Argentina jugará contra España, el próximo domingo en Nueva York, la final del Mundial. La finalísima, que se tuvo que cancelar en marzo por la guerra entre Irán y Estados Unidos, en julio y en tierras norteamericanas. La segunda estrella de nuestro país contra la cuarta de una albiceleste que volvió a tirar de épica, y por fin de fútbol, para remontar a Inglaterra en Atlanta. Se le exigía a la campeona elevar su juego y demostrar que podía ganarle a una selección grande, y lo hizo a lo grande. Primero, a la guerra. Luego, al fútbol. La batalla comenzó en el protocolo de los himnos. No cotizaba que argentinos e ingleses no iban a respetar el momento ceremonial de sus rivales. Tomó la iniciativa la hinchada albiceleste, que se puso a cantar 'el que no salta es un inglés' y apenas se pudo escuchar el 'God save the King'. Se la devolvió una parroquia británica que, a pesar de estar en desventaja en las gradas, logró silenciar con sus abucheos el himno argentino. La primera parte comenzó con una discusión subida de tono entre Bellingham y Messi, por un codazo de Enzo a Anderson, y acabó con Jude y Leo liados de nuevo, esta vez con el colegiado como tercer invitado. Bellingham le reprochaba a Ismail Elfath señalar el descanso con un córner a favor y Messi andaba por ahí para marcar territorio. Cada falta que sufría la albiceleste era un corrillo alrededor de un árbitro norteamericano indigno de una semifinal del Mundial. Ya lo demostró en su desastrosa actuación en el España-Uruguay de la primera fase. Otra sumisión de Infantino a Trump, por si no había tenido suficientes. Salió Argentina con una novedad importante en el once. Giuliano, invisible para Scaloni en todo el torneo -solo había jugado ante Jordania, con Argentina ya clasificada matemáticamente como primera de grupo- dejó en el banquillo a De Paul, que llevaba unos cuantos partidos regalados. Ganó en físico e intensidad Argentina, aunque también es verdad que perdió algo de asociación. Al entretiempo se fueron ambas selecciones con cero disparos entre palos. Solo uno lejano de Enzo, en el 32, que se marchó por encima del larguero de Pickford, provocó algo de zozobra en la defensa inglesa. En el área argentina, un par de centros laterales de James y Gordon, bien gestionados por el Dibu, lo único digno de los británicos en un primer acto aburrido y trabado. 20 faltas, prácticamente una cada dos minutos, y dos cartulinas: una para Anderson y otra para Lisandro. La segunda parte rompió a otra cosa desde su embrión. En el 46, una doble ocasión de Julián, con un primer disparo que obligó a Pickford a poner duro su brazo izquierdo. En su segundo lanzamiento, el balón se estrelló en la lateral de la red. Ocasión de Argentina que dio paso a un partido de más fútbol, menos juego embarullado y menos faltas. Por fin, una semifinal. Espabiló Argentina y también Inglaterra que, en su primer lanzamiento entre palos en el 55, llevó el balón a la red. Kane, que además de delantero es el mejor centrocampista y quarterback de esta Inglaterra limitada en la creación, sacó un pase al espacio desde campo propio. Rechazó Tagliafico, se asoció James con Rogers y el centro del jugador del Aston Villa lo aprovechó Gordon en el segundo palo. Nahuel, ni se pispó. 0-1. Con Argentina eliminada, sacó la campeona su mejor cara del torneo, con Messi al mando de las operaciones. Leo se puso a jugar de 10, de 8 y de 6 y por ahí vinieron sus mejores minutos y una remontada, otra más. Antes que los goles llegaron las ocasiones. Una barrida de Spence salvó un mano a mano de Giuliano que condujo medio trastabillado y no tuvo tiempo de obligar a Pickford. Luego, el portero inglés sacó una mano abajo dura a un cabezazo a bocajarro de Nico. Después, Mac Allister se estrelló contra el palo. San Jorge no paraba de hacer milagros, pero Tuchel no ponía de su parte. El seleccionador alemán sacó una vena cagona que le costó muy cara. Cuatro centrales y dos laterales para conservar el 0-1 en el último cuarto de hora. Error histórico. Empató Enzo, con un derechazo desde la frontal en el 85. Un 1-1 que no le bastaba a Argentina, que llevaba muchos minutos oliendo la sangre. No pensaba dejar escapar a la presa. En el 92, un centro de Messi con la derecha lo remató Lautaro en el segundo palo. Locura en Atlanta. Argentina, a su segunda final consecutiva. Espera España. Qué final.