Doscientos años después del primer trayecto del tren de mercancías y viajeros entre Stockton y Darlington (27 de septiembre de 1825), su eco sigue resonando cuando los ciudadanos viajamos o transportamos mercancías, a pesar de la aparición del automóvil y el camión.El ferrocarril revolucionó la economía y la forma de viajar. Hoy sigue más vigente que nunca ya que es el único medio para el transporte masivo de mercancías y viajeros que puede luchar de forma eficaz contra la actual crisis climática. Recordemos algunos hitos de su historia:—En 1837 se construyó la línea La Habana a Güines, nuestro primer tramo de ferrocarril si tenemos en cuenta que Cuba pertenecía a la corona española.—En 1848 se unió Barcelona y Mataró.—En 1854/56 Jerez, El Puerto de Santa María y el muelle del Trocadero en Puerto Real para favorecer la exportación de vinos.—Unos años después se comunicaron algunas provincias andaluzas: Córdoba y Sevilla (1859), Sevilla y Cádiz (2861), Córdoba y Málaga (1865).—La entrada desde Madrid se realizó en 1866 con el tramo Manzanares Linares/Baeza Córdoba. Ese año también se inauguró el tramo de Loja a Granada.En cualquier caso, hay que destacar que hacia 1900 el mapa ferroviario andaluz estaba casi completo con los trazados Marchena y Córdoba, Huelva y Zafra, Puente Genil y Linares, Córdoba y Almorchón, La Roda y Utrera, Guadix y Almendricos, y Bobadilla con Granada y Algeciras. El tren era para mercancías, entre ellas los minerales, y para viajeros. Desde que nació cumplió ese doble objetivo: mercancías y viajeros.El ferrocarril supuso una revolución industrial. Transformó las poblaciones donde llegó su trazado, facilitó el transporte de mercancías y sustituyó las diligencias y lascaballerías por los más cómodos vagones del tren. Además, impulsó la construcción no solo de las locomotoras y vagones sino también de otros elementos necesarios para la instalación de las vías como puentes y túneles. Estos cambios históricos, siempre al servicio de los poderes económicos, trajeron nuevas y más cómodas formas de desplazamiento aunque la mayor parte de la población no pudiera costearse los billetes.En esta situación, todos los pueblos y ciudades querían tener su estación y que los trenes las atravesasen ya que su llegada daba trabajo a un buen número de obreros y facilitaba el desarrollo económico e impulsaba el avance industrial y minero.Hay que repetir que en 1900 Andalucía ya tenía una buena conexión entre todas sus provincias, además de con Madrid, Extremadura y Murcia. Pero esta situación se fuedeteriorando con el desarrollo de la industria automovilística y la proliferación de las carreteras y autopistas. Como el objetivo era que todas las familias compraran y tuvieran un automóvil propio, el tren comenzó a mirarse de otra forma. Se consiguió que los camiones se hicieran cargo de las mercancías y los viajeros se desplazaran en coche particular y en autobus.El tren sobraba y solo era utilizado por quienes con pocos ingresos no podían adquirir un vehículo o por aquellos que debían coger un cercanías. El tren fue perdiendo importancia y solo hacían falta los muy veloces o los que acercaban viajeros a los pueblos cercanos a las grandes ciudades. Una fecha clave de este deterioro fue el 1 de enero de 1985 cuando el gobierno de Felipe González cerró cerca de 2000 km de vías (914 supresión total y 894 de cierre para viajeros). Se cumplía así el fatídico acuerdo del consejo de ministros del 30 de septiembre de 1984.El cierre de vías, el levantamiento de raíles y la ruina de muchas infraestructuras coincidió con la apuesta por trenes novísimos y en alta velocidad solo para viajeros para unir exclusivamente las grandes ciudades. Una política de nuevos ricos que despreciaba la infraestructura acumulada a lo largo de cien años. Nadie vio que eso no ocurría en Europa donde viajeros y mercancías podían ir también a los pueblos y pequeñas ciudades. Tanto los Gobiernos del PSOE como los del PP practicaron políticas contra el ferrocarril tradicional.Durante décadas solo se invertía en el A VE y se abandonó el ferrocarril tradicional. Entramos en la Unión Europea pero no se practicó su política ferroviaria. Nuestros políticos se jactaban de que España era el segundo país del mundo con más kilómetros de alta velocidad. Se consideraban muy entendidos mientras el tren desaparecía de muchas zonas rurales y pequeñas capitales de provincias perdían servicios. La eliminación de determinados trayectos y la despoblación del campo corrieron de la mano.Es posible que aquellos ciudadanos que nunca han usado el tren, puedan pensar que el tren es un medio de transporte romántico ligado al pasado. Nada más lejos de la realidad. El tren, hay que repetirlo, es el único medio de transporte masivo que nos puede ayudar a luchar contra la actual crisis climática. En este contexto, la Unión Europea ha establecido en 2011 una red básica europea (TEN-T). Dos de estas redes ferroviarias atraviesan la Península Ibérica: el Corredor Mediterráneo y el Atlántico. Ambos discurren por Andalucía.Los dos comienzan en Algeciras, el Atlántico termina en Francia (Paris y Le Havre) y Alemania (Mannhenn), el Mediterráneo termina en Záhony en la frontera entre Hungría y Ucrania y atraviesa Andalucía, todo el levante de España, Francia, norte de Italia, Eslovenia, Croacia y Hungría. De nuevo, se presenta la oportunidad, de que el tren sea el futuro del transporte para mercancías y viajeros.Próximos artículos:2- El ferrocarril frente al resto de medios de transporte.3- Finalmente, el necesario Pacto Andaluz por el Ferrocarril.