Ni hundimiento del PSOE ni recuperación, las cosas están básicamente como estaban. Habas contadas, que dice Salvador Giménez, buen conocedor de la materia social de este país. Esta es la principal conclusión de la lectura independiente del último barómetro del CIS publicado ayer. Mucho ruido mediático y judicial, ahora con el fallo del Tribunal de la UE que avala la ley de amnistía o con la decisión de la Audiencia de Madrid de enviar a juicio con jurado a Begoña Gómez, pero poca incidencia electoral. La estimación apenas se mueve respecto a junio y los movimientos entre partidos son de pequeña escala, lo que nos muestra una escena de estabilidad en la que se repiten claves conocidas. La distancia es importante pero no insalvable si hubiera una solución a la izquierda del PSOE, que sigue sin aparecer. Ahora mismo la izquierda pierde por deméritos propios, que han ido lastrando parte de su credibilidad entre sus votantes (con la vivienda y el rechazo a la clase política como puntas de lanza), lo que se traduce en una abstención significativamente más alta de la que tiene la derecha. Pero también pierde por incomparecencia.Hay demanda electoral entre los votantes de izquierdas hoy desmovilizados, pero no una oferta que la cubra. Y en este punto la reflexión apela a los actores que pueden reconducir la situación y al propio PSOE, que tiene que decidir si rema en esa dirección y deja espacio a su vera, o si intenta pelear la primera posición a costa de absorber el voto de Sumar (o en su caso, de la plataforma electoral que la sustituyera), lo que tendría reflejo en la aritmética global de la izquierda porque la ley D’Hondt es inmisericorde. Prueba de ello es que lo que hoy son 10 escaños, 8 de Sumar y 2 de Podemos, yendo juntos serían 19. Sólo un 3% más de voto suponen 9 escaños de “prima”. Y en estos momentos muchos de esos diputados van a la derecha. Otro aspecto relevante, si echamos la vista atrás, es cómo la transferencia de Vox al PSOE se ha ido reduciendo, hasta alcanzar en este CIS su mínima expresión. A finales del año pasado llegó a situarse en el 5,4% (419.000 votos), mientras en julio apenas llega al 0,7% (58.000). Es pronto aún para extraer conclusiones, pero la hipótesis más factible es que la institucionalización de Vox (acuerdos con el PP, entrada en los gobiernos) tenga aquí su efecto. Parte de ese voto de protesta que “pierde” Vox va al PP y otra parte vuelve al PSOE o declara que no votaría. En la medida en que Vox es menos antisistema pierde atractivo para una franja electoral. Esto se observa también en la fuga de votantes de Vox y PP a SALF (Se Acabó la Fiesta) que suma 450.000 electores y se sitúa de nuevo a las puertas de obtener representación por Madrid. La consecuencia final es que si el año pasado un 12% de votantes de izquierdas cambiaba de lado, ahora se ha reducido al 8%, lo que ha comprimido la distancia entre bloques, situando la absoluta de PP y Vox en el umbral de los 190 escaños cuando por momentos llegaron a traspasar la frontera de los 200. La participación podría estar hoy alrededor del 70%, superando la de 2023 pero aún lejos de la registrada en abril de 2019. Quedan muchos interrogantes por resolver, pero uno fundamental será la capacidad de activar a los votantes desafectos (las últimas campañas han ido de movilización más que de persuasión), donde operarán muchos factores, la mayoría desde el plano emocional: lo judicial, la posibilidad de un gobierno con ministros de Vox, el plano internacional donde las encuestas colocan a Marine Le Pen como principal aspirante al Elíseo, la última bala para sacar adelante los presupuestos, la derivada orgánica con unas elecciones municipales a la vuelta de la esquina… También la respuesta del electorado templado, que podría ser otra vez determinante, al moverse a caballo de la desmovilización y el voto sin convicción a PP y PSOE.Hay un dato que nos habla del momento delicado que atraviesa la política y es la desconfianza en el presidente de Gobierno y el líder de la oposición, ya no entre el conjunto de los españoles, sino entre sus propios votantes. A la pregunta “El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le inspira a Ud. mucha confianza, bastante confianza, poca o ninguna”, un 25% de votantes del PSOE responde “poca” y un 14% “ninguna”. Cifras que replica Alberto Núñez Feijóo como líder de la oposición entre los votantes del PP, con un 33% que responde “poca confianza” y un 6% “ninguna”. Estos valores muestran que 4 de cada 10 votantes “bipartidistas” son hoy críticos con sus respectivos partidos y/o líderes. En paralelo a lo anterior, la salud reputacional de los candidatos es otro indicador que nos deja pistas relevantes. Santiago Abascal es el único que obtiene una nota notable entre sus electores de 2023 (7,1) lo que se traduce en tirón electoral y fidelidad de voto. Le sigue, con una buena valoración Pedro Sánchez (6,7), lo que demuestra que compensa la crítica con adhesión (no deja indiferente). Ya por detrás, se sitúan Yolanda Díaz (6,4) -que durante mucho tiempo fue la más valorada entre los suyos-, y Alberto Núñez Feijóo (6,0), que a diferencia de Sánchez tiene menor adhesión (personas que le valoran con notas altas)._____________________________________Rafael Ruiz es consultor y analista de datos en asuntos públicos en Logoslab.