No falla. Cuando un teatro presenta su temporada tarde, es que hay problemas internos serios. Y esta vez el Villamarta lo ha hecho con auténtica demora, más que nunca: el 16 de julio. En lo que a la música clásica se refiere, que es lo que aquí nos interesa, vuelve a ocurrir lo que en los últimos años: la Junta de Andalucía salva con su programación de orquestas una oferta propia que no tiene punto de comparación con la de hace un par de décadas, cuando se podía escuchar todos los meses a alguno de los más grandes artistas del panorama internacional.Comenzando con lo que nos aporta la Junta, auténtico acontecimiento es el estreno en Jerez de una de las más impresionantes partituras compuestas en el pasado siglo: el War Requiem de Benjamin Britten, que traerá la Orquesta Joven de Andalucía bajo la batuta de Álvaro Alviach la tarde del Domingo de Pascua. Lo que no se sabe es cómo se hará caber en el Villamarta a las enormes fuerzas congregadas. Por un lado, orquesta de cámara y dos solistas vocales para los escalofriantes poemas antimilitaristas de Wilfred Owen, que van en inglés. Por otro orquesta sinfónica, soprano, coro mixto, escolanía y órgano para la misa de difuntos, obviamente en latín. Belleza, escalofrío, no poco espectáculo y mucha denuncia en una partitura rabiosamente católica y rabiosamente pacifista que en estos tiempos no puede dejar indiferente a nadie. El precio único de 15 euros es un regalo.La misma tarifa se aplica al resto de las orquestas que nos presta la Junta de Andalucía. La de Sevilla se trae a su titular Lucas Macias y a Javier Perianes, que no por conocido en estos lares deja de ser uno de los mejores pianistas del mundo, para hacer nada menos que las Noches en los Jardines de España de Falla y el Concierto en Sol de Ravel. La de Granada viene con coro femenino e interpreta, entre otras cosas, la Sinfonía n.º 1 de Schumann. La Filarmónica de Málaga trae un programa francamente peculiar: la elaboración de Luciano Berio sobre los fragmentos de la Sinfonía n.º 10 de Schubert y la reconstrucción de la Sinfonía en mi bemol abandonada por Tchaikovsky, mal llamada Séptima. Una pena que no venga también la Orquesta de Córdoba, aunque uno siempre puede acudir a los dos programas de la Film Symphony Orquesta, que son eventos “de alquiler” en los que es el artista el que hace uno del teatro y no al revés, para saciar su sed de sinfonismo. Uno de ellos está dedicado a la estupenda música de John Willams para Star Wars: llenazo garantizado.Pasando a la programación elaborada por el propio Carlos Granados de Dueñas, hay que aplaudir que en el año Falla se decida por el doblete Amor Brujo/Vida Breve en producción propia del Villamarta. Si para la gitanería tuvimos hace años a quien ha sido la más grande recreadora de esta página, precisamente no otra que “la más grande”, esta vez cantará el jerezano Miguel Ángel Heredia. Como se anuncia a un señor haciendo del espectro, hay que entender que no se cambiará el sexo al aludir a “este mardito gitano” y, por tanto, se hará una versión abiertamente gay del asunto. En cuanto a la ópera de la segunda parte, será curiosísimo escucharla en la voz ancha de la también jerezana Maribel Ortega. Punto importante la presencia de Jesús Ruiz como figurinista.El otro programa lírico es una apuesta muy fuerte: producción propia de Tosca. La parte musical suscita dudas, porque Floria Tosca, Mario Cavadadossi y el Barón Scarpia son partes de extrema exigencia, por no hablar de la Orquesta Bética de Sevilla teniendo que lidiar con las filigranas escritas por Puccini. Lo que con el drama quiera hacer el regista Jorge Torres es algo que está por ver: esperamos que no sea un disparate del calibre del Don Giovanni con el que Carlos Granados quiso hacernos apechugar. Al menos ahí está de nuevo el gran Jesús Ruiz. Por otro lado, y ya puestos a hacer algo difícil de en torno a 1900, en lugar de arriesgarse con este título ya visto por aquí al menos un par de veces, podían haber hecho Cavalleria Rusticana de Leoncavallo, Manon Lescaut de Puccini, Adriana Lecouvreur de Cilea o alguna cosa así. El resto de la propuesta que parte del propio Villamarta se limita a la música de cámara y recitales líricos. Del programa del pianista Ramón Grau, como siempre, interesarán más los aspectos pedagógicos en los que el artista es incuestionable experto que la calidad de las partituras propiamente dichas. Obviamente, calidad máxima sí que presentan las páginas de Beethoven que se van a tocar para hacer un recorrido por uno de los ciclos creativos más geniales salidos de la mente humana, el de las treinta y dos sonatas del sordo de Bonn, pero no sabemos si el pianista Edoardo Torbianelli estará a la altura de las enorme demandas de los geniales pentagramas. Por su parte, la interesantísima voz de Berna Perles rendirá su propio homenaje a la música de Manuel de Falla.Poco más, porque el resto no pasa de lo interesante. El Cuarteto Bruna ofrecerá un programa latinoamericano. Las tres chicas de Saudade Musica reivindicarán a las mujeres compositoras. Trío de tenor, violín y piano imaginarán una conversación entre esos navarros universales que fueron Sarasate y Gayarre. Se ofrecerá una merecida oportunidad a la violonchelista jerezana Sofía Torres con cosas como la Sonata n.º 2 de Brahms. El excelente grupo cómico Yllana abordará esta vez la ópera, si bien es difícil defender la peculiar propuesta como parte del programa de abono. La soprano Natalia Labourdette presentará su disco sobre Tomás Bretón, José Luis Pastor hará un recorrido desde la guitarra medieval hasta las de nuestros días, y ahí acaba la cosa. ¿Algo que ver la pobreza de la oferta con la subvención perdida hace un año por el despiste de la dirección del teatro? Probablemente sí, aunque el Consistorio lo niegue: era para esta temporada para lo que aquel dinero servía.Lo dicho: aunque casi todo tiene algún punto de atractivo y los precios son muy competitivos, estamos a años luz de lo que hace no tantos años aquí hemos visto y escuchado. Y en el Villamarta sigue el ruido interno, cuando la programación 2027/28 hay que empezar a elaborarla ya mismo.