Teresa Jiménez-Becerril ha querido compartir un momento familiar cargado de memoria en Chipiona. La escritora y expolítica ha publicado una fotografía junto a su sobrina Clara en un parque frente al mar de la localidad gaditana, un espacio que honra la figura de su hermano Alberto."Con mi sobrina Clara recordando a su padre y a mi hermano Alberto, en ese parquecito frente al mar que lo honra", ha escrito Teresa en su publicación. Un mensaje breve que ha bastado para remover el recuerdo de una de las tragedias más dolorosas vividas en Sevilla.Alberto Jiménez-Becerril fue concejal del Ayuntamiento de Sevilla durante más de una década, además de diputado del Parlamento de Andalucía entre 1989 y 1990. Ostentaba el cargo de teniente de alcalde y delegado de Hacienda en el momento en que ETA acabó con su vida.Chipiona, el rincón de los veranos de la infanciaLa localidad gaditana no ha sido elegida al azar para este homenaje. "Allí a Chipiona, llegó Alberto con días y pasó la mayoría de sus veranos, hasta que ETA decidió que nunca más disfrutaría de ellos", ha explicado Teresa en su mensaje.El vínculo de la familia Jiménez-Becerril con la localidad se remonta, por tanto, a la propia infancia de Alberto, quien pasó buena parte de sus veranos en las playas de Chipiona antes de que el terrorismo truncara su vida. ETA asesinó a Alberto y a su esposa, Ascensión García Ortiz, la noche del 30 de enero de 1998 cuando regresaban a casa tras cenar con unos amigos en el casco histórico de Sevilla.El matrimonio dejó tres hijos huérfanos, de cuatro, siete y ocho años. Alberto fue, además, el único parlamentario andaluz asesinado por la banda terrorista, un hecho que llevó al Parlamento de Andalucía a dedicarle una sala con su nombre.Un homenaje que se repite cada verano"Y allí volvemos todos a esas playas que llevamos en el corazón y donde una placa con su nombre intenta mantener su memoria", ha añadido Teresa, quien preside el Patronato de la Fundación contra el Terrorismo y la Violencia Alberto Jiménez-Becerril.La fotografía junto a Clara, hija de Alberto, refleja así una tradición familiar que se repite verano tras verano en Chipiona, la localidad gaditana donde el recuerdo del concejal sevillano permanece vivo entre quienes lo conocieron y quienes, como su nieta, no llegaron a hacerlo.