España venció este martes por 2-0 a Francia y, por segunda vez en su historia, disputará la final de una Copa del Mundo. Dieciséis años después de conquistar el título en Sudáfrica, la selección española volverá a pelear por la estrella este domingo. Una de las principales virtudes del equipo de Luis de la Fuente es precisamente que funciona como un bloque sólido en el que ninguna individualidad se impone al conjunto. Esto incluye, por supuesto, a los futbolistas del banquillo, que en más de una ocasión han demostrado ser tan importantes como los titulares. El caso de Borja Iglesias es especialmente llamativo. El delantero del Celta apenas ha disputado poco más de un minuto durante todo el Mundial, en el tramo final de la victoria contra Portugal en octavos. Sin embargo, si la final del domingo se complica y España necesita más presencia física dentro del área, De la Fuente podría recurrir a los servicios de «El Panda», un delantero de 1,87 metros capaz de fijar a los centrales y ofrecer una alternativa diferente en ataque. Pero más allá de su papel en la selección, Borja Iglesias siempre ha destacado por alejarse del estereotipo tradicional del futbolista. Aficionado a la fotografía, la música, la moda o los videojuegos, tampoco ha dudado en hablar públicamente sobre la salud mental o posicionarse contra la homofobia y el racismo. ¿Qué sabemos sobre el? Borja Iglesias Quintás nació el 17 de enero de 1993 en Santiago de Compostela. Comenzó a jugar al fútbol casi por casualidad, después de apuntarse a una actividad extraescolar en el colegio, y dio sus primeros pasos en las categorías inferiores del Compostela. Su vida cambió cuando, con solo 14 años, fue reclutado por el Valencia y tuvo que abandonar Galicia para instalarse en la residencia del club. Al principio aceptó la propuesta sin pensarlo demasiado, pero la distancia no tardó en pesarle. Después de regresar a Santiago durante sus primeras vacaciones de Navidad, confesó a su familia que no quería volver a Valencia. Con el tiempo comprendió la magnitud de la decisión que habían tomado sus padres: «Hicieron un gran esfuerzo poniéndome la maleta en la mano con 14 años para que cumpliera mi sueño», recordó en el pódcast La Capitana. Otra figura fundamental durante su infancia fue su abuelo Argemiro, que lo llevaba y recogía de los entrenamientos. Cuando murió, Borja tenía once años y prometió a su madre y a su abuela que le dedicaría su primer gol como futbolista profesional. Años después cumplió aquella promesa al marcar su primer tanto en Primera División contra el Valencia. Al regresar a su casa de Barcelona, celebró el momento llorando junto a su madre. Su llegada a la élite tampoco fue inmediata. Pasó por las canteras del Valencia, el Roda y el Villarreal antes de incorporarse al Celta, donde tuvo que esperar varias temporadas en el filial. Su explosión llegó relativamente tarde: marcó 32 goles durante la campaña 2016-2017 y después encadenó etapas en el Zaragoza, el Espanyol y el Betis, con el que conquistó la Copa del Rey. También formó parte del Bayer Leverkusen que ganó la Bundesliga y la Copa alemana en 2024 antes de regresar definitivamente a Galicia. Una de las aficiones más desconocidas de Borja Iglesias es la fotografía. Su interés comenzó durante la infancia, cuando sus padres le compraban cámaras desechables para las excursiones del colegio. Mientras sus compañeros hacían «locuras», él disfrutaba retratándolos y tratando de capturar momentos espontáneos. Con los años, aquella curiosidad se convirtió en una verdadera pasión. El delantero ha realizado cursos de fotografía analógica y digital, suele llevar consigo una Canon Prima 5 y también adquirió una Leica M6. Lo que más le atrae del carrete es tener que esperar al revelado para descubrir si ha conseguido la imagen que tenía en la cabeza. La historia de su cuenta fotográfica también nació de una casualidad. Borja se encontraba en un barco por el Sena cuando observó que comenzaba a salir humo de la catedral de Notre Dame. Sacó la cámara y fotografió el incendio mientras la embarcación se acercaba al monumento. Aquellas imágenes lo animaron a crear un perfil en el que posteriormente comenzó a compartir fotografías de sus viajes, amigos y vida cotidiana. Pero la fotografía no es su única ocupación fuera del campo. Durante su estancia en Alemania hizo un curso de barista y convirtió la preparación del café en una de sus aficiones. También aprende a pinchar música como DJ, tiene una zona dedicada a los videojuegos en su casa y siente una especial predilección por el hiphop y artistas como Kase.O, a quien conoció durante su etapa en el Zaragoza. Aunque muchos aficionados creen que el apodo procede de sus características ojeras, su verdadero origen se encuentra en una canción. Durante la temporada 2016-2017, el vestuario del Celta B escuchaba habitualmente Panda, del rapero estadounidense Desiigner. El equipo empezó a llamarse internamente el «Panda Team» y el sobrenombre terminó quedándose en su delantero más reconocible. Lejos de incomodarle, Borja Iglesias abrazó completamente el apodo. Se tatuó un oso panda en el tobillo y comenzó a celebrar algunos goles imitando el movimiento de uno de los personajes del videojuego Gang Beasts. Con el paso del tiempo, el sobrenombre ha terminado formando parte de su identidad. La pareja actual de Borja Iglesias es María Valero, una creadora de contenido valenciana nacida en 1995 que ha desarrollado su carrera principalmente en el humor. Estudió Comunicación Audiovisual, Interpretación y Locución Publicitaria, y también ha trabajado como actriz, presentadora y autora. Ambos comenzaron su relación a finales de 2022, aunque no la hicieron pública hasta el verano siguiente. Su historia comenzó precisamente después de una de las mayores decepciones deportivas del delantero. Tras quedarse fuera del Mundial de Qatar, Iglesias viajó a Madrid para desconectar y conoció a María en una fiesta a través de un amigo común. La relación tuvo que superar primero la distancia entre Madrid y Sevilla y, posteriormente, la marcha del futbolista al Bayer Leverkusen. Otra de sus señas de identidad son las uñas pintadas. Lo hizo por primera vez de negro en 2020, durante las protestas del movimiento Black Lives Matter, como gesto de apoyo a la lucha contra el racismo. Posteriormente siguió haciéndolo como una forma de expresión personal y de reivindicación contra la homofobia en el fútbol. El gesto le ha valido numerosos ataques e insultos homófobos, pero Iglesias se ha negado a cambiar su manera de comportarse. En enero de 2026, después de que volviera a recibir insultos durante un partido, varias peñas del Celta organizaron una iniciativa para acudir a Balaídos con las uñas pintadas. El propio club y algunos de sus compañeros se sumaron a la campaña. El delantero también ha hablado abiertamente sobre la importancia de cuidar la salud mental. Desde su etapa en el Zaragoza trabaja con profesionales de la psicología deportiva y defiende que expresar la tristeza o la vulnerabilidad no debe entenderse como una debilidad.