Elena Benito, psicóloga experta en relaciones: «Hay que analizar si incluir a la familia política en los planes de verano es para evitar pasar más tiempo en pareja»

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El verano se asocia siempre con el descanso, los viajes y la desconexión. Sin embargo, para muchas parejas, la llegada del buen tiempo y el cambio de rutinas se convierte en una auténtica prueba de fuego. No es que los problemas surjan de la nada durante las vacaciones, sino que el exceso de tiempo libre y la falta de los horarios habituales hacen que salgan a la luz los conflictos que ya se venían arrastrando a lo largo del año. En una entrevista concedida a ABC y realizada por nuestra compañera Inma Ruiz Muñoz, la psicóloga Elena Benito, especialista en relaciones y salud mental, ha analizado a fondo cómo afectan las dinámicas estivales a la estabilidad del matrimonio. Una de sus reflexiones más llamativas gira en torno a un hábito muy común: meter a los suegros o a los cuñados en las vacaciones o en el viaje familiar. Detrás de esta decisión, que a simple vista puede parecer inocente o colaborativa, a veces se esconde un mecanismo de defensa para no enfrentarse a la realidad de la propia relación: «Ver un poquito qué hay ahí, porque al final lo que tienen que escuchar es sus necesidades», apunta la experta sobre este tipo de situaciones. Cuando las cosas no marchan bien en casa, pasar veinticuatro horas al día a solas con la pareja puede generar mucha tensión. Por eso, de forma consciente o inconsciente, muchas personas buscan aliados para las vacaciones. Elena Benito propone hacer un ejercicio de honestidad antes de cerrar las maletas y «ver qué motivación hay detrás de que estos suegros o esta familia política se añada a sus planes», de forma que se pueda «analizar si incluir a la familia política en los planes de verano es para evitar pasar más tiempo en pareja ». Hay ocasiones en las que incluir a los suegros es una necesidad totalmente lógica, sobre todo cuando hay niños pequeños y se busca un apoyo para poder descansar. En otros momentos, simplemente apetece compartir tiempo de calidad con los seres queridos. El problema aparece cuando esa compañía se utiliza como un escudo para evitar la intimidad o para no tener que mantener conversaciones incómodas a solas. Llenar la casa de playa o el hotel con familiares políticos reduce al mínimo el espacio para la pareja, lo que funciona como un parche temporal pero no soluciona el distanciamiento de fondo. Para evitar que las vacaciones terminen en una crisis total, la experta insiste en que cualquier decisión sobre el verano debe ser conjunta . Sentarse a hablar con antelación, concretar cómo se va a organizar el viaje y acordar previamente qué momentos se van a reservar en exclusiva para la pareja ayuda a reducir la improvisación, que es el terreno favorito donde nacen los reproches y las discusiones. Aprovechando el contexto del verano, la psicóloga también abordó cómo ha cambiado la forma de conocer gente y relacionarse hoy en día. Ante la duda de si las aplicaciones de citas han sustituido por completo a la tradicional mirada cómplice en el chiringuito, Elena Benito matiza que depende mucho del contexto y de la edad de las personas. Es evidente que las generaciones más jóvenes han crecido en un entorno totalmente tecnológico, lo que cambia las reglas del juego. Las plataformas digitales tienen un impacto enorme porque facilitan el contacto y permiten presentarse ante los demás superando barreras como la timidez, algo que en persona costaría muchísimo más. Sin embargo, la experta advierte que a la sociedad actual le cuesta cada vez más construir vínculos seguros y sinceros donde predomine la inteligencia emocional y no el simple interés o la conveniencia. Además, el verano invita a una mayor socialización general y a salir de la rutina, lo que a veces genera distancias físicas o temporales en la pareja (por ejemplo, si uno viaja a ver a su familia y el otro se queda trabajando). Aunque esto no incita directamente a la infidelidad, sí que abre espacios para que las personas se valoren más allá de su relación y conozcan a gente nueva, lo que puede desestabilizar un matrimonio que ya venía tocado de antes: «No digo que incite a la infidelidad, pero sí que puede haber más espacio para que yo me pueda valorar más allá de la relación y en otra serie de aspectos», matiza la psicóloga. El verano también es una época delicada para quienes están pasando por el final de una relación. Si afrontar una ruptura ya es doloroso en cualquier mes del año, el ambiente festivo de los meses de sol lo hace todavía más cuesta arriba . Durante las vacaciones el entorno habitual cambia. Los amigos suelen estar viajando o desconectados, lo que reduce la red de apoyo inmediato. A esto se le suma el impacto del escaparate digital. Las redes sociales se llenan de fotografías idílicas, viajes espectaculares y parejas felices disfrutando de la playa. Para alguien que está en pleno proceso de duelo amoroso, este bombardeo fomenta la comparación constante y acentúa la sensación de soledad. En estos casos, los profesionales recomiendan aprender a desconectar de las pantallas y centrarse en actividades reales que ayuden a transitar el proceso sin intentar tapar el dolor. El duelo es un camino necesario para adaptarse a una nueva realidad y pedir ayuda al entorno o a un profesional es fundamental para no estancarse.