Times Square es el termómetro de la popularidad mundial. En sus pantallas gigantes no aparece cualquiera. Sólo hay espacio para las grandes marcas y los iconos planetarios. Estos días uno de los rostros que más se muestra en el epicentro de Nueva York y del mundo es el de Lamine Yamal, consolidado en su posición de fenómeno global. Tiene un punto llamativo porque aunque el Mundial de Lamine va de menos a más, está lejos de ser uno de esos apabullantes. Apenas un gol, frente a Arabia Saudí, y un penalti provocado ante Francia lo dejan lejos de las grandes estrellas del torneo, Messi, Mbappé, Haaland y Kane, en cuya mesa come. Oyarzabal, el reverso de Lamine en cuanto a la búsqueda de popularidad, tiene cifras mejores. Suma cinco tantos y ha sido más decisivo. Pero Lamine genera expectación por el simple hecho de aparecer, como le sucedió el jueves cuando se presentó a pedir algo en un carrito de comida de Manhattan. En Estados Unidos, donde el deporte vive de las estrellas, su figura está muy por encima de sus compañeros. Fox promociona la final con su imagen junto a la de Messi, con la Copa entre ambos, y cuando se anuncian las alineaciones de España es, de largo, el nombre que arranca la mayor ovación. Nadie genera tanta expectación como el catalán, tanto a nivel mediático como por su capacidad para decidir el título. ¿Cómo está Lamine? Ha reducido al mínimo cualquier distracción. Tras su breve escapada por Manhattan, se ha recluido para concentrarse exclusivamente en el partido. Su prioridad absoluta es llegar mentalmente preparado. De hecho, el viernes canceló alguna entrevista que tenía comprometida para centrar toda su atención en la final. En Nueva Jersey apenas ha compartido tiempo con su círculo más cercano: su madre, la pareja de esta, su hermano pequeño —que le acompañan desde el inicio del Mundial— y un par de amigos íntimos. A diferencia de otros encuentros, ha renunciado a recibir más visitas, convencido de que el mayor escenario de su carrera exige un aislamiento casi total. En la vísperas del encuentro en el que España busca la segunda estrella, la principal inquietud ha sido su estado físico. El jueves no entrenó con el grupo y apareció con un alarmante vendaje en el muslo izquierdo, aunque el cuerpo técnico rebajó inmediatamente cualquier preocupación. Luis de la Fuente tranquilizó: «En la jugada del penalti de Francia tuvo un golpe fuerte y muy doloroso, lo que llamamos coloquialmente un bocadillo. Aguantó el resto del partido perfectamente y le dimos por precaución un día de descanso, pero está bien». Su presidente, Joan Laporta, que llegó en un vuelo de la Federación para invitados, también quiso transmitir serenidad. «Lamine nos ha dicho que está bien pese al vendaje. Para él es un partido especial». Las dudas sobre su producción ofensiva le han acompañado todo el campeonato. Un gol y ninguna asistencia son un balance discreto para un futbolista señalado como una de las grandes estrellas del torneo. Sin embargo, dentro del cuerpo técnico la lectura es muy distinta. Se entiende que su influencia es enorme y que no sólo hay que analizar su impacto en los partidos con los números. Cada vez que se hace con la pelota obliga al rival a cerrar espacios desplazando defensas hacia su zona, lo que libera a sus compañeros. En los últimos duelos se ha visto un Lamine con notable madurez, alejado del brillo exclusivo de las jugadas espectaculares. El extremo participa constantemente en el juego de España e incluso colabora en tareas defensivas para ayudar a Pedro Porro. Hay que tener en cuenta que el extremo del Barcelona llegó al torneo condicionado por unas molestias físicas. Durante las primeros partidos no ofreció la versión más desequilibrante que acostumbra, pero encontró otra manera de resultar decisivo. Menos protagonismo individual pero más compromiso colectivo. Ese cambio de registro no significa que haya perdido su esencia. Los números le presentan como uno de los grandes desequilibradores del campeonato. Solo Lionel Messi ha completado más regates (25) que el barcelonista (22). En la expedición española nadie duda de que todavía falta la mejor versión del extremo. Además, se resalta la tesis de la progresión, de que cada día va a más. Bajo este criterio, debe 'romperla' en el último partido Luis de la Fuente lo expresó con absoluta convicción tras eliminar a Francia: «Estoy convencido de que Lamine Yamal aún tiene un gran partido por delante en este Mundial. Solo le queda un partido. Solo necesita jugar con libertad, sin presión, para poder ofrecer su mejor versión. Estoy seguro de que lo hará». La final tiene un valor simbólico para él. España y Argentina discuten el título en un duelo que enfrenta dos generaciones. Lionel Messi, que disputa su sexto Mundial, contra Lamine Yamal, que juega el primero como absoluto. El futbolista que marcó una época frente al que aspira a protagonizar la siguiente. El rey del fútbol a punto de abdicar contra el joven que quiere su trono. Se ha mostrado hasta la saciedad la fotografía que les hicieron en 2007 durante una sesión benéfica del Barcelona para un calendario solidario de UNICEF. Messi sostiene en brazos a un bebé llamado Lamine, inscrito por su familia para un sorteo para ser retratado con un jugador azulgrana. ¿Quién le hubiera dicho al argentino que 19 años después se iban a ver las caras en la final de un Mundial? Messi fue preguntado por ese reencuentro en un acto de la FIFA por el mítico quaterback de la NFL Tom Brady. Messi lleva tres años en Miami, pero le tuvieron que traducir. «Es una locura. Me tomé la foto cuando él era bebé y ahora nos enfrentamos en una final de Copa del Mundo. El bien suyo es también el del Barcelona. Lamine es un grandísimo jugador al que sigo muchísimo porque juega en un club que amo y deseo lo mejor. Ya es uno de los referentes mundiales con 19 años». Mucho antes de que el torneo comenzara, el propio Lamine había imaginado exactamente este escenario. «Mi final ideal sería un España-Argentina. Y le pediría a Messi intercambiar las camisetas». El deseo es una realidad en New Jersey. Es la hora de Lamine. El título mundial y ser el rey del fútbol le esperan.