La inteligencia artificial no puede sentir ansiedad, pero un experimento con GPT-4 demuestra que los relatos traumáticos alteran sus respuestas de una forma que empieza a preocupar a los científicos

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Tras leer historias de guerras, accidentes y catástrofes, el modelo duplicó su puntuación en una escala clínica de ansiedad. No estaba sufriendo, pero comenzó a responder como si algo dentro de la conversación hubiera cambiado.