Estudiar en la Universidad a los 90 años: «Quiero hablar de lo que hablan mis hijos en la mesa»

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El próximo febrero el Aula de la Experiencia de la Universidad de Sevilla cumple 30 años, uno de los programas más consolidados de la institución académica que nació con el objetivo de acercar la Universidad a personas mayores de 50 años y fomentar el aprendizaje permanente, el envejecimiento activo y la participación cultural y social. No se trata de una carrera universitaria ni de un programa evaluable con exámenes destinado a obtener una titulación profesional. Su finalidad se centra en ofrecer formación de nivel universitario a personas que desean seguir aprendiendo una vez que han culminado su etapa laboral. « La mayoría lo hace por amor al aprendizaje , por volver a la Universidad y la socialización que ello supone», señala el director de este Aula de la Experiencia, Jesús Domínguez Plata. En sus comienzos este programa tenía sobre todo a personas de un perfil de entre 70 y 80 años, y ahora están más cerca de los 60 y los 70, cayendo una década el perfil del alumno. Estas personas, ávidas de aprendizaje y conocer más sobre Historia, Literatura, Medicina, Derecho o Tecnología, buscan huecos en sus quehaceres diarios que vienen marcados por citas médicas, cuidado de familiares o compromisos ineludibles para no faltar a las clases. Y no es un tópico, ya que aunque el Aula empezó siendo un plan de estudios de tres años, la mayoría de ellos se quedan en formación continua hasta acumular hasta 18 años de asistencia . Para el saber no hay edad, tal y confirman aquellos alumnos que entran incluso con 90 años en un grupo que acaba forjando una relación de amistad más allá de las aulas. Son unos 2.500 alumnos entre la capital y la provincia los que aprovechan para vivir lo que la pandemia estuvo a punto de arrebatarles. «Pasamos a tener 270 alumnos. Hay que tener en cuenta que ellos eran la población diana, no podían venir y pisar el suelo universitario. Y con el tiempo volvieron otra vez porque revivieron la soledad no deseada o los desencantos de su familia y pensaban «yo me lo pasaba bien en la universidad, quiero volver a la universidad», reconoce el director del aula. También destaca el perfil mayoritario que se encuentra en la provincia, en la que la presencia mayoritaria es la mujer sin estudios que, como decía una de ellas en una clase, «yo también quiero hablar en la mesa de lo que hablan mis hijos ». Y es que la materia va evolucionando paulatinamente a propia demanda de los alumnos. Su «ansia de conocimientos» le lleva a querer saber sobre nuevos avances médicos, inteligencia artificial, la historia de Sevilla en Al-Ándalus o cosas más mundanas como la aplicación del derecho en su vida cotidiana. «Yo les explico temas de liquidaciones de régimen económico, temas de herencia. Cómo desigualas a un hijo al que le ha ido peor en la vida familiar o profesional, cómo le aseguras un techo y conjugar eso con los hermanos... ese tipo de cosas», señala Jesús Domínguez, que les enseña aspectos relacionados con el Derecho. Recuerda cómo un geriatra les explicaba sobre la prevención del deterioro cognitivo, y la temática no les gustaba, expresándolo con la naturalidad que sólo la experiencia es capaz de darles: «si me toca el Parkinson no me explique cómo está el cerebro deteriorado a mi edad, explícame lo que va a haber para que yo no lo tenga». El ansia de conocer lo que pocos aún conocen. La formación que se imparte en este Aula de la Experiencia es plenamente universitaria, y el profesorado está cualificado al nivel de un alumnado exigente que no se conforma con mesas de debate, sino que quiere masterclass de eminencias en su campo. Todos son profesores de la Universidad de Sevilla y ha tenido nombres destacados como los antiguos rectores de la US, Julio Pérez Silva o Rafael Infante , el antropólogo Isidoro Moreno, José Sánchez Herrero o el actor Antonio de la Torre. Las clases dan para muchas anécdotas. El director del Aula recuerda una que vivió en persona cuando, en una clase, estaba explicando la asignación de la vivienda familiar en un caso de separación y divorcio. «Había una pareja entre los alumnos, que debieron de haberse conocido en el aula, y ella aprovechó que el varón fue al baño para preguntar que si se casaba, ella que tenía algunos inmuebles a su nombre, él se quedaría con alguna. Yo le contesté jurídicamente cómo operaba aquello, y ella dio un suspiro en medio de la clase y dije, « para dos achuchones que le quedan, no me caso , despertando las carajadas del resto de la clase», narra Domínguez Plata. También hay casos como el de Juan Abad Retegui, que era un operario básico de astilleros que ya lleva 18 años siendo alumno. «Ahora se presenta a los concursos de relato y los gana, hace teatro, hace un programa de radio y es de los programas más oídos de la universidad», asevera. Como 30 años no son nada, el Aula de la Experiencia no deja de marcarse retos y el siguiente tiene que ver con la movilidad . La intención es propiciar el intercambio de alumnos con otras universidades europeas a través de Erasmus+. «La movilidad tiene mucha complicación por el tema de la brecha que supone el idioma, pero si se adaptaron a la tecnología, también pueden hacerlo con esto».