El manuscrito Voynich no es solo indescifrable, es deliberadamente tramposo. Un nuevo estudio explica cómo pudo diseñarse para engañar a todos… y por qué alguien podría estar más cerca de romperlo

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El Voynich lleva siglos burlándose de criptógrafos, lingüistas y algoritmos. Una nueva teoría no intenta leerlo, sino demostrar cómo pudo construirse para ser ilegible por diseño. No resuelve el enigma, pero sí cambia las reglas del juego. Y deja abierta una posibilidad inquietante: quizá no sea imposible.