer crecer el filme, poco hay que reprochar. Aunque todos sabemos que las quejas venían por motivos que, en el fondo, nada tienen que ver con el cine. Pero Christopher Nolan demuestra con La Odisea que está por encima de eso. Muy por encima.Christopher Nolan abraza el dramaCon La Odisea, Christopher Nolan se atreve a adaptar quizá la mayor de todas las historias que jamás se han escrito. Un relato que Homero contó al mundo hace 2700 años y que, aún hoy en día, seguimos leyendo, viendo y analizando. Y uno de los puntos más interesantes y sorprendentes de la cinta es el enfoque que imprime el director. La travesía de Ulises bien se prestaba a hacer algo épico, de una escala gigantesca, rebosante de acción y momentos con la tensión disparada. Y evidentemente los hay. Pero Nolan decide abrazar el drama íntimo y reflexivo mucho más de lo previsto.Algo que demuestra ya en sus primeros compases, cuando se nos narra un prólogo de aproximadamente media hora destinado a presentar la situación de Ítaca. Veníamos a ver al mito luchar contra toda clase de monstruos y lo que nos lanza Nolan a la cara es, de repente, una historia mucho más sosegada, con la misma tensión pero a base de diálogos entre Penélope, Telémaco, Antínoo y el resto de personajes que permanecen en la isla.Se hace este prólogo, de hecho, demasiado largo. Es muy interesante, bastante necesario para la propia historia y el guion es francamente bueno. Pero se estira de más y puede poner un poco nerviosos a los que buscaban el chute de dopamina desde el principio. Eso sí, pasada la primera media hora, cuando de verdad arranca el viaje, La Odisea de Christopher Nolan pisa de verdad el acelerador y ya no hay marcha atrás. Aunque nunca pierde su enfoque dramático para reflexionar sobre diferentes temas, demostrando que el director ha alcanzado una madurez y serenidad muy notables en su carrera.La aventura por excelenciaComo decíamos, la aventura de Ulises en La Odisea no defrauda. Christopher Nolan demuestra con un nuevo ejercicio de dirección brillante que a día de hoy hay pocos narradores capaces de alcanzar su nivel de espectáculo, esa sensación de estar presenciando una obra mayor. Los mejores ejemplos son, sin lugar a dudas, los segmentos del cíclope Polifemo y de la bruja Circe.Se trata de dos momentos clave en la historia en los que Nolan nos hace olvidarnos de que estamos en una sala de cine. De pronto, nos encontramos atrapados en una oscura cueva o en una vieja casa en mitad de la nada. El director juguetea como nunca antes con el cine de terror para dejarnos dos pasajes absolutamente aterradores, espeluznantes, magníficos. El peligro que se siente ante estos dos desafíos de Ulises y su tripulación es real, tangible. Y como guinda del pastel, están realizados con unos demenciales efectos prácticos, prótesis y trucos cinematográficos en lugar de entregarse al CGI digital. Cine en mayúsculas. Sin duda, de lo mejor del año.Al margen de estos dos momentos de exquisitez, en general todo el viaje de Ulises es tremendamente entretenido. Es una película de 3 horas que se pasa en un suspiro. Aunque es verdad que, en comparación a los dos desafíos mencionados, el resto quedan mucho más difuminados. Uno de los mayores pecados de La Odisea de Christopher Nolan es que se echa en falta más épica y metraje para los retos de los Lestrigones, las sirenas, Escila y Caribdis, que apenas aparecen en pantalla un instante y se resuelven sin darnos tiempo de admirar la verdadera astucia de Ulises para sortearlos.La cinta no tiene tiempo material para abarcar una historia tan grande, pero el desequilibrio entre unas partes y otras es excesivo. Concesiones lógicas por la limitación de la propia obra, por grandiosa que sea, pero igualmente dolorosas. Sobre todo porque, puestos a recortar, quizá haya algunos otros momentos que podían haberse quitado en favor de lo que no vemos. Y a