La Caracolá lebrijana da su desplante al verano con sus propias tablas de la ley y una Reina Gitana que consagra el piano por bulerías

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Aunque el verano es el mismo para toda la comarca del Bajo Guadalquivir, tórrido incluso cuando en estos pueblos sevillanos sueñan con el trato de favor que la mareíta nocturna tiene, por ejemplo, con Sanlúcar, hay que reconocer que, en la oferta flamenca, hay festivales y festivales.La Plaza del Mantillo se vistió de gala anoche en Lebrija para disfrutar de La Reina Gitana y de Anabel Valencia.- Anoche terminó la 61ª edición de la Caracolá de Lebrija, después de 11 jornadas intensas en todas las ubicaciones que el municipio pone a disposición de su completísima programación –la peña Pepe Montaraz, el Centro de Interpretación del Flamenco, la Plaza de España, etc.- y los cabales, que son punto y aparte en la tierra del Lebrijano, se pusieron el broche a sí mismos con una madrugada de dulce en la Plaza del Mantillo, donde se grabaron en piedra, y se descubrieron, las correspondientes inscripciones de cuantos Caracoles de Oro en su tierra han sido: desde María La Perrata, matriarca que tanto compás amasó para el porvenir, hasta el que se llevó anoche mismo el presidente de la Diputación provincial de Sevilla, Javier Fernández, que se confesó abrumado por portar en la solapa el mismo pin dorado que en su momento habían recibido gigantes del compás como Curro Malena, Concha Vargas o el todavía joven José Valencia. Ahí quedan esas baldosas esculpidas en el suelo para la Historia, como tablas de la ley veladas por profetas de la talla de Manuel de Paula o Inés Bacán.El espectáculo que ofreció La Reina Gitana quedará para la historia de las Caracolás.- Ambos asistieron anoche al broche de esta edición en primera fila, y vivieron con el corazón en un puño las muestras de respeto que las dos artistas de la noche, La Reina Gitana y Anabel Valencia -primas lejanas porque la abuela paterna de la primera era lebrijana- les dispensaron en varias ocasiones, al interpretar cada una a su modo los tercios imperecederos que los dos genios lebrijanos han dejado flotando por el aire de todos. Evidentemente, en el décimo aniversario de la marcha de Juan El Grande –Juan Peña-, también hubo guiños a sus inigualables conquistas, y no solo por Persecución, aquel disco que acaba de compartir efemérides con otras obras como Camelamos naquerar, de José Heredia Maya, o aquel disco titulado Romance de Manuel Justicia, de Manuel de Paula, trabajos que supusieron, en plena Transición, auténticos gritos gitanos confabulados con la libertad y a los que se les dedicó esta semana un merecido homenaje.Al margen de condecoraciones como el Caracol de Oro al ayuntamiento de los ayuntamientos, que tanto hace por mantener vivo el duende por toda Sevilla incluso con una bienal provincial, como recordó Javier Fernández, que insistió además en que se encontró un presupuesto de 150.000 euros para ayudar a festivales y promocionar circuitos flamencos por toda Sevilla y “ya vamos por medio millón de euros”, la noche fue de las artistas. Primero, la jerezana Rosario Lazo Montoya, la primera profesora de piano de raza gitana de toda España, quien bautizada por su propia madre y por su maestro de guitarra Juan Junquera como La Reina Gitana, ha sabido elevar el instrumento de toda su vida, el piano, a las más altas cotas de la composición e interpretación flamencas.La jerezana Rosario Lazo Montoya triunfó anoche en Lebrija.- En la tierra del pianista Dorantes, La Reina Gitana se entregó a sus teclas con una fruición fuera de lo común, y no solo en su afán de demostrar que el piano no tenía menos duende que la guitarra de Ismael Heredia o incluso que la flauta travesera de su compañera Delia Peña, sino incluso ni siquiera menos que el cante y el baile de un artista que tiene que dar mucho más de sí en los escenarios de toda España como es Miguel Ángel Heredia, un portentoso cisne blanco capacitado para detener el tiempo y amoldar el espacio al compás de su cuerpo antojadizo. Con razón fue el primero en levantar al público de manera unánime cuando se le dio la oportunidad de cantar por lo mejor que Lebrija ha dado, empezando por El Funi.El destacadísimo papel de Miguel Ángel Heredia en el cante y en el baile fue un punto y aparte durante la velada.- Lo de La Reina Gitana, que recordó como otros artistas de esta Caracolá al guitarrista recientemente fallecido Miguel Salado, es un punto y aparte del piano flamenco al nivel que precisaba anoche Lebrija. Rosario homenajeó por bulerías a los maestros compositores de toda su vida y la nuestra, desde Rafael de León hasta Manuel Alejandro, se dejó mecer por otros palos más o menos rumbosos e inspirados por gente tan querida como su madre o su propia hija, Rosario del Alba; tocó fondo en temas de complicadísima factura como Temperamento, su autorretrato artístico; resultó inspiradísima con versiones de inspiración en la seguiriya y terminó levantando con sus cinco sentíos a más de 500 personas que le agradecieron su gracia, su pureza de alma, su diálogo íntimo entre pieza y pieza en un derroche didáctico que bien merecería pasearse muchísimo más de lo que ya hace por España y por el mundo.La noche también sirvió para concederle el Caracol de Oro a la Diputación de Sevilla, cuyo pin dorado recibió su presidente de manos del alcalde, Pepe Barroso.- Una de las mayores sorpresas de la noche la dio la propia Rosario cuando, ya en plena madrugada, la invitó Anabel Valencia a que participara con el piano en su propio espectáculo, Mi esencia, cuando tocaba interpretar esa pieza que eriza el alma y que es la Nana de los luceros, la composición original que el guitarrista Pedro Peña Fernández consiguió popularizar en la voz de su hermana Inés y que cobró relevancia definitiva cuando la incluyó Dorantes en su disco Orobroy. Con las guitarras de Curro Vargas y Juan de Clemente, un coro de lujo y las colaboraciones estelares de Josué Ronkio al bajo y Bernardo Parrilla con su violín, pueden envidiar qué alto se  puso el listón de los listones. Para rabiar.Foto de familia con los representantes de la Diputación de Sevilla y la comisión organizadora de la Caracolá lebrijana.- Pero es que el espectáculo de Anabel estaba pensado para que parte del público se acabara rompiendo la camisa antes de que las piquetas de los gallos cavasen buscando la aurora. Por alegrías, por serranas, por soleá. Toda lo borda esta artista larga cuyas hondas raíces (Pepe Montaraz, El Chozas, El Funi, Curro Malena…) fueron proyectándose en la torre del antiguo molino lebrijano que hacía de escenario. Su recital fue la confesión de su propia educación sentimental y cantaora. Anabel no es ya aquella adolescente que conocimos a comienzos de este siglo como vocalista del grupo De Ojana Ná (“Oh, bombón, / tienes piel de melocotón / y un sabor más dulce que el azúcar”), sino una voz autorizada que sale de la tierra y en la tierra dicta sentencia.