Irse a vivir a Estados Unidos suena muy bien en las películas, pero la realidad del día a día es otra historia muy distinta. Sobre todo cuando llega el principio de mes y toca pagar las facturas. Esto lo sabe muy bien Fernando Durán . Aunque nació en Argentina, con solo cinco años se mudó a Camas y después se crió en el barrio de Triana, así que se siente sevillano por los cuatro costados. Lleva ya unos años viviendo en Charleston, una preciosa ciudad de Carolina del Sur, y hace poco recibió la visita del programa Andaluces por el Mundo de Canal Sur. Lo que contó sobre el coste de la vida allí hace que más de uno se piense dos veces si su futuro puede estar en estados Unidos. Charleston es una ciudad muy turística, con casas antiguas de estilo colonial y calles que llaman mucho la atención. Pero vivir en un sitio tan bonito se paga, y muy caro. Cuando la reportera Blanca Terry le preguntó a Fernando por los precios de la vivienda mientras paseaban por Waterfront Park, la respuesta fue bastante impactante. Fernando explicaba que el mercado inmobiliario de la zona está completamente desbocado. Para que nos hagamos una idea, cualquier apartamento pequeño, de los más sencillos que se pueden encontrar por allí, ya se va a los 5.000 dólares mensuales de alquiler (que al cambio son unos 4.600 euros). De hecho, según comentaba el propio Fernando en la entrevista, esta ciudad suele aparecer siempre en las listas de los cinco o diez lugares más caros para vivir de todo Estados Unidos. Con esos precios, tener un sueldo normal hace que llegar a fin de mes sea una tarea de lo más complicada. Si el precio de los pisos ya asusta, el tema de la salud es todavía más delicado. En España estamos muy acostumbrados a ir al médico de cabecera o a urgencias sin tener que sacar la tarjeta, pero en Estados Unidos el sistema funciona como un negocio privado pura y duramente. Fernando no se cortó al explicar que tanto la sanidad como la educación son «dos piedras en el camino» muy difíciles de esquivar si decides mudarte allí. Y para ilustrarlo, contó una experiencia propia que vivió junto a su mujer y que describe a la perfección cómo funciona la sanidad en el país. Su esposa estaba a punto de dar a luz. Llegaron al hospital a toda prisa, con ella ya en una silla de ruedas y con los dolores del parto. Pues bien, la sorpresa de Fernando fue enorme cuando vio que la prioridad del personal del hospital no era precisamente atender a su mujer: «Antes de decirme hola, me dijeron: « ¿Qué quiere usted pagar, en efectivo o en tarjeta? "». Aquella primera pregunta, obligatoria antes de que ningún médico les atendiera, se tradujo en una factura de 3.000 dólares solo por el ingreso y el parto. Y eso sin contar todos los gastos extra que van surgiendo después y que dependen del seguro médico que tengas contratado. Con este panorama, es normal preguntarse si realmente merece la pena cruzar el charco. En Estados Unidos es muy común que los sueldos sean bastante más elevados que en España, y es verdad que hay sectores profesionales donde se puede ganar mucho dinero. Pero la realidad que describe Fernando demuestra que esos ingresos altos se esfuman con la misma rapidez con la que entran en la cuenta corriente. Al final, de nada sirve ganar un buen sueldo si la mitad se te va en pagar un alquiler básico y la otra mitad la tienes que guardar por si acaso tienes la mala suerte de ponerte enfermo o tener un accidente. El testimonio de este sevillano sirve para ver la cara B de la vida en Estados Unidos, un país con muchas oportunidades, sí; pero donde la seguridad familiar cuesta una fortuna y donde la tranquilidad de saber que estás cubierto si te pasa algo, simplemente, no existe de forma gratuita.