este respecto, como punto negativo también está el deficiente montaje de la primera parte de la película, que da saltos y cortes bastante abruptos, cortando escenas, planos y diálogos sin ninguna sutileza.De hecho, el ritmo se descompensa cuando el relato se para bruscamente para intercalar nuevas escenas de Penélope y Telémaco en Ítaca. Una vez más, son secuencias muy interesantes y de una profunda carga dramática y narrativa, pero rompen con la ilusión, con el hechizo que se crea al ver a Ulises luchando contra los dioses. Por suerte, a medida que avanza la historia, todos estos fallos van quedando atrás para dejarnos una segunda mitad de película extraordinaria y con un desenlace impresionante. Una gran dosis de acción exagerada y divertida que deja con un gran sabor de boca cuando se encienden las luces de la sala.Cine de estrellasAl margen de la buena historia, pese a las mencionadas fallas e inconsistencias, y la prodigiosa dirección de Nolan, La Odisea completa el cóctel con un reparto en estado de gracia. Todos cumplen estupendamente con sus respectivos papeles. Aunque quizá quienes se llevan la palma son Robert Pattinson y Samantha Morton. Él como el maquiavélico, codicioso, tramposo y seductor Antínoo en la enésima exhibición actoral de uno de los intérpretes más en forma de Hollywood. Y ella como la hechicera Circe, que con sus miradas y sus gestos provoca un temor acongojantemente triste que perfectamente podría valerle pugnar por los premios dentro de unos meses.Pero el resto no se quedan atrás. Matt Damon está impecable como Ulises en uno de los papeles más sólidos de su carrera. Y tanto Tom Holland como Anne Hathaway, John Leguizamo (con uno de los mejores personajes de la cinta), Jon Bernthal, Lupita Nyong'o o Charlize Theron, por nombrar a algunos, están espléndidos en sus respectivos roles. De nuevo, por poner una pequeña nota negativa al respecto, Zendaya está tan hipnóticamente bien como desaprovechada por falta de tiempo en pantalla. Las conversaciones de su Atenea con Ulises son magníficas, ojalá haber podido ver alguna más.El Nolan más reflexivoAl final, con todo el viaje de Ulises, lo que Christopher Nolan nos quiere contar realmente en La Odisea es algo más profundo. Es, como él mismo decía en las entrevistas, una película sobre la familia. Sobre un padre ausente que desea regresar a casa. Sobre una madre que debe mostrar una fortaleza inquebrantable y sobre un hijo al que la vida le robó una figura paterna. La cinta es un verdadero análisis del trauma.Pero La Odisea es también un comentario ético y moral muy actual sobre una sociedad que se encamina a su propia destrucción por la pérdida de valores. Y sobre cómo, si queremos reconstruirla, debemos acatar las consecuencias de nuestros propios actos en lugar de justificarlos y poner la diana en el extraño. Nolan apuesta por la empatía, por la cortesía, la nobleza y el compromiso. Por "las leyes de Zeus" en un mundo de "pueblos del mar" cada vez más egoísta y en el que solo miramos a nuestro propio ombligo. Sin ser nada particularmente sesudo y aunque sea con brocha gorda, por medio de su gran espectáculo Nolan quiere hablarnos como adultos.En definitiva, La Odisea es el regreso triunfal y la madurez de Christopher Nolan, que no ha perdido el toque tras Oppenheimer. Una película más dramática y adulta de lo esperado, pero que tampoco descuida la acción y el espíritu de aventuras. Cuenta con escenas que se sitúan entre las mejores del año, como los segmentos del cíclope y Circe. Una entretenidísima epopeya a gran escala que no es perfecta pero va de menos a más, con una banda sonora prodigiosa que hace retumbar el pecho y con un mensaje moralista muy actual y certero. Hay que verla en cines.La Odisea de Christopher Nolan se estrena en cines el 19 de julio.Seguir leyendo: ‘La Odisea’ (★★★★☆), Christopher Nolan no defrauda con un espectáculo épico