Ser o no ser

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Argentina es el país del millón de psicoanalistas y una sola religión: el fútbol. La selección albiceleste es más que una pasión, es una devoción. Por eso, hoy los argentinos libran contra España mucho más que un partido. Como Hamlet frente a la calavera, lo que se decide es su ser o no ser. España es superior táctica y técnicamente. Su trayectoria acredita que es el conjunto con mayores méritos para ganar el título. Argentina, salvo los minutos finales contra Egipto y la última media hora contra Inglaterra, ha hecho un Mundial mediocre. Pero las fuerzas se equilibran si ponemos en la balanza el carácter de nuestros adversarios, su coraje ante la adversidad y la capacidad de sobreponerse cuando todo parece perdido. En suma, la albiceleste será un enemigo temible. A nadie se le escapa que Argentina tiene armas para desestabilizar a la Roja y no quiero ser más explícito porque todos los aficionados saben a lo que me refiero. Lo que tiene que hacer España es jugar al fútbol sin caer en provocaciones. El partido tiene un carácter de revancha, ya que Argentina ganó a España la única vez que los dos se han enfrentado en un Mundial. Fue en Inglaterra 1966 y nuestros rivales fueron superiores. Dos goles de Artime hundieron a la selección de Villalonga. Pirri debutó y marcó en aquel encuentro. Todavía recuerdo la frustración por aquella derrota, inesperada tras ganar la Eurocopa dos años antes. España juega hoy un partido muy importante, pero es sólo un partido. Argentina, el país de los tangos, de las llanuras infinitas, del peronismo, del bife de chorizo y de la hierba mate, se juega el alma. La derrota para nosotros será una amarga decepción, pero para los argentinos será una humillación en unos momentos en los que el país, destrozado económicamente y con elevados niveles de miseria, necesita agarrarse al orgullo de una victoria. Admiro el fútbol de Argentina, me rindo ante Maradona y Messi y amo por encima de todo a Borges y Cortázar. Pero quiero que pierdan. Aunque sólo sea para no aguantar el espectáculo de un Milei tronante y eufórico. Que la suerte y el talento nos acompañen esta vez.