A diferencia de mucha gente que se declara apolítica, Marga (69) presume con orgullo de su ideología de izquierdas. Ya la demostró en su primera visita a 'First Dates' defendiendo con uñas y dientes las cualidades de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias frente a las críticas de su cita. En esta segunda ocasión, la empresaria madrileña participó en la edición veraniega del 'dating show', donde volvió a verse envuelta en un debate político, aunque esta vez fue su cita quien abrió el melón. El equipo capitaneado por Carlos Sobera emparejó a Marga con Javier (73), un ingeniero jubilado afincado en Benidorm con un currículum amoroso tan largo como los países en los que ha vivido por su trabajo. Después de cinco divorcios y una vida ajetreada, ahora solo busca descansar. Sus pasiones, contó como carta de presentación en el programa, son «la buena comida, relajarse en la piscina y follar». Especialmente lo último, pues el que tuvo, retuvo, y Javier reconoce que «las mujeres han sido mi perdición». Sobera quiso conocer más sobre el extenso historial sentimental de Javier. No en vano, había ido colocando chinchetas por medio mundo: estuvo casado con una española, una brasileña, una checa y una polaca. Una de ellas incluso le abrió las puertas del Kremlin. «Mi suegra es muy, muy amiga de la mujer de Putin», detalló, a lo que el presentador le entró curiosidad en saber si el soltero lo había conocido. «Puedes decirlo, no vamos a pensar que eres un espía», ironizó. Javier no solo confesó que sí se había codeado con el presidente ruso, sino que además había sido de su agrado. «Queda feo decirlo, pero a mí me cayó bien», aseguró. «¡¿Qué te cayó bien?! Joder, queda muy feo», espetaba Sobera en tono reprobatorio. «No me pareció excesivamente creído, ni fanfarrón. Simple y llanamente me cayó muy bien», se reafirmaba el empresario jubilado. Ante tal revelación, el jefe de sala de 'First Dates' optó por cambiar drásticamente de tema y presentarle a Marga, con quien Javier quedó encantadísimo. Según él, era todo lo que buscaba. De hecho, nada más intercambiar saludos ya estaba seguro de que por lo menos durante la cena se reirían. La madrileña compartía esa impresión. Javier y Marga no tardaron en comprobar que tenían conversación para rato. Sin embargo, la buena impresión inicial se desinfló rápidamente por parte de la soltera. «Tiene una mentalidad extremadamente antigua, casposa y machista. La palabra es misógino», apuntó la empresaria en los totales después de que él le contara su teoría sobre las mujeres. Cree que «son como las plantas, hay que regarlas todos los días, si no viene un jardinero». Más adelante describió a su expareja rusa como «un florero que no vale para nada». «Te sirve para pasear con ella porque es muy bonita y muy guapa. Por dentro ya es otra cosa», soltó, provocando que Marga saltara. «Ese concepto es un poco viejuno y bastante casposo. Tú eres antiguo», le afeó. Pero el soltero no se lo tomó como una ofensa, todo lo contrario. «Lo que más me gusta es debatir y creo que he dado con la persona más adecuada», le aseguraba a su cita. No tardó en demostrarlo al sacar la política durante la conversación. «Eres zurda», le dijo convencido. Ella le respondía con un sonoro zasca. «¿De mano? No. Los zurdos son los que escriben con la mano izquierda. Yo soy de izquierdas absolutamente, no lo he negado nunca». Javier, por su parte, reconoció sentirse más próximo a la derecha, aunque solo en privado. A Marga, su cita le recordó a Revilla y le advirtió que «sería absolutamente incompatible con una persona de derechas recalcitrante». Él no le parecía «ni facha ni fascista, solo un señor antiguo». Eso sí, rompió una lanza a su favor admitiendo que «eres la persona más divertida con la que he estado». Tras eso, se veían las caras en la decisión final. Javier aceptó una segunda cita alegando que ella era la persona adecuada para debatir. No obstante, era consciente de que como pareja se llevarían muy mal. Marga, por segunda vez esa noche, le dio la razón en que «sería como estar perennemente con fuegos artificiales», resumió para zanjar la velada.