La Farmacia Figueroa, uno de los establecimientos más reconocibles de Jerez y una pieza inseparable de la calle Santa María, junto al Gallo Azul, ha trasladado temporalmente su actividad al local contiguo. El histórico negocio familiar atiende ahora a sus clientes en el antiguo pasaje de Rianal, mientras se prepara una reforma de gran envergadura que llevaba décadas esperando su momento."Ahora viene la obra grande, que es la propia Farmacia Figueroa", explica Inmaculada Becerro Figueroa, actual propietaria del establecimiento. El traslado permitirá afrontar los trabajos en el espacio original sin interrumpir la actividad de la farmacia, que mantiene su servicio habitual en el local situado pared con pared. "Hace ya más de 30 años que teníamos prevista esta obra", señala Inmaculada.Inmaculada Becerro Figueroa, mostrando recortes de prensa. Juan Carlos ToroDetalle de una de las publicaciones sobre la farmacia. Juan Carlos ToroLa reforma ha sido posible después de que el edificio pasara a tener un único propietario. Hasta ese momento, la titularidad estaba repartida, lo que impedía acometer una actuación integral en el inmueble. "El edificio entero se ha hecho nuevo y ahora nos queda la farmacia, que es un obrón tremendo", explica la propietaria, que afronta así una transformación largamente proyectada por la familia.La historia de la Farmacia Figueroa se remonta a la generación anterior. La madre de Inmaculada, Concepción Figueroa Regodón, nació en 1911 en Ruanes, un pequeño pueblo de Cáceres de entre 200 y 300 habitantes. Fue el maestro de la localidad quien detectó su capacidad para estudiar y convenció a la familia de que aquella niña debía tener una carrera. "El maestro del pueblo dijo que esa niña valía mucho para estudiar y que la tenían que dar carrera por fuerza", recuerda su hija.Inmaculada, con sus hijas Inmaculada y Celia y sus nietos. Juan Carlos ToroLa joven comenzó desplazándose en burro hasta Cáceres, a 14 kilómetros de Ruanes, para estudiar el bachillerato. Más tarde marchó a Madrid para cursar Farmacia, una decisión poco habitual en un pueblo de esas dimensiones y en una época en la que, según el relato familiar, no era frecuente que las niñas accedieran a estudios superiores. Con 22 años terminó la carrera y llegó incluso a trabajar para poder pagarse el vestido de la cena de fin de carrera. "Hilvanando para una modista de Madrid consiguió pagarse el vestido", cuenta Inmaculada.Concepción Figueroa montó su primera farmacia en Logrosán, cabeza de partido de su pueblo, donde conoció al médico Antonio Becerro, con quien se casó. La familia se trasladó después a Jerez y, alrededor de 1938, abrió la Farmacia Figueroa. "Mi madre fue la farmacéutica que abrió la farmacia", recuerda Inmaculada, que también reivindica el papel de su progenitora en la creación de la cooperativa farmacéutica. "Fue fundadora de la cooperativa con más compañeros y fue por unanimidad tesorera, votada por todos sus compañeros", explica.Los farmacéuticos, en el local que ha iniciado sus obras. Juan Carlos ToroImagen en el nuevo establecimiento, que está pared con pared. Juan Carlos Toro.La farmacia que ahora afronta la reforma conserva además una parte esencial de su historia en la fachada. Según el relato familiar, la estructura que se mantiene en la actualidad se realizó en 1950 y no ha sido modificada desde entonces. El ágata procede de una mina descubierta por un tío de Inmaculada durante su etapa en Granada, mientras que el latón de las letras y de la cornisa se elaboró a partir de monedas que sus padres fueron guardando. "Se hizo en el año 50 y sigue igual", afirma. También el gran mostrador conserva el mismo ágata y será trasladado al nuevo espacio.La intención de la familia es que la reforma respete esa memoria. "La verdadera Farmacia Figueroa tiene 5,60 metros de altura y esa altura se va a respetar", explica Inmaculada. También se conservarán las vigas y se intentará dejar visible toda la piedra que sea posible. El local contiguo se incorporará a la farmacia y, al fondo, se proyectará una especie de doble altura que Inmaculada y su hija han bautizado coloquialmente como 'la balconada'. La idea es que el nuevo espacio conserve parte de la identidad del establecimiento original.La familia, posando en la calle Santa María. Juan Carlos ToroEsa identidad está estrechamente ligada a la familia. Inmaculada recuerda que ella misma 'ha echado los dientes' en la farmacia y que sus dos hijas, Inmaculada y Celia, también son farmacéuticas. La primera es copropietaria de la Farmacia Figueroa y la segunda tiene una farmacia en La Granja, cuya propiedad asumió con 25 años tras el fallecimiento de su padre. Los hijos de Inmaculada, de 10, 8 y 8 años, también han participado en la colocación de medicamentos durante el traslado provisional. "Es la ley de la familia. Lo hemos hecho todos", resume.La Farmacia Figueroa mantendrá, en cualquier caso, la forma de entender el negocio que Inmaculada heredó de su madre. "Siguiendo la herencia de mi madre, es una farmacia como de pueblo", afirma. "Allí atendemos, escuchamos. Nuestro interés no es vender". Para ella, el trato cercano sigue siendo la esencia del establecimiento, incluso en un momento en el que la reforma obligará a introducir cambios y a mostrar más productos. Mientras duren las obras, los clientes seguirán siendo atendidos en el local provisional y, cuando regresen a la Farmacia Figueroa, lo harán a un espacio renovado que pretende conservar la memoria de tres generaciones y de una historia que comenzó con una joven de Ruanes que llegó a Jerez después de estudiar Farmacia en Madrid.