Japón construyó una catedral dorada a un kilómetro bajo tierra para observar partículas que atraviesan el planeta. Ya demostró que el Modelo Estándar estaba incompleto y ahora intenta escuchar todas las estrellas que han muerto
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Super-Kamiokande contiene 50.000 toneladas de agua y unos 13.000 sensores capaces de registrar destellos casi imperceptibles. Su último resultado podría ser la primera pista del murmullo acumulado por las supernovas de toda la historia cósmica.