Elena Benito, psicóloga: «Convivir bajo el mismo techo con tu ex obstaculiza el duelo; la tristeza, el enfado y la frustración se quedan atascadas»

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Poner fin a una relación sentimental es uno de los tragos más amargos por los que puede pasar una persona. Tradicionalmente, el manual de supervivencia ante un divorcio o una separación dictaba una norma sagrada: poner tierra de por medio . Sin embargo, la realidad actual, marcada por un mercado de la vivienda asfixante y dificultades económicas compartidas, está obligando a muchas parejas rotas a romper las reglas y seguir compartiendo la misma casa a pesar de haber terminado. En una entrevista concedida a ABC y realizada por nuestra compañera Inma Ruiz Muñoz, la psicóloga Elena Benito desgrana el peaje psicológico de esta situación tan compleja. Según advierte la experta, el proceso de asimilar que la historia de amor ha terminado se vuelve muy cuesta arriba cuando tienes que cruzarte con esa persona en el pasillo o compartir la cocina todas las mañanas. Las emociones naturales de una ruptura no fluyen y terminan cronificándose. El final de una pareja implica iniciar un proceso de duelo. No es más que un camino de adaptación para aprender a vivir una realidad completamente nueva e independiente. En circunstancias normales, la distancia física es la mejor aliada porque amortigua el golpe diario, da espacio para asimilar la pérdida y permite reconstruir la rutina desde cero. Cuando no existe la posibilidad de separarse físicamente, el cerebro entra en una especie de cortocircuito emocional. La relación sentimental ha terminado en las palabras, pero en la práctica cotidiana todo sigue igual. Esta contradicción genera mucha confusión y provoca que el proceso se detenga, ya que «convivir bajo el mismo techo con tu ex obstaculiza el duelo ; la tristeza, el enfado y la frustración se quedan atascadas» en el ambiente doméstico. Al no haber un espacio propio donde empezar de nuevo, la aceptación de la ruptura se retrasa y la sensación de estar atrapado en un bucle permanente se apodera de la casa. La experta añade que bajo estas circunstancias «puede haber cierta confusión o ambivalencia: 'Seguimos emocionalmente... la relación ha terminado, pero en lo práctico al final seguimos conviviendo juntos'». Llevar muchos años conviviendo con alguien crea automatismos muy difíciles de romper de la noche a la mañana. Gestos cotidianos como poner la lavadora del otro, prepararle la cena por inercia o preguntarle qué tal le ha ido el día surgen de manera casi inconsciente. La psicóloga señala que es completamente normal que estas dinámicas aparezcan, pero advierte que es crucial pararse a pensar qué hay detrás de cada acción . Cada miembro de la expareja debe hacer un examen de conciencia sincero. No es lo mismo mantener estas atenciones mutuas por el simple hecho de asegurar una convivencia pacífica y civilizada durante la transición, que utilizarlas en secreto con la esperanza de provocar una reconciliación que quizás la otra parte ya ha descartado por completo: «Animaría un poquito a preguntar qué hay debajo», sugiere la psicóloga para evitar malentendidos. Para que la salud mental de ambos no sufra daños mayores, poner límites a tiempo no es un acto de egoísmo ni de mala educación, sino un «escudo» para evitar interpretaciones erróneas y conversaciones dolorosas que abran heridas constantemente. «A veces pensamos que un límite es como alejarnos del otro, o ser borde, y realmente un límite nos protege ; protege, en este caso, el espacio de cada uno», aclara Benito. Mantener la cordura en un entorno así exige un esfuerzo monumental de organización y respeto mutuo . No se trata de ignorarse como si fueseis extraños, sino de aprender a ser unos compañeros de piso eficientes. Elena Benito propone varias pautas básicas para lograr mantener la intimidad en el día a día y proteger el bienestar de todos: Hay que recordar siempre que esta situación de piso compartido no es una condena de por vida, sino una etapa transitoria. Tener paciencia, mantener una comunicación clara y asertiva sobre los asuntos prácticos de la casa y fijar un rumbo propio ayuda a ver la luz al final del túnel mientras se construye el camino hacia la independencia